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LUNES 23- 2- 87- CULTURA -ABC, pág. 31 Andy Warhol, el rey del arte industrial, murió ayer de un infarto en Nueva York En la década de los sesenta irrumpió con su genio provocador Madrid. J. NT. Costa Andy Warhol, uno de los más importantes artistas de nuestra época, murió ayer a la edad de cincuenta y ocho años, a consecuencia de un ataque cardiaco, en el hospital de la Universidad de Nueva York, donde había ingresado para sufrir una intervención de vesícula. El óbito se produjo a las 6,30 de la madrugada, mientras el artista dormía. lejos. Desde sus ilustraciones en ¿Cuál sería la mayor aportalos cincuenta para discos del ción de Andy Warhol al arte moderno? Una de las mejores res- guitarrista Kenny Burrell, tan bepuestas no viene de académico, llas como académicas, hasta la crítico o pintor alguno, sino, muy del último de Aretha Franklin o coherentemente, desde un grupo John Lennon, la trayectoria de de pop los suizos Yello: Sin Warhol siempre estuvo ligada a duda su mayor valor ha sido de- lo industrial en el arte. volver el arte al lugar donde Sus fotos pintadas no eran orisiempre estuvo, al comercio. ginales, ya lo había hecho Man Ray. La utilización de latas está Andy Warhol irrumpió en la escena de un arte dominado por la sacada de Jaspers Johns, y su seriedad abstracta de Pollock, obra en general posee el tono Mothewell, Rothko, Barnett New- humorado de Duchamp siendo, man o Judd como el más desca- de intento, mucho más asequible rado de los artistas pop Ese para el gran público. movimiento, nacido en la AmériUna de sus inteligencias fue ca de los sesenta, incluía a gen- comprender cómo uno de los tes muy sesudas, como Jaspers signos más potentes, de los soJohns o Rauschenberg; o algo portes gráficos más importantes menos graves, como Rosenquist para ese público eran las fotoy Lichtenstein, pero Warhol re- grafías. Enfrentados con sus Mapresentó mejor que nadie el es- rylines coloreadas cualquiera popíritu de aquella época. día reaccionar, transformando un Si bien todos los nombres an- sentir ya inconsciente de puro teriores utilizaron los signos ma- repetido, en un impacto ante el nufacturados de los tiempos (nú- que había de adoptarse una posmeros, señales, alfabetos, col- tura. Cuando ya todos esperaban chas de c a m a b a n d e r a s tebeos) para inducir a una nueva que el artista siguiera por esa lílectura del mundo que se refleja nea, el artista decidió bucear un- -o manifiesta- en esos (conos, poco en otro medio industrial, el Warhol llevó esa cuestión más cine. Chelsea Girls Blue Movie Sleep Eat o My Hustler realizadas en la segunda mitad de los sesenta, eran larguísimas secuencias fijas de chicas peinándose o un personaje durmiendo. Con una duración que según los casos podía llegar a más de veinte horas no hace falta decir que fueron muy comentadas e irritaron. Su interés por la imagen en movimiento le llevó a producir películas de Paul Morrisey, calificadas en su momento- y ahora de cuasi pornográficas- y alguna de las cuales Flesh o Trash lanzó al estréllate subterráneo a uno de los Apolos de los primeros setenta, Joe D Alessandro. Esto se realizaba en la Factory, organismo y local cuyo carácter va implícito en su nombre. Por supuesto, Warhol también entró en el vídeo en cuanto tuvo ocasión- hizo uno para Miguel Bosé- siendo su mejor y más conocida realización en este campo un fantástico trabajo para el grupo The Cars. Con todo, el producto más arriesgado de la Factory (cuyo nuevo local fue inaugurado hace apenas dos meses) lo constituye la revista Interview dirigida por su amigo Bob Colacello. No sólo es importante esta revista en la medida en que ha influido en infinidad de otras por todo el mundo, o en su exclusiva utiliza- Andy Warhol ción del blanco y negro, sino porque en un ambiente marcado por las posturas más o menos progresistas de los primeros setenta