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H X O Y vamoí a dejnr descanM i Mjiht mfl y sus- cabaUos d d dcsicrtoi... por jUL hoy quiero hüblíir del catvullo que más me ha mlrí ido en los largos mo c- s de l c c i u r i i 5 equinas- Me refiero al embullo Encanlado de L a mil y una nocbí S ¿Cómo pudo el amor de e r i i d m o de leyendas legendarias invi nlars una máqulnii vf ladora rfis o Sitit sigUrs nlte de M I CIO C m U M M M TOTSBM EL CABALLO DE LAS MIL Y UNA NOCHES m -Señor, ¿acaso vaciláis en contestar el atrevimiento de este indio? La princesa, mi hermana, vale mucho atits que e s 1 e caballo por maravilloso que sea- N o es esd la razón que me hace callar, hijo mío, T r a l o de eneontiaj la forma de adquirir, sj eso es posible, este caballo por oíros medios que casar a tu hermana con un descí nocido. ¿Tanto devíáis poseerlo? -S I hijo mió- N o ignoras que üslamos rodeados de otros reyes poderosos y a este indio E será e fácil que otro monarca lo adquiera- Yo desearla adquirirlo para t i i este indio consiente en uti convenio. -Pero, padre, por ahora este caballo sólo le sirve a él. Ouizá a mj no me serviría para nada. -Pruébalo, hijo. Estoy securo de q u e el i n d i o c o n s e n t i r á en ello. -A s í es. señor- d i j o el indio. Rruz no esperó m i s y se subió al caballo de un salto. Cogió las riendas y apretó la c l a v i j a d e l lado derecho, tal como habia visto que l o hacía el indio al partir. El caballo se alzó por los aires y desapareció de la vista de todos los ciTcunsianies. A y de m i Señor! -g r i t ó enionccs el i n d i o- Ha marctiado sin preguntar nada y no sabrá hacerlo bajar. ¿C ó m o no se lo has advertído? -griió el rey. ¿Acaso no vio Vuestra M a jestad que no me dio tiempo a nada? Si casi no te hemos visto m a r c h a r t a n r á p i d a m e n t e ha montado y ha apretado la clavija, -P e r o ¿acaso es muy difícil hai; eTlo bajar? -T o d o consiste en apretar olra clavija- OuTZii el pnncipe, cuando se vea en apuros, la busque. Ruego a Vuestra Maje- iad que no me haj; ¡i responsable de lo que pueda iuccder. Y eicciera, Porque b historia, naturalmente, no acaba aquí, y- a que el pnncipe Rruz vive mil aventuras y totl. i u n j kycnd i de amor n m la de Ekngala. UiN tillimas palabras del cuento con éstas: caballo enranlado tuv propiedad del pru ipc Rruz durante largos anos. Lue o no se supo qu ¿había stdo de él. Pero lo que si se sabe, porque está en la historia completa, es üuc Encainlado era negro, que desde lejos parecía un caballo real y que se movía gracias a dos palancas (una para subir y otra para b a j a r K lo que i n c i t a a l cnsaT que el canímaU tendría que lener un mecanismo interno. ¿Cuál? E l iiutOT o autL r r no hablan de e l l o C o m o más tarde tampoco lo hará Cervantes al inventar su C l a v i l e r t o- Y sin embargo, Leonardo fue un enamorado de e te caballo de Las m i l y una noches c Ke invcnlara la aviaa ii o in antes de que Leonardo ún V i n o viniera al mundo? Les aseguro que cs: c temii hien se mereceria una tesis Jociotal, La- Hisloria del caballo ncnn 1 ado es una de las que iquella acaz sultana Shen zade eoiiu i al soberano de Pcrsia. Í Ü marido, durante laí largas- m i l y una noches de la leyenda, y comienza as: Terminaba su audiencii pública un dta el rey i k Nchu. iruando VIO venir hada é un indio de mirada aviesa y oabollos erespos. Llevaba un beimoso caballa negro por la brida y. al pronto, jvaíocia díte un eaballo de verdad. El rey se le quedó mirando y le indicó que dijese quií de- Jíaba. -Señor- d i j o el i n d i o- csic caballo que aquí veis e mara -illoso. Con él podéis trasladaros en un momento a cualquier lugar ue elijáis, por lejano que esté el lugar en que io monii is. Quiso el icy averiguar ü ello era cicrlo y ic acercó a verlo mej o r Pero el caballo no ofrecía m i s particularidad que estar compl clamen le i n m ó v i l y como sin vida, -Estoy dispuesto a haecf la experiencia delante de Vuestra Majestad d i j o el i n d i o- Y nada mejor que probarlo en sepuida. Diciendo esto montó el cabalio, mciit l o í pies en los tslribos y esperó la orden del rey, A anas leguas óe b capital había una moniaña que el lej solfa viaiar cuando iba de taza y que se liamabü Chiiah. Allí mdjcú 1 indio que fuese. -N o es muv grande la distancia, pero me t a s t a r i para juzgar de la velocidad y cualidades de l u c a b a l l o A l pie del monte hav una paimcra. corta una rama y vuelve eon ella, El indio hiza una señal d i obediencia y enipujií una clavija. A l p u m o el caballo negro se elevó por los aires y desapareció de la vista de la corte. Pasaron muy pocos instantes y volvió a verse por los aire Et i n dio llevaba en la mano la rama llustracibn: Manuel Prwdoa de la ue con esta mieneion me l o PIOTS i: abéis mostrado. MajesLaU, üeNto la mano de vuestra hija, la Pcru eLa corte entera se estremeció al ír tan a re id- i propuesta. Era el mdio ían devncdrado y lopugnsjnte de cucrpí que no se concebía a la princesa c a d a con i lEl rey se quedó callado. El príncipe Firuz que asistía a la curiosa escena, viendo que su padre no deeia nada, se enardeció y d i j o colérico: de palmera. Muy admirado el rey y gozoso de poder adquirir Ua portentoso c a b a l l o le p r e g u n t ó al i n d i o cuánto quería por cL- -Eso en el caso de que queráis venderlo- -le d i j o pue supitn- -N o Majestad- Este caballo no puede p o n e r a a la venta y no era esa mi inicndón T 1 mostraros sus cualidades- Lo aprecio muvlio y tnt l u LedciL sjiKf a cambio de algo que lo mcrejcil. -H a b l a pues. Mí reino es dilat ido y puedo ofrecerte honores V seguridades p j r a el resto de lu vida, -A c a m b i o de este c a b a l l o U Próximo capitulo: Las cinco yeguas de A l á