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OPINIÓN Panorama DOMINGO 22- 2- 87 SOBRE LA JUSTICIA S E entiende aquí por Justicia la virtud básica y complementaria de la concordia humana en libertad. Nada, pues, de Poder Judicial y sus aledaños políticos. Nos vamos derechos a las raíces, a las fuentes primitivas, a las esencias. El concepto de Justicia es uno de los más repetidos en el libro por antonomasia, (a Biblia. Allí, casi siempre se le toma- además de equivalente a santidad -en el sentido de lo que debe poner fin a las infinitas injusticias que sufren los pobres es decir, los débiles o necesitados de cualquier clase, tras reconocerles su derecho a una solidaridad fraterna entre los demás. La justicia es así el mejor camino para la paz, ya que la justicia y la paz se besan Sin el ejercicio de esta justicia esencial y radical es imposible que exista cualquier otra y, menos aún, la concordia y la paz- en- libertad. Principal prerrogativa de tos jueces era precisamente hacer justicia decidiendo pleitos, poner paz entre la gente y además defender al pueblo contra cualquier violencia de fuera. En el fondo ¡todo, se reduce a exigir que cada uno cumpla sus deberes y a cada cual se le reconozcan sus derechos, especialmente a los más débiles y desgraciados. Cuando esto no se cumple, la sociedad está basada en la injusticia y corre gravísimo peligro. De esa situación no la salvará ni un contrato social a lo Rousseau y en vez de paz tendrá desatada violencia. Nunca habrá modo de que los hombres lleguen a gozar de sensibilidad fraterna, si no les une la creencia de un Dios de justicia padre de todos, que otorgue la felicidad al que cumpla las exigencias de una fraternal convivencia. Esto no es un cuento de hadas, sino pura realidad trascendente y trascendental. Ese Padre y Dios de justicia escucha y oye bien- aunque quizá no lo parezca- las voces y lamentos de sus pobres oprimidos por sordos egoistones, esclavos de sus instintos, sus vicios y sus negocios. Justicia será, pues, que caiga sobre ellos el peso de los textos legislativos y los artículos de códigos que ese Dios haya ido Inspirando a los jueces desde Moisés hasta los diversos grados de nuestros días. La vida humana en concordia y libertad exige un sentido inquebrantable de sumisión a la Ley, empezando por los mandamases y por los jueces mismos. Las injusticias que estos primates cometan caerán, un día u otro, sobre sus cabezas. Caiga quien caiga, jamás ha de ser violada la ley de armonía y de paz ciudadanas, sin que a la violación se siga el castigo legal proporcionado. Los hombres que rigen los pueblos dan frecuentes pruebas de su impotencia para asegurar el abrazo de la justicia y la paz entre sus gentes. La esperanza de que un día ese ideal invada los corazones humanos, los hogares, los campos, las ciudades y los tribunales nos la da Jesucristo, que trajo al hombre su posible regeneración. Pero ésta sólo se hará realidad en los que la reciban de corazón. Francisco ARMENTIA -NJAMOS A CbNÍEéüíf? MÁS HASTA Planetario LIBERTADES DESIGUALES L A evolución de nuestra democracia resulta más sorprendente que la serie de los Colby Si ayer nos regalaba la sorpresa de que un ciudadano carente de la condición de diputado, el señor Hernández Mancha, -fuera autorizado a sentarse en un escaño de AP para asistir de cerca al póximo debate sobre el estado de la nación, hoy la eleva al cuadrado. Un presunto delincuente al que se le piden más de sesenta años de prisión podrá sentarse en un escaño del honorable Parlamento vasco para optar al puesto de lendakari La Audiencia de Pamplona lo ha sentenciado. La intriga ahora está en otra cosa. Sabemos que Hernández Mancha estará de brazos cruzados entre los diputados de su partido. ¿Cómo estará el respetable señor Yoldi? ¿De brazos cruzados o de brazos esposados? Porque aunque candidato a una alta magistratura vascona, no deja por el momento de ser un acusado de gravísimos delitos terroristas. Si el señor de Montesquieu no hubiera sido definitivamente enterrado por don Alfonso Guerra, tal vez habría oídos para oír que en sus tiempos decía que la libertad es el derecho de hacer todo lo que las leyes permiten. Idea de la que se deduce que si las leyes permiten que un reo, pendiente de sentencia, pueda acudir a un Parlamento como aspirante a la más alta magistratura de su país- l a LISTAS DE BODA A. J C. S E R R A N O 1 7 (ESQUINA A GOYA) Regalo a los novios, 10 en metálico Y t a m b i é n Menaje Hogar. Muebles. Electrodomésticos. Artículos de viaje Audiencia de Pamplona no ve inconveniente- el señor Yoldi no hace más que ejercer plenamente su libertad. Cuando no la ejercía, sino que vulneraba la de los demás abusando de la suya, era cuando contribuía al terror, cosa que, según parece, está por probar, por lo que hay que otorgarle al beneficio de la duda. En ese beneficio está el quid del problema que ahora obliga a don Felipe González a imitar al señor Gil Robles cuando en tiempos de la República hacía curiosos distingos entre acatar y obedecer. Ahora el Gobierno declara que acata la sentencia pamplonesa, pero va a hacer lo posible por invalidarla, ejerciendo, a su vez, su libertad. Si hubiera andado más diligente y los Tribunales, a su tiempo, hubieran convicto de los delitos que se le imputan al señor Yoldi, la libertad que éste va a ejercer ahora, habría sido recortada por los benéficos y justos resultados de una sentencia con sus considerandos. Pero la Justicia aquí y ahora no es sólo que tenga algunas corruptelas, como reconocía, ayer no más, el señor Hernández Gil. Es que la famosa tortuga de Zanón es un galgo comparado con ella. Y esa lentitud es lo que ahora permite a los batasuneros ejercer su libertad mofándose de una institución que niegan y desprecian lo mismo que la Constitución y el Estatuto vasco. De donde se deduce q ae Yoldi y HB disponen de mucha más libertad que el Gobierno, esté muerto o esté vivo el señor de Montesquieu. Si la política es el arte de prevenir, el Gobierno socialista carece de política. Luego le pasan estas cosas y en el patio de butacas de la nación los espectadores reímos hasta saltársenos las lágrimas. Y así es como las juergas acaban en llanto. Lorenzo LÓPEZ SANCHO