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LUNES 23- 2- 87 OPINIÓN ZIGZAG- A propósitoRalentización soviética Si se analizan los principales datos económicos de la Unión Soviética desde 1966 hasta 1985, se observará un cfaro descenso en el ritmo de crecimiento de las principales magnitudes. En el periodo del Octavo Plan Quinquenal- e s decir, entre 1966 y 1970- la renta nacional había aumentado un 41 por 100, la producción industrial un 50 por 100 y la agrícola un 21 por 100. Al mismo tiempo, la productividad del factor trabajo se incrementaba en un 37 por 100 durante el mismo periodo y. la renta real per cápita crecía un 33. -Si comparamos estos porcentajes con los correspondientes a los siguientes planes quinquenales y, sobre todo, al de 1981- 85, un hecho es claro: la ralentización de la economía soviética. La renta nacional sólo aumentó en un 14 por 100 durante el último quinquenio, la producción industrial creció un. 15, mientras que la agrícola está prácticamente estancada. También se ha producido un notable descenso en la productividad del factor de trabajo y en la renta per cápita, que durante 1981- 85 registró sólo un incremento del 9 por 100. Ante esta evolución poco halagüeña de la economía soviética, resulta evidente que las reformas de Gorbachov tienen un largo camino por recorrer. Las nuevas políticas- que intentarán poner menos énfasis en la planificación y un mayor empeñó en. la descentralización, la introducción de un nuevo sistema de incentivos y la adopción de nuevas tecnologías- pretenden que el ritmo de crecimiento anual de la URSS pase del actual 2- 3. a un 4 por 100 durante los próximos años y hasta un 5 por 100 en la década de los noventa. Ya veremos. OVIDIO ABC 13 Catarro y orquesta No hace falta asistir a ningún concierto de la Orquesta Nacional o de ¡a RTVE para observar cómo a notable mejora de la educación musical de los españoles no se corresponde con la todavía escasa educación cívica de los asistentes. A menudo los directores han de aguardar largos minutos a que cesen las toses y carraspeos de los espectadores antes de comenzar un movimiento: Es un vicio nacional que tiene poco que ver con- la climatología o el estado general de- salud: Cuando las emisoras de radio trasmiten en directo algún concierto desde que cualquier ciudad de otro país el silencio del público es sobrecogedor, pese a que los micrófonos de ambiente recogen hasta el mínimo crujir de una butaca. La gente va tosida desde casa. Aquí cuando el locutor avisa que se hace el silencio y comienza la audición siempre hay una propina fuera de programa que parece un concierto para catarro y orquesta. OEMUCIA SECUE! A autorización concedida a Y o l d i el c a n d i d a t o recluso, para que acuda a la sesión de investidura del lendakari y ponuncie el correspondiente discurso, es un síntoma significativo y preocupante de la m a l a s a l u d de nuestra democracia. No es f á c i l desde luego, encontrar precedentes de tan peculiar situación en ninguna de las democracias occidentales. Pero, como en t a n t a s otras cosas, nuestro país rompe moldes. Esta democracia, que presenta íantos puntos débiles y tantos rasgos de inmadurez, tiene una curiosa tendencia a afrontar casos como éste, con una extrema escrupulosidad que supone pasarse de rosca. Mientras se baquetea al ciudadano normal de mil modos y maneras, al delincuente, presunto o convicto, se le trata con la más exquisita consideración. El ciudadano medio se siente cada vez más inseguro, menos libre, más manipulado y empieza a pensar que el sistema de derechos y libertades no le atañe personalmente, pues está diseñado exclusivamente como mecanismo de protección de quienes, como profesión, han decidido situarse al margen de la Ley. La democracia queda así secuestrada por quienes sólo pretenden destruirla, que de pronto aparecen como sus más meticulosos guardianes. Disfrazados de desinterados Robin Hood velan atentamente por la salvaguardia del Estado de Derecho. Todo un sarcasmo. La democracia se convierte en la gran coartada de sus enemigos, y los demócratas quedan paralizados enredados en legalismos ideados para nobles fines, pero convertidos por la astucia de los dinamiteros de la libertad en instrumentos de sabotaje. Las piezas de artillería que defendían la ciudad se utilizan para bombardear sus propios bastiones. La irritación que todo esto produce ha llevado a algún liberal sin tacha, como Karl Popper, a exclamar: ¡No se puede ser tolerante con los enemigos de la tolerancia! Pero ya no tolerancia, sino puro papanatismo es aceptar sin pestañear los sofismas seudodemocráticos de los anti L Máscaras Con e! carnaval llega una bocanada fresca de color tonificante que enciende corazones y viste con disfraz las calles de las ciudades. La fiesta en general tiene lugar en todas las culturas y tiene siempre la misma función: es un paréntesis en la vida cotidiana en el que ciertas conductas sociales se convierten en no exigibles. Todas las culturas se han percatado de la tensión que supone para sus individuos obedecer siempre a las normas impuestas por la sociedad. Por. eso reciben con entusiasmo esta catarsis carnavalera que a su término quedará disuelta como un azucarillo en la dura realidad de los mil conflictos en que se debate nuestro tiempo. demócratas, caer en sus trampas semánticas, como cuando intentan dignificar el terrorismo llamándole lucha armada o echar las campanas a vuelo, porque el señor Esnaola ha tenido a bien reconocer que España es un Estado de Derecho! Como si el diálogo civilizado con quienes aplauden patrocinan o practican el lenguaje brutal de las metralletas pudiera llevar a alguna parte. A estas alturas nadie desconoce la verdadera naturaleza de HB ni sus estrechas conexiones e identidades con ETA: medio millar largo de cadáveres conforman una abrumadora e inapelable evidencia. A pesar de todo se comparte frivolamente mesa y mantel con un líder batasunero que viene a hacer la apología de ETA y a plantar su cartel de desafío a sólo unos metros de donde los heroicos gudaris han cometido muchas de sus fechorías. Y con negligente improvisación jurídica y política -de la que el Gobierno es directamente responsable- como si el terrorismo fuera un problema de ayer, se contempla con impotencia cómo los hijos del terror, más sagaces que los hijos de la libertad, se disponen a desacreditar y sabotear desde dentro las instituciones democráticas. Esta democracia secuestrada, incapaz de articular una respuesta adecuada frente a sus enemigos, que balbucea excusas cuando aplica: el rigor de la Ley, parece, como los rehenes, víctima del síndrome de Estocolmo Se comprende hasta tal punto al que asesina, extorsiona, oprime o chantajea, que da la impresión de que se le justifica: Se configura así una democracia blanda una democracia masoquista que parece gozarse en su propia debilidad, y cuya regla de oro es él apaciguamiento a ultranza. Churchill, después de Munich, símbolo de todos los apaciguamientos, expresó lapidariamente el destino de todas las políticas de blandura: Entre el deshonor y la guerra, habéis escogido el deshonor, pero también tendréis la guerra. Alejandro MUÑOZ ALONSO Un libro fabuloso, absolutamente distinto Un libro de edición limitada y de venta directa, que permite una calidad bibliográfica a un precio simbólico. Pida información a EDITORIAL PRENSA ESPAÑOLABA. Padilla, 6 28006- MADRID Tel. 4312628 y 4312711