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32 A B C CULTURA En lamuerte de Warhol LUNES 23- 2- 87 El mito, en Madrid Recuerdo muy especialmente un momento de la visita de Warhol a Madrid, con motivo de su exposición en la galería Fernando VIjande. Esperaba junto con Andy Warhol y Fernando Vijande a que se abriera el paso dé peatones cercano a la galería. Fue la primera vez que tuve la sensación de que el tiempo- e l tiempo veloz, voraz, exigente, de principios de los ochenta- se detenía. Decenas de miles de visitantes se deslizaron por la rampa de la galería Vijande en las siguientes semanas. Probablemente ninguna otra exposición organizada por una iniciativa privada ha recibido mayor número de visitantes ni logrado mayor impacto. El pequeño escándalo que supuso cobrar las entradas a una galena privada no fue más que otra guinda en el gran pastel Warhol. La visita supuso, muy probablemente, el mayor impacto artístico sobre el resto de la sociedad española. La rueda de Prensa continúa siendo uno de los acontecimientos más multitudinarios y delirantes que haya visto Madrid. Las sillas dispuestas en el amplio espacio de la galería no sirvieron para nada: sentarse Andy Warhol y abalanzarse sobre él la muchedumbre de periodistas, admiradores, fue todo uno. No hubo respuestas porque no hubo preguntas: cada cual intentaba la comunicación personal, la palabra exclusiva, la mirada cercana, no del artista sino del mito. Todo se desbordó excepto su propia imperturbabilidad. Su imagen, vestido con un impecable frac que ocultaba los vaqueros que jamás se quitaba, sigue permaneciendo en la mente de todos. A menudo me he preguntado cuántos miles de firmas estampó, cuántos miles de personas hablaron de él durante aquellos días. Trabajar con Warhol era una verdadera experiencia. El estimaba sobre todo la capacidad de trabajo. Su mirada vaciaba la mirada. Su impresionante capacidad de elaborar, de destilar, de vaciar, de repetir, de improvisar queda patente en su obra. De Jackie Kennedy a Mao, de las grandes flores reventando de color a las especies animales en peligro, de los hombres más buscados a los cuchillos, pistolas y cruces de su exposición madrileña, su obra es el fruto de una comprensión inmediata de la realidad. Creo que Warhol, en contra de la mitología, jamás se aburrió. Era excesivamente lúcido. Fernando Vijande, el gran anfitrión, se fue hace unos meses. Ahora la superestrella se ha vuelto fugaz como la eternidad misma. Todos los deslumhrados por el éxito se han quedado, probablemente sin saberlo, huérfanos. Algunos hemos perdido un amigo, lejano pero exquisito, distante pero vitalmente amable. Armando MONTESINOS El rey de lo pasajero Hace ahora un cuarto de siglo se instaura- pinceladas de pintor, alteraciones. Esta imba formalmente en Estados Unidos el arte perfección que rompe la monotonía es la pop fogonazo plástico definido por uno de marca de fábrica de Andy Warhol, quien, por sus protagonistas (Richard Hamilton) como cierto, llamaba a su estudio neoyorquino la popular, pasajero, olvidable, barato, comer- factoría y presentaba sus obras como procializado, joven, ingenioso, sexy, evasivo, ductos atrayente y financiable Esto es, en suma, Andy Warhol. Un pintor El rey indiscutible de esta expresión fugaz que, en su estricta pureza, apenas duraría un tan significativo y consciente de su país y su lustro, se llamaba Andy Warhol y acaba de momento como cualquier otro en la historia morir. Warhol (1928) se instala en Nueva del arte, que desarrollaría su visión del sueYork a los veintiún años, y comienza a traba- ño americano de vida sin pasión, a través jar como artista comercial, obteniendo un de repeticiones de imagos publicitarios (las gran éxito. Pero cumplidos ya los treinta inicia famosas sopas Campdel las botellas de un nuevo camino que es, en suma, una toma Coca- cola, los billetes de un dólar) rostros de de conciencia: hacer como arte aquello que mitos contemporáneos (Elvis Presley, Mariryn Monroe, Elizabeth Taylor, a los que añade antes hacía como publicidad. La Gioconda convertida en ídolo plástico Y hacerlo a través del comic lenguaje moderno