Interview mantenía una línea que se acabó manifestando en el apoyo explícito de Colacello a la candidatura de Reagan. Algo muy poco usual. Por cierto, si bien Warhol siempre se negó a manifestarse en política, tampoco tuvo el menor empacho en trabajar para los Rolling Stones o montar el nada derechista grupo The Velvet Underground, con Nico, John Cale o Lou Reed. Tocó, ya se ve, todas las artes industriales, incluyendo el diseño de sus comienzos y convirtiendo las reproducciones artísticas en una fuente de ingresos con que los pintores jamás hubieran soñado. Era un visionario muy listo e infinitamente más coherente de lo que se le achaca. Pero también podía equivocarse: en un tiempo afirmó: Soy un robot y algo más tarde: Sé qué envejeceré. Apenas le ha dado tiempo. Un currante de la imagen Me acaban de llamar y me han dicho que Andy Warhol se ha muerto. En principio, me parece siempre bien que la gente muera. Es algo que me hace pensar que este mundo funciona, y que tú mismo puedes morir en cualquier momento. Y esto es bueno. Andy Warhol ha muerto y no tengo ni idea de cómo. ¿En un hospital de Nueva York, blanco por dentro, con enfermeras y médicos y camilleros de blanco que van y vienen, teléfonos, tubos, frascos, trastos de tecnología avanzada, ascensores y quirófanos de película? No sé, igual le atropello un Buick o un Chevrolet en la Veintinueve, de madrugada, y su sangre, que a pesar de todo debería de tener un ligero matiz rojizo, desparramada: en el asfalto, gris, oscuro, negro, manchando alguna raya amarilla o blanca de un paso de cebra. O a lo peor en una fiesta, en un apartamento de la Quinta, con señoras y señoronas enseñando sus dentaduras limpias y las cicatrices de haberse quitado arrugas, champán, alguien filmando un vídeo, jovencitas depravadas intentando quitarle la peluca rubia, el típico pesao que ha leído mucho y habla y habla, negratas guapas, camareros asiáticos, canapés japoneses, vinos californianos, cuarto de baño con vestidos tipo Menphis y salón con moqueta del Hilton, y lo habrán encontrado sentado en la butaca de algún dormitorio, como esperando a que alguien se lo llevara a casa. O en su casa solo, viendo la tele con el mando a distancia en la mano y muchas revistas por les sotas y por las mesas, y el teléfono sonando. No sé. La verdad, aunque nunca lo he visto ni lo he tocado, Andy Warhol es alguien que conoces muy bien. Lo has visto en miles de revistas, libros, en la tele y, sobre todo, conoces sus imágenes. Es alguien que al principio, al principio mío, sobre los sesenta, descubres y te gusta y te gusta mucho. Fue como una bocanada de aire fresco de estos tíos del Pop Art Su desfachatez, su cariño hacia las cosas normales, su ironía, su manera de ver las cosas y contarlas molaba y a los que éramos quinceañeros en los sesenta nos tocó mucho y bien abriéndonos la cabeza. Luego, pues no sé, su obra, por una parte, sigue estando ahí y evolucionando, cada vez más ácido, más duro y más irónico y convives con ella y es como una tapia, o un edificio, o un libro muy gordo donde están amontonadas sus imágenes que ya no son suyas, sino de todos. Pues cuando ves muchas cocas- colas piensas en él o cuando sueñas, sueñas con imágenes de sus pelis o de sus cuadros. Y por la otra parte seguía paralelamente existiendo él como persona, como personaje de los medias, incisivo, tontorrón, brillante, egoísta, listo, quemao cariñoso, pesao inaccesible, reina, moderno a pesar de él, etcétera. Andy ha muerto y lo que más le agradezco verdaderamente es que fuera un currante de la imagen. Que todo el montón de imágenes que nos deja forman parte de la memoria colectiva de mucha gente de muchos países. Le agradezco hasta su tono didáctico que tiene toda su estética y que no se hubiera quedado todo en charlas interminables y parloteo por los bares y las fiestas tomando copas, como tantos otros de tantos sitios. Javier MARISCAL