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LUNES 23- 2- 87 ESPECTÁCULOS A B C 75 Sin demonio no hay fortuna ópera de Fernández Guerra y Leopoldo Alas Un estreno con visión distinta del mito de Fausto Teatro Olimpia, 22- 11- 87. Sin demonio no hay fortuna Música de Jorge Fernández Guerra. Libro de Leopoldo Alas. Intérpretes: Manuel Cid, Luis Alvarez, Carmen González y Ricardo Muñiz. Orquesta Sinfónica de Madrid. Director: José Luis Temes. Escenografía y dirección escénica: Simón Suárez. Coreografía: Skip Martinsen. La ínter nopodrá utilizar la denominación Radio Vinilo Madrid. M. R. García La Compañía de Radiodifusión Intercontinental detenta ilegalmente la posesión de la denominación Radio Vinilo según la sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia número 9 de Madrid el pasado 12 de febrero. En noviembre del año pasado Roberto Azorín, inventor- de tal denominación para designar una programación radiofónica, presentó una denuncia contra la compañía ínter por considerar que la marca Radio Vinilo inscrita por veinte años en el Registro de la Propiedad Industrial, le atribuye el derecho de tal propiedad. En la sentencia se señala que Roberto Azorín es propietario en pleno dominio de Jas marcas gráfico denominativas Radio Vinilo por lo que tiene derecho al uso de! a referida marca con carácter exclusivo y preferente y que la demandada Compañía de Radiodifusión Intercontinental, S. A. detenta ilegalmente la posesión de la denominación adió Vinilo por lo que se condena a ésta a cesar en la explotación de este vocablo. Mediante la- fórmula Radio Vinilo se pretendía distinguir servicios de un programa radiofónico y servicios de publicidad incluyéndose el logotipo que la identificaba. Roberto Azorín ofreció la idea a los propietarios de la emisora radiofónica en mayo de 1984. A partir de esta fecha se incorporó mediante contrato temporal renovable como radiofonista, si bien mi trabajo dentro de la emisora- declaró a este periódico Azorín contemplaba, de hecho, funciones de director en todo lo referido a la programación de la frecuencia modulada de la ínter Antes de que hubiese concluido el contrato que me unía a la ínter- señala Roberto Azorín- decidí, por cuestiones laborales y financieras, presentar la renuncia de mis servicios y solicitar que se dejase de utilizar el nombre de Radio Vinilo por parte de la compañía de radio. Sin embargo ésta pretendió registrar a su favor las marcas Radio Intercontinental F. M. Vinilo, Radio ínter F. M. Vinilo e ínter F. M. Vinilo como estrategia de fusión de ambas entidades. A pesar de la sentencia favorable a la utilización del vocablo Radio Vinilo, Roberto Azorín no cierra las vías a una hipotética negociación entre él y la compañía, siempre y cuando- declara- se me otorgen plenas competencias para dirigir y gestionar la emisora, tanto en el plano de la programación cómo en el de la publicidad Mientras estuvo vinculado a la ínter, la gestión de la publicidad concedía a Azorín un 20 por 100 de los ingresos. Llegó a ofertar a la Compañía 30 millones brutos al termino de cada ejercicio anual por la utilización de la infraestructura y los estudios que la ínter- posee en la calle de Modesto Lafuente, oferta que fue rechazada por los propietarios de la emisora, Aunque la sentencia no considera suficientemente probado que se hayan producido daños y perjuicios, Azorín considera que se ha visto bloqueado en el ejercicio de su profesión y en la posibilidad de ofrecer el nombre de Radio Vinilo a otras emisoras. El empeño conjunto del Teatro Lírico Nacional de la Zarzuela, el Centro de Difusión de la Música Contemporánea y el Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas, ha conducido al estreno en el teatro Olimpia de una ópera española, hecho que ha de subrayarse con aplauso, por infrecuente y como punto de partida en un propósito enriquecedor de un paisaje bien necesitado de inyecciones de signo estimulador como la que, al margen del mayor o menor acierto alcanzado, ahora se intenta, en el afán de no limitar cuasa de la ópera al ayer que ya es historia. Si se mantiene el proyecto de estreno con cadencia anual se habrá dado un gran paso. Y si cada equis tiempo se consigue ia diana, patrocinio y esfuerzos estarán justificados. Otra cosa, ya más discutible, es la necesidad de imponer a los autores un tema en relación con ef de una de las óperas elegidas en la temporada oficial de la Zarzuela, ya que, pese