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HUMOR r AL ÍHm lia columna de Isidoro Por Isidoro Lo i HACER EL AMOR Jn hcbáomaáii. utih: JH íTíCnse. nccvs. ninn. (Todos los días, COSÜ malii; todas líis semana ftisa hiionat todo lo meses, CONÍI ncte aria. AntiEU seniciicia m; iri 1 a 1 latina. -oiMe gusta y ¿I, en esc orden! Carla- OEl: A c n M. -niííínonos bajo esc pino. EUa: -Vonn. N El: tPor qué? ¿Es que no confias en mí? H Ella: Yo coníío en l ¡v coníío en mi. pcrü no cunfio on los dos junios. Cuentos de San Fernando La mujer pierde la nTcin ¡ddd cuaniiti quwic, y el hombre, cuando puede. PERROS Y VECINOS RON T A R G O de aauí! ¡Fuera! ¡que no II eniret, chtllo la ponera empujan I do a un cnorníc pcrrazo negro lejí ís de sus dominios. La culpa la tiene la perra de doña Engracia- para sí. volvió a eneenaise en su günta. -Ron no se inmuió. Mantuvo rígido el rabo V sipuió esperando ante el portal. Había conocido a- Linda- en el Retiro y ella le había bdrado coqueta. Su pelaje caramelo b r i l h b a al soL Se olieron, jugaron... Y Ron- claro, sucumbió. Pronto fueron la envidia de la colonia canina. Se veían cada mañana y cjda tarde en L 1 Parterre, mientrai los ami s charlaban de Juibilidades perrunas y algunot, moldados, armados de cornetas y tamnoics, atacaban, sin metáforas. El sitio de Zaragoza por eni sima vez conseculiva: los ensayos de la banda del repimlento no eran hien vistos en el cuartel. Media d cena de piragüistas y aijíunov corredtircs sudorosos completaban un cuadro qiAc los peiros observaban con Hasta que un día ella no ajurecí; El. olisqucrt inütilmenU su rjütro por el parque y la espero junio al maenolio: nada. Incons o l a b l e c r u z ó j; i citlíe y e m p r e n d i ó la aventura de loi porialesK Aguanln ptHadiiu. insultos y iimpolIoniEí lie pmrleíos y conductores de la zona, tsiu o punto de -r atropellado. Y le evpulv. irori vinlentamenie del Casón porque- decían- el Guernica no es para porros Al íin (ilíateo la pista. Y se planlfí de guardia ante el portón, muy atento, esperando a asu -Linda Las hora pa. aban y la impaciencia le consumía. Por tres veces intentó colarse parapetado tras algiín vecino, Pero a portera tema gato y era infranqueable. Además, su enorme cola negra te delataba siempre. Para serle simpático a los humanos hav que tener un collar le comunica compasivo un perro- tranvía. Aquello iba en conlfa de lodnis sus convicciones, pero- Linda valía lii pena. Pero no era fácil enconinirlo. Lo buscó primero en las basuras, luego por b fuerz; i y terminó cantándole las glorias de! a libertad a un cachazudo San Bernardo que le e cuchJha dubjlaíivo. Al fm cedió. Loco de alegría. Ron- se ofreció a quitarle el collar- Pero no había contado con k s clavos de aceros al cabo de media hora sólo haNa conseguido arañarse un colmillo V enfadar üí San Bernardo. Estaba claro. Neccsiiaha un amo. A fuerza de tumbarse ame la puerta conocía a todos los vecinos. Les hizo amin acos a dos o tres sin resu tadt Y en un arrebato ínconicnible de cariño plantó sus enormes patacas negras sobre los hombros de María Elisa, cuyos setenta y un años dependían de tm marcírpir í H Por poco la mata. Dícidió reprimirse y se instaló aún miis cúniüd. imenTe ante el portal- Seguiría esperando. María Eugenia RU 1 Z DE AZCARATE L 3 madre daba las buenas noches a sus hijos. Pit- parJndtjlo para el nacimienUí de su prO imo hijo, les c: onli. S que la cigüeña rraia lo bf bésDespufs que los besó y los dej el niniio le Jice a su hennanila: A mi no me imporT i ío que mama diga- Yo n a puedo imaginar a papá haciendo el amor con una ciKÜcftu. -OElla: -T ü hac s el amor como Clark Gable. Bogan y Vakmdno. los Wts juntos, El; íGTaaas. pero los Ires cslán muertos. Ella: -Por eso te lo dígo. -OTú no sabes lo que no puedes hacer h, isia que no traías. -OEl hí mhre llega a dominar la icoria del amor a la edad en que comienza ya a no dominar la praciicü. poncela- OI- ¿Y usted qui opina, don Isidoro? I- C o m o diio Sufoelctu. del- dicho al leI cho hay mucho trecho 39