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MARTES 24- 2- 87- CULTURA -ABCí pági 49 Las cartas de Hemingway desnudan al autor tierno y cínico, a quien perdió la vanidad Se publica en Francia una reveladora selección de su epistolario París. Juan Pedro Quiñonero La versión francesa de la edición limitada de la correspondencia de Ernest Hemingway, que acaba de aparecer editada por Gallimard, vuelve a plantear, con precisión, la existencia de otro Hemingway que se revela extraordinariamente distinto; mucho más ambiguo, al tiempo brutal y angustiado, embustero, vanidoso, una suerte de antihéroe del personaje apolíneo que el autor de El viejo y el mar intentó crear de sí mismo. Carlos Baker, biógrafo de Hemente ligadas al descubrimiento del amor con Agnes Hannah von mingway, ha extraído seiscientas Kurowsky en Milán. La mitológicartas de las seis mil conocidas ca Lady Brett Ashley de Fiesta de un epistolario que, previsiblees mucho más comprensible mente, todavía puede aportar reiluminada por el personaje verívelaciones significativas. Descodico Lady Duff Twysden. La nocido del gran público el resto ambigüedad erótica de varios de de ese epistolario, la selección los escritos postumos de Hede Baker es impecable: allí están mingway es mucho más perceptodas las cartas destinadas a tible a la luz de las relaciones personajes imprescindibles: Joyentre el novelista y Jane Kendall ce, Ezra Pound, Scott- Fitzgerald, Masón (la amiga íntima de la seGertrude Stenin, Gary Cooper, gunda esposa de Hemingway, Marlene Dietrich... Pauline Pfeiffer) Martha BellAllí están, igualmente, buena hom, Mary Wels Gordon llegarán parte de las cartas dirigidas a las ai final de un dédalo de incertiesposas y amantes de Hemingdumbres, y estarán finalmente way, testimonios humanos imeclipsadas por Adriana Yvanportantes sobre Agnes Hannah chich, el modelo de la joven von Kurowsky, Hadley Richards, aristócrata veneciana de Al otro Lady Duff Twysden, Pauline lado del río, bajo los árboles... Pfeiffer, Martha Bellhom, Mary La severidad cínica con que Wels Gordon, Adriana YvanHemingway juzga al prójimo conchich. Las historias y amoríos trasta con la ausencia más radicon tales personajes pertenececal de la más imprescindible hurían a la mera y estricta intimimildad. Cuando Hemingway juz- dad, si Hemingway no hubiera ga a otros escritores puede utilizado tales aventuras como oscilar entre la compasión, la carnaza literaria en estado bruto. mezquindad, la ignorancia o el Adiós a las armas o Las nierespeto. Por el contrario, con ves del Kilimanjaro están íntimarespecto a sí mismo es incapaz de comprender y analizar: la autocompasíón es el sentimiento menos positivo que el escritor es capaz de sentir hacia sí mismo, cuando no se abandona a la reverie mística. En el t e r r e n o e r ó t i c o sentimental, el egoísmo más puro y radical puede convertirse en una tragedia lírica cuando el autor es la víctima, para transformarse en una trivialidad cuando las víctimas son esposas o amantes abandonadas. En esos momentos, literariamente, Hemingway convierte la melancolía del abandonado en una tragedia filosófica y existencial: la soledad propia es una soledad universal, absoluta y total. Por el contrario, sus víctimas no acaban nunca de tener la grandeza del héroe: el escritor dinamita, con precisión, cualquier esperanza ajena. Los rivales masculinos son todos unos pobres diablos, solitarios con tendencias homosexuales, o compañeros de viaje cuya intrascendencia permite valorar, en sus exactas proporciones, la magnitud y esplendor del héroe arquetípico, que, con excesiva frecuencia, Hemingway es proclive a confundir consigo mismo. Qué duda cabe: este tipo de miserias humanizan el personaje le devuelven una dimensión más próxima menos Ernest Hemingway apolínea Sin embargo, tal distanciación entre la realidad y el deseo, entre la realidad y el retrato no deja de hablar de