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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 22 DE FEBRERO 1987 ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCÜATO LUCA DE TENA UANDO San Juan de la Cruz interpreta, tan brevemente, sus versos: mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura e intenta aclarar: porque esta figura es la que entiende el alma, en que se desea trasfigurar por amor o cuando Rilke, en el soneto XI de los dedicados a Orfeo, escribe: Mas alegrémonos ahora por un momento de creer en la figura. Que ello basta e insiste en el XIII: Atreveos a decir a qué llamáis manzana nos acercan, si es posible, al misterio de la contemplación viva. C HACIA LA CONTEMPLACIÓN POÉTICA ¿Transfiguración, creencia, amor? La realidad física está ahí, fuera de nosotros, pero su objetividad, su representación, sus variedades concordes o discordes, su posibilidad de existencia fermentan junto a la imaginación, la intuición, el recuerdo, el pensamiento, la alucinación, etcétera, y, sobre todo, con la levadura de la emoción. Hay que tener en cuenta, naturalmente, la peculiaridad subjetiva de los sentidos y, acentuadamente, su vivacidad. Las teorías psicoanalíticas se desvían del camino fundamental, del que conduce a la creación y aún más las que se articulan en torno a la mera impresión, a la percepción de lo que es imposible conocer. Plotino busca salida a este laberinto: y cuando hemos alcanzado el objeto de nuestro deseo, se ve lo que queríamos; no era la ignorancia, sino el conocimiento de este objeto; era la visión actual por el alma; queríamos colocarlo en nosotros para contemplarlo Mas la contemplación poética es un merodeo, una especie de acoso a la totalidad de la experiencia, a su recóndita unidad a través de la multiplicidad, de la contradicción, de la inefabilidad de las sensaciones. Un poema, por lo tanto, no nace tan sólo de una visión actual de una experiencia concreta, sino de la aparición de dicha experiencia creándose en contacto con la vivencia total del poeta. Y, ¿dónde la intimidad, dónde el misterio? Jorge Guillen, en el primer poema de Cántico Más allá nos sitúa: Y por un filo escueto o el amor de una curva de asa, la energía de plenitud actúa. La curva de la lira poética no simboliza ya la fundación tópica de la armonía del mundo. Es la sencilla curva de un asa (como en los místicos) con amor, pronta al uso. ¿Uso, poesía? La esclavitud y la libertad de la contemplación residen, entre otras cosas, en el ansia de hallar la certeza única, el nudo que ate y dé sentido a tantas imágenes rotas, tanta oscura presencia, tanta vida sin tino. ¿Y la vida es imagen, es Pero aquí surge la palabra poética. Si figura El poeta necesita renunciar a la poesía es participación, mana de una su personalidad y, desde luego, a su originalidad. Quisiera entrañarse, identificar- participación que se moldea entre las cose con el objeto de su contemplación sas y su contemplación a través del lenpara renacer en él, para reconocerse en guaje, claro está que el valor de la palaél. Se entrega y huye, se pierde y se en- bra es decisivo. Se busca un resplandor cuentra al mismo tiempo, como renova- definitivo, la representación cierta, el codo. De aquí el vértigo, el peligro que es nocimiento único, repito, como comenté fracaso y triunfo, que puede ser aroma y ya hace tiempo. Del mismo modo que el tufo amasados, del proceso creador, si poema descubre el proceso mismo de la es que se cumple. La evidencia de la experiencia de la cual es objeto, el lenrealidad le invade, y sus límites, sus re- guaje poético no se puede extraer de la lieves le anonadan; pero también le dan participación que realiza. Las palabras conocimiento, además de tantas sensa- funcionan en el poema no tan solo con ciones peculiares, personales, pasajeras su natural capacidad de decir, de signifio no, pero siempre vibrando, aún invo- car, sino, en un grado central en la direcluntariamente, en el espacio de su espíri- ción de su actividad en el conjunto de los tu, de la corporeidad de su ser. Lo que versos. Por eso son insustituibles. Por es transfiguración intenta cuajar en confi- esta razón, también, el área de significaguración. Insisto en ello: la relación entre ción de la palabra en los poemas auténtilas múltiples huellas de las cosas y su cos es enorme y su núcleo de referensecreto tienden hacia un momento vigi- cias de una inmensa y sorprendente valante en el cual se han de establecer, sin riedad y feracidad. Es la meta y el origen fugacidad. Es la aventura de la contem- de la contemplación poética: la de llegar plación hecha acto. Lo que no quiere de- a ser la palabra verdadera Goethe cir irracionalidad, sino invención, en el asegura: Si conozco la relación conmisentido etimológico de descubrimiento, go mismo y con el mundo exterior, llamo sorpresa. Por eso la desorientación radi- a eso verdad. El medio, pues, para local en que se encuentra el poeta. Si su grar tal verdad es la palabra. Y los nivemisión es poseer, expresar un alma tan- les que el lenguaje alcance para expregible, ¿qué es esa presencia de las for- sar tal relación conforman los diversos mas sin unidad? ¿Dónde se halla ese estilos. centro, ese latido en que han de confluir Desbordan el cauce de esta página los tantos pulsos sin vena? ¿Fuera, dentro? Juan Ramón Jiménez, en el poema de tí- comentarios sobre el idioma como resutulo revelador, Rosa íntima rectifica men de lo que he denominado la contemplación viva así como los necesasus versos anteriores: rios acerca de la moral, no como espejo o faro, como moraleja o propaganda, (Todas las rosas son la misma rosa, sino como radical elemento integrador de ¡amor! la única rosa... la plenitud de la creación poética y de la Y todo queda concentrado en ella, persona completa. Otra vez será. breve imagen del mundo. ¿Para qué tanta teoría en pildoras, Y se interroga: tantas preguntas sin respuesta válida? ¿Igual es una rosa que otra rosa? Ahora estarán floreciendo los almendros ¿Todas las rosas son la misma rosa? en las suaves colinas rojizas cercanas a Sí (pero aquella rosa... Toro. Allí, a media ladera, crece aquel, La respuesta es inevitable. El poeta no de hoja malva. Es el mío. El lo sabe. es un razonador, sino un cantor. En su Ojalá no le cieguen las heladas tardías. pensamiento está su canto, y viceversa. Claudio RODRÍGUEZ No son distintos, según creo, la contemplación y el pensamiento poético: estamos ante uno de los conflictos más ricos y esenciales del proceso creador. Porque, y volvemos al viejo sofisma, ¿el poeta es, simplemente, un forjador de imágenes un ilusionista, en fin, un mentiroso que nos ofrece simulacros haciéndolos pasar por la realidad misma?