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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 24 DE FEBRERO 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A palabra apartheid produce un profundo rechazo, prácticamente universal. Nuestro Rey lo condenó en su reciente viaje a Zimbabwe, en la frontera con Suráfrica, la patria del apartheid El apartheid es odioso porque ha institucionalizado y realzado una tendencia desgraciadamente humana, bien humana, a la incompatibilidad entre grupos sociales, por razones étnicas, religiosas, culturales, económicas, etcétera. Estas clases de inconvivencia son, a lo largo de la Historia, muy frecuentes y muy terribles. Algunos ejemplos, por razones religiosas: los judíos y los cristianos, los cristianos y los musulmanes, los musulmanes y los judíos. Por el color, no sólo los b ancos y los negros- que es la más radical- sino, aunque en menor grado, entre las otras coloraciones y pigmentaciones. Y aún se puede extender al alejamiento entre pobres y ricos, entre nobles y plebeyos, entre payos y gitanos, y así sucesivamente. El apartheid no es la expulsión o la segregación, sino la dominación y la separación en dos clases que siguen conviviendo en una relación de desigualdad, rigurosamente legalizada. El rechazo hace no solamente difícil la convivencia, sino que alcanza a hacerla imposible. En España llegó a provocar la expulsión de los judíos y la de los moriscos; y fenómenos parecidos se han producido en toda la Tierra, en toda la Historia. En Norteamérica, el problema de los negros está patente. Harlem es un enclave negro en el corazón de Nueva York, y aunque los blancos y los negros conviven libremente en la calle, viven separados, no solamente en las moradas, en el habitat respectivo, sino en las diversas clases de lugares públicos, donde prácticamente no se mezclan. Un distrito ciudadano, cuando empiezan a aposentarse en él negros, se degrada económicamente por la huida de los blancos. Pero en Norteamérica no hay constitucional ni legalmente ni la sombra del apartheid sino, antes al contrario, es una situación sociológica que los Gobiernos americanos tratan más y más de suavizar. El presidente Kennedy se destacó en la defensa de los derechos humanos. Los negros votan como los blancos y, aunque en un pequeño porcentaje, alcanzan puestos relevantes. El problema africano es sumamente complejo. Hay una gran mayoría de negros, difícil de cifrar exactamente, y una minoría de blancos que no alcanzan los cinco millones. Hay también los colqured ni blancos ni negros, como los indios, los malasios y los mestizos, y otros grupos diversos. Los negros tienen cada tribu o denominación- más de siete- su etnia y su nacionalidad. Hablar de los negros como si la negritud les concediese una homogeneidad absoluta es pura ABC EL APARTHEID ignorancia; sería como hablar de los blancos sin distinguir entre las diferentes nacionalidades europeas, norteamericana y canadiense. Todos son blancos, pero no homogéneos. Y entre los iberoamericanos hay blancos y mestizos. El apartheid tiene un fondo religioso, calvinista, que hoy está prácticamente abandonado por sus defensores. La Iglesia católica, que es minoritaria, tiene un gran ascendiente en la población negra, así como la Iglesia anglicana, representada en estos momentos por el arzobispo Tutu. Estos son los términos muy esquemáticos en los que se plantea el problema surafricano, al que se añade, colateralmente, el de Namibia, bajo administración- desatendiendo a las Naciones Unidas- surafricana. Suráfrica está rodeada de países enemigos: Angola, asistida de un fuerte contingente cubano; Mozambique, con un Gobierno marxistaleninista; Zimbabwe, con un remanente de la antigua colonia inglesa y un Gobierno negro antisurafricano. Suráfrica es un país de pobres y ricos, con un alto desarrollo técnico. Su riqueza mineral- además del oro y los diamantes- es enorme, y de ella forman parte varios de los minerales estratégicos más importantes. Su riqueza agrícola sirve en buena parte para atenuar el hambre de los países vecinos. Por el cabo de Buena Esperanza circula la mayor parte de la exportación del petróleo del Extremo Oriente. Tiene un ejército muy poderoso y el mejor dotado de toda África, incluida Libia, que sostiene la guerrilla en Angola y Mozambique. Suráfrica está aislada, prácticamente sola; desde luego en el continente africano, pero también en el resto del mundo, excepto Israel, Chile, Paraguay y algún otro país. Tiene en contra no solamente al mundo comunista sino también al capitalista. Las sanciones de Europa y los Estados Unidos son, además de hipócritas, más bien leves, pero no dejan de producir su daño en la economía surafricana. REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID L EDICIÓN INTERNACIONAL Las noticias más importantes de la semana recogidas por ABC en su Edición Internacional. Para llegar a ciento sesenta naciones. ¿Qué se puede hacer? Esta pregunta no sólo afecta a Suráfrica sino a medio mundo, incluida España, que en su nueva política exterior africanista no puede desconocer una realidad tan conflictiva y tan decisiva como representa Suráfrica. Hay proyectos diversos, así como hay también, en la extrema derecha surafricana, una tentación de la solución bunker la de Sansón y los filisteos. En esta situación tan difícil y compleja, lo único que aparece claro es que hay que empezar por apartar el apartheid por eliminarlo. ¿Drásticamente? No, pero a corto plazo y real y verdaderamente. Hay veces en las que la gradualidad es lo mejor; hay otras, como en este caso, en que los aplazamientos, los alargamientos engañosos, no sólo no resuelven nada sino que agudizan las tensiones y los peligros. Las medidas de míster Botha, puramente cosméticas son nada. La fuerza del Congreso Nacional Africano, promotora de la violencia, se la da el apartheid Es evidente que la desaparición del apartheid mejoraría radicalmente la imagen exterior de Suráfrica. Es también evidente que causaría, junto con la distensión, un gran trauma al país, porque es fácil cambiar las leyes, pero es muy difícil cambiar las creencias, las mentalidades, las costumbres y los hábitos. Desaparecido el apartheid hay que buscar la solución más justa, y para ello no hay que olvidar ciertas realidades. Suráfrica ha sido, prácticamente, el único país africano que no ha conocido el colonialismo. Los blancos no han ido allí a trabajar para su país de origen, los blancos han ido allí para hacer África igual que los negros aborígenes. Todo lo que han hecho, que ha sido mucho, ha quedado, queda y quedará allí, en tierra surafricana. El conflicto no se centra entre negros africanos y blancos no africanos, sino entre negros y blancos tan africanos los unos como los otros. Hay un peligro real de que la desaparición del apartheid pueda servir para someter Suráfrica a una dependencia exterior. Suráfrica, separada incluso de la Commonwealth, tiene que mantener su independencia, la independencia de que goza ahora; tiene que vivir su democracia, que asegurar la convivencia de blancos y negros, sin caer en un régimen de partido único, como tantos otros países africanos. Esta democracia puede tener sus fases y, aquí sí, su gradualidad. Las Iglesias pueden hacer mucho. Suráfrica es el país más cristiano de África. No se cambia un pueblo hasta que se cambia su alma. La coloración es distinta, como lo son los niveles culturales y otros niveles, pero la Humanidad es una. Antonio GARRIGUES DIAZ- CAÑABATE