la condición moral de un intelectual y, en definitiva, de su propia envergadura espiritual. De ahí que la correspondencia conocida de Hemingway no contribuya, precisamente, a restaurar la imagen deteriorada de un autor célebre. Bien al contrario: las cartas revelan y confirman un autor tierno y sentimental cínico y enamoradizo, cuya vanidad lo pierde y destruye. En verdad, hoy sabemos que la prosa de Hemingway sólo nos inquieta e ilumina cuando nos habla de una derrota y una batalla perdida: la del autor insomne intentando reconstruir, en vano, la historia de una ciudad, Milán, París, donde una vez creyó descubrir el amor o la felicidad, y hoy encarna la geografía mítica donde un hombre solo es víctima del recuerdo de todo cuanto amó. Intenta comprender, pequeño, no eres un personaje de tragedia F. Scott Fitzgerald Key West, 28 de mayo de 1934 Querido Scott: Yo lo he amado, y yo no lo he amado. Suave es la noche comenzaba por esta maravillosa descripción de Sara y de Gerald y tú te has puesto a juguetear con ellos, haciéndolos venir de sitios de donde no venían, cambiándolos por otras personas, y eso no se puede hacer Scott La invención es la más bella de las cosas, pero no se puede inventar aquello que no existe realmente. Es lo que estamos obligados a hacer- i n ventar todo- pero inventarlo tan escrupulosamente que más tarde todo ocurra como debe ser Nadie puede escribir un libro que sea siquiera la mitad de apasionante que uno tuyo. Pero en éste te has falseado demasiado. Y no tenías ninguna necesidad. En primer lugar, yo siempre he creido que eras incapaz de pensar. De acuerdo, admitamos que eres capaz de pensar, pero digamos que no eres capaz. Entonces tendrías que escribir, inventar a partir de lo que conoces y no modificar los antecedentes de las personas. En segundo lugar, hace tiempo que has acabado de escuchar otra cosa que las respuestas a tus propias preguntas. En tu libro había buen material del que no tenías necesidad. Eso es lo que agota a un escritor (nosotros nos agotamos todos, y esto no es un insulto para tí) pasa por no escuchar. De ahí proviene todo. Ver, escuchar. Tú ves bastante bien, pero no escuchas Somos como malditos acróbatas y sólo conseguimos algunos rudimentarios saltos bellos, pequeño, pero hay otros acróbatas que nunca conseguirán un solo salto. Buen Dios, escribe y no te preocupes de lo que dirán los amigos y de saber si lo que haces será una obra maestra o no. Yo escribo una sola página de obra maestra por cada noventa y una de mierda, e intento meter la mierda en la papelera. Tú tienes la sensación que hay que publicar mierda para ganar dinero, para vivir. De acuerdo, pero si escribes suficientemente y todo lo bien que puedes, tendrás la misma cantidad de obras maestras Buen Dios, es maravilloso poder decir a otro cómo escribir, vivir, morir, etcétera. Me gustaría verte para hablar de todo esto contigo si estuvieses sobrio. Estabas tan endiabladamente ebrio en Nueva York, que no llegamos a nada. Intenta comprender, pequeño, no eres un personaje de tragedia. Yo tampoco. Todo lo que somos es escritores y lo que tenemos que hacer es escribir. Todo lo que necesitas es disciplina en tu tarea, y en lugar de esto te casas con alguien que tiene precisamente celos de tu trabajo y que quiere rivalizar contigo y te destruye. Pensaba que Zelda estaba loca (a primera vez que la vi y tú has complicado las cosas enamorándote de ella. Eres un ingenuo, pero no más que Joyce y la mayor, parte de los buenos escritores. Pero Scottt, los buenos escritores salen siempre adelante. Siempre. Tú eres ahora el doble de bueno que en la época en que pensabas que eras tan extraordinario. Y ya sabes que yo nunca pensé bien de Gatsby en aquel tiempo. Ahora puedes escribir el doble de bien que jamás hayas podido hacerlo. Todo lo que tienes que hacer es escribir sin preocuparte de lo que dará de sí Tu amigo de siempre Ernest.