a la novedad en el tratamiento, se coarta en el origen, no sé si peligrosamente, -la libertad creadora. El compositor Jorge Fernández Guerra, madrileño de 1952, y el libretista, riojano de 1962, Leopoldo Alas han tenido ese condicionamiento: a raíz de las representaciones del Mefistófeles de Boito, el tema de Fausto, de su pacto con el diablo, que es aquí, en definitiva, la víctima del engaño, puesto que mal puede cobrarse un alma cuando el alma no existe. Lo demás también cambia: Fausto ciego por el afán de poder, fama y oro, Margarita, mujer ambiciosa que acaba por enamorarse de él y termina por matarlo... Una librería, una estación de ferrocarril, un casino... Con los tres personajes citados, un croupier A la grandilocuencia y el fárrago de Boito, aquí se le oponen cuadros escuetos; a las proporciones amplias, los desarrollos medidos; a la inspiración que en muchos momentos ilumina Mefistófeles un lenguaje de vuelos bastante más alicortos; a la masa orquestal y el imperio del coro, un grupo instrumental limitado: trece instrumentistas dé la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigidos por José Luis Temes con la pericia, la ilusionada entrega en él proverbiales al servicio de la música de hoy, cubrieron la misión de mayor importancia, la más sostenida y quizá la de mayor calidad, por el empleo de los timbres y la utilización de cada elemento en cometido individualizado. En conjunto, la partitura que no es larga- -una hora y media de música- -lo resulta por plana. La condición no tonal, la falta de algún desarrollado curso melódico, el constante recitado con entonación o diálogo cantado, sin que pueda hablarse de romanzas, dúos, tríos o cuartetos, aunque en momentos suenan una, dos, tres y hasta las cuatro voces en el mismo período, hacen que el todo peque por monótono. Es el eterno problema. La ópera. si se quiere la ópera tradicional, es imperio del canto y necesidad de que éste llegue, penetre en el oyente. Si no ocurre así nos hallamos ante otra cosa, otra forma de teatro. Claro que el genio supone la excepción y que frutos maestros como el Woczzeck nos ganan por su profundísimo latido dramático y por su originalidad. Incluso- para buscar una referencia más próxima- Luis de Pablo consigue en Kiu graduar situaciones y crear un clima que aquí falta, sin que decirlo suponga afirmar que lo escrito por Fernández Guerra y lo entendido del texto de Leopoldo Alas sea malo, ni mucho menos. Lo que puede asegurarse es que el estreno se vio servido y apoyado por los mejores condicionamientos: un cuadro de cantantes más que solvente, con Manuel Cid, tenor de muy buena calidad, seguro intérprete; Carmen González, de voz fresca, extensa y grata, aunque es a la que peor pudo seguírsele el libreto; Luis Alvarez, con voz baritonal de plena dignidad, y Ricardo Muñiz como eficaz partícipe, si bien ligeramente desajustado algún período. Simón Suárez, junto con ellos, en una cuidada escenografía y ambientación de sin demasiado acierto en la sala de juego, con cambios felices a la vista del público y una dirección escénica también a su cargo, en la que utilizó de forma perfecta comparsas y figurantes, acertados, asimismo, en la realización de la coreografía de Skip Martinsen- ¡qué triste la canción bailada! el público del Olimpia se mostró receptivo; generoso y propicio con y para todos. (Nota marginal: si los profesores se visten de smoking y de frac el director, ¿no pudieron los autores comparecer con un atuendo, aunque lejos de la etiqueta, un poquito menos informal, en muestra de respeto, sobre todo, a quienes trabajaron para ellos como en una representación de ópera normal? ¿Resumen? Admítase el símil del juego en el casino. Creo que al INAEM, a las distintas organizadoras, les correspondió un pleno en la ruleta; que los intérpretes, aún sin lograrlos, consiguieron sustanciosos premios en ella; que los autores, lejos de triunfar abiertamente- l a opinión es personal, porque los aplausos para ellos fueron grandes- acertaron negros, rojos, pares e impares suficientes como para quedarse con un cupo que les invite a emprender nuevas aventuras. Porque no todos los días salta la banca ni se estrena el Orfeo de Gluck, Los maestros cantores Otello Manifestaba Fernández Guerra: ¡Cuidado con el cero! Por ventura, su trabajo está muy lejos de merecerlo. Aunque pueda ser peligroso que piensen haber apostado todo a un pleno. Hay matices... Antonio FERNANDEZ- CID