desde Marcel Duchamp) y de la foque por entonces alcanzaba un raro esplen- tografía de un suceso o catástrofe que, a dor. Desde su Dtck Tracy de 1960, Warhol causa de su obsesiva repetición, pierde su dejaría claro su distanciamiento de Lichtens- auténtico carácter, porque, como él mismo tein (viñeta de comic en estado puro) y de decía, cuando ves una cosa horripilante reRauschenberg (elementos hallados en las petidas veces no hace efecto vallas publicitarias o los desvanes) Warhol se centra en la representación consciente y En aquellos cinco años, Warhol presentaría precisa de aquellos temas (productos de con- sus desastres sus bellevues sus vasumo) y aquellos personajes (estrellas de cas sus autorretratos y también sus pelíctne o de rock sobre los que, según él, se culas. Pero si el arte inconfundible de Warhol alza la civilización americana. es ya historia, no lo es menos su aportación Y surgen más unas imágenes que (con sus a la serigrafía, en cuya preparación introduce propias palabras) son la proyección de todo técnicas fotográficas nuevas. Y su ingenio lo que puede ser contado y vendido, los sím- agudo, recogido en sus declaraciones a la bolos prácticos, pero efímeros, que nos sos- Prensa. Una vez dijo, resumiendo inconscientienen. La gran viñeta de Dick Tracy tiene temente la provisionalidad del arte pop la exactitud de aquellas que presentaba Roy En el futuro, todo el mundo será mundialüchtenstein en aquel momento, pero su color mente famoso durarte, por! o menos, quince es más vivo, más luminoso y, además, posee minutos. algunos fallos voluntarios que son algo más que fiel y fría reproducción: añadidos, Javier RUBIO La última cena Madrid. S. C. La muerte de Andy Warhol ha coincidido con la exposición que a finales de enero se inauguró en Milán, inspirada en La última cena de Leonardo da Vtnci. La idea partió del marchante griego Alexander lolas, que pagó al artista estadounidense la suculenta cantidad de un millón de dólares. Medio millón lo recibió Warhol en dinero y otro medio en piezas de anticuario, de las que era un apasionado coleccionista. La idea le fue propuesta hace dos años y Warhol no dudó en aceptarla al momento; tan rápidamente como se le ocurrió el sistema que emplearía: fotografiar las láminas de un hermoso calendario dedicado a La última cena No era necesario que yo volviera a Milán- dedaró el propio artista- me bastaba con fotografiar una por una todas las páginas del calendario. A pesar de la aparente frivolidad, cabe señalar que La última cena le recordaba a Warhol tiempos de su infancia. Su madre, muy católica, había colocado en el pasillo dé su casa una reproducción del cuadro que muchos años después pudo contemplar personalmente en Milán. Le pareció muy mono, tan estropeada y con esas manchas tan sapientes, creativas, realmente geniales Precisamente, al enterarse de que el convento de Santa María delle Grazie ha cerrado sus puertas paja restaurar la obra de Leonardo, Warhol lanzó su protesta: Es un error restaurarla. Es tan bonita como está... Las cosas viejas son siempre las mejores y no hay que tocarías. La exposición, que en principio está programada hasta el 21 de marzo, se compone de cuatro grandes telas de diez metros por dos, en las que la Cena aparece muy alargada horizontalmente y teñida de color amarillo y rosa, o cubierta con pinceladas espesas, según la técnica que Warhol denomina camuflaje Además hay seis telas más pequeñas, de un metro cuadrado cada una, en las que la Cena se desdobla en planos diferentes; y, en fin, doce reproducciones de la cabeza de Jesús curiosamente remendada; algo así como un mosaico sobre nojas de papel más pequeñas. Las críticas a esta exposición no han sido demasiado benévolas con Warhol. A modo de ejemplo, Natalia Aspesi señalaba en La República Andy Warhol ya no consigue sorprender a nadie. También sus paradojas rezuman cansancio y él las presenta sin convicción, como un clown que repite su número. Eltf BARCELONA HOTEL DANTE A su servicio durante su estancia en nuestra ciudad. Condiciones especiales para empresas C Mallorca, 181. 08036 Barcelona Teléfono 323 22 54. Télex 52.588. DANTE