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LUNES 23- 2- 87 POR LA LIBERTAD EN PARAGUAY A B C 53 elecciones y tenemos un presidente emanado de la voluntad popular. Esto no es Chile, mi hijito dicen los voceros oficiales cuando algún espíritu romántico se aventura a tachar de dictatorial al régimen stronista. Durante la década del setenta, cuando el resto del mundo sobrevivía malamente acosado por los precios del petróleo que dictaban los jeques de Oriente Medio, Paraguay conoció un curioso fenómeno de espejismo económico. Aquellos fueron años de bienestar, no ya de milagro como apostillaron algunos apasionados, y el país aprendió a mirar con mejores ojos a la figura de su patriarca- conductor. Ocurrió que en aquella década el Gobierno paraguayo, en compañía de su poderoso vecino brasileño (donde por entonces también se desfilaba al compás de las marchas militares) una de aquellas obras faraónicas que salpicaron espectacularmente la geografía del Cono Sur bajo tos regímenes castrenses. Se trataba de la presa hidroeléctrica de Itaipú, megalómano proyecto de ingeniería civil que iba a convertirse en la mayor de su especie en todo el planeta. Más de veinte mil paraguayos colaboraron en la construcción de semejante pirámide, lo que repercutió de forma evidente en su nivel de ingresos y en su forma de vida. Tan espectacular fue el proceso de su creación, que la ciudad de Puertos Stroessner, que antes de comenzar las obras albergara a algo menos de veinte mil almas, vio multiplicada por cuatro su población, con lo que se convirtió de la noche a la mañana, y en forma absolutamente artificial, en uno de los principales núcleos urbanos de la nación. Pero el espejismo no duró dema- siado. La obra concluyó y tos beneficios no se vieron por parte alguna. Ocurrió que los sabios diplomáticos brasileños habían arreglado unos contratos a su medida, según los cuales se beneficiaban de la práctica totalidad de la energía que producía la presa a unos precios irrisorios. El Paraguay se quedó a verlas venir (aunque, eso sí, insignes pro- hombres de la patria arreglaron durante esos años sus cuentas corrientes en el extranjero) y para colmo sufrieron posteriormente una nueva decepción, cuando al volver la mirada hacia Argentina, a fin de poner en marcha otro mamqtreto similar que habría de llamarse Yacireta- aguas abajo de Itaipú- se encontraron con que el Gobierno de Buenos Aires prefería disimular y mirar al cielo. Y donde habían dicho digo ahora dicen Diego En suma, Itaipú se quedó para los brasileños y Yacireta para nadie, y eñ el Paraguay quedaron miles de manos desocupadas que tenían qué olvidarse de los buenos sueldos y la vida más o menos fácil. Como los males no llegan solos hubo también sequía y las cosechas de algodón y de soja resultaron mermadas. Al tiempo, los precios internacionales de las materias primas empezaron a caer. Y el pe- Don General Buenos Aires. J. A. V. Aunque el mismo se empeñe en asignarse el título de Gran Pacificador o aunque Roa Bastos se haya cansado de tacharlo de tiranosaürio o primate semiautomático no hay nada que hacer. Ni excelentísimo como cacarean los canales de la televisión, ni El Rubio como le denominaban sus compañeros de armas hace ya un tiempito Stroessner es, simplemente, Don General y así to llama popularmente el hombre de la calle. Este hijo de emigrante alemán (su padre era cervecero) y de ciudadana paraguaya nació hace casi setenta y cinco años en un rincón del subcontinente americano, donde, luego de haber derrocado al presidente Federico Chaves, instaló la dictadura más antañona de la región. Treinta y tres años hace que Don General gobierna al Paraguay como un padre de familia, severo y riguroso, lo haría con su finca. Ha repartido los mejores predios entre sus fieles compañeros de milicia y sus numerosísimos deudos familiares. Cuñados, yernos, consuegros, hijos, sobrinos y demás parentela controlan todos los resortes políticos y económicos del país. O, al menos, casi todos. Como buen patriarca, no conoce oposición. La mandó al exilio y así, bonachonamente, enviejo caudillo se hace reelegir por su pueblo cada cinco años para renovar sus gastadas arterias con una falsa inyección de savia democrática. Desde el hall central del aeropuerto de Asunción- hasta la última finca del más apartado rincón, un retrato del gran benefactor- siempre en riguroso uniforme de general- preside y controla cada minuto de vida de la dictadura olvidada. Stroessner fue reelegido en el 63, 68, 73, 78, 83 y aspira a serio en el 88. Últimamente se habló de que estaba delicado de salud y de que se iba a retirar a Taiwan o a la Baviera de Strauss. Pero, de momento, nada parece indicar que Don General piense dejar su palacio. Eso son cosas que inventan los periodistas. 24 may. Liberación de Napoleón Orti- 4 may. Un centenar de partidarios de goza, detenido desde 1962, conside- la dictadura atacan y destruyen Radio rado como el preso político más anti- Ñanduti, y saquean el hospital de la Facultad de Medicina, donde eran guo de Iberoamérica. 8 jun. Stroessner suspende su viaje a atendidos los heridos en la manifestala República Federal Alemana, tras ción del día 1. ser hallados unos restos humanos 1 jun. La Iglesia participa en la mayor manifestación jamás celebrada contra que se cree pertenecen a Mengele. 11 ago. El Gobierno clausura por diez Stroessner. días Radio Ñanduti, una de las emiso- 27 jun. El dirigente del Partido Radiras de mayor difusión del país. cal Auténtico, Domingo Laino, es gol 1986: 26 abr. Se especula con la peado por la Policía en el aeropuerto de Asunción, cuando intentaba regreposibilidad de que Stroessner pudiera sar al país. retirarse a la República Federal Ale 24 jul. Estados Unidos solicita a mana. 1 may. Mil quinientas personas se Stroessner la apertura democrática manifiestan contra el régimen. La con- 29 sep. Aumentan los contactos entre centración es reprimida con dureza, la oposición.