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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 13 DE FEBRERO DE 1987 ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A vida de Mariato en la convivencia, no José de Ladel lenguaje vulgar, rra (1809- 1837) a p l e b e y a d o soez, fue muy breve: no llesentimos que no ha gó a cumplir los veinpasado un día. CuanCiento cincuenta años se cumplen hoy de la muerte de Mariano José de Larra (1809- 1837) Fue el maestro del costumbrismo romántico español, pero también fue más: la mayor figura de do se duele de que tiocho años. En esto nuestro romanticismo, el gran precursor de toda la literatura contemporánea sobre el tema de tantas cosas sean inno fue demasiado exEspaña, y un angustiado ante las grandes cuestiones sociales y existenciales. Desde los esferiores a las de otros cepcional en la época critores del 98 hasta nuestros días, la personalidad y la obra de Larra han ejercido hondo países- o a lo que romántica, tan llena influjo sobre nuestras letras. Además de este artículo de Julián Marías, el lector encontrará un podrían y deberían de muertes tempracuadernillo en páginas centrales con trabajos de Ricardo Guitón, Francisco Nieva, Rafael Las e r- la indignación nas, en que la longepesa, JoséLuis Várela, Juan Barranco, Miguel García- Posada, Lorenzo López Sancho, José María que su prosa lleva revidad era excepcional; Merino, Mauro Armiño, Eduardo Tijeras, Florencio Martínez Ruiz e Ignacio Ruiz Quintano. suena en la nuestra. pero Larra se dio a sí Sobre todo, cuando se entremece de horror sus primeros veintiocho años escribió Momismo la muerte, y movido, al menos en y repulsa ante la discordia en que pasó ratín; pero lo mejor de los escritos de éste parte, por una pasión amorosa; esto configran parte de su vida, en la ruptura de la no eran conocidos ni tuvieron influencia: rió un toque de romanticismo expreso a su convivencia, en las luchas estúpidas y eran sus anotaciones privadas, sus diarios, figura, que ha servido para ciarle una aucrueles, nos vienen a la memoria tiempos sus cartas; creo que su falta de publicidad reola de emoción, que siempre ha reforzano muy lejanos, y a la imaginación la posihasta muy tarde, y siempre mínima, retrasó do la energía de sus escritos. bilidad de que lleguen a algo semejante alen medio siglo el desarrollo de la prosa esHay que añadir que, en plena juventud y gunos síntomas que pueden advertirse pañola, que hubiera podido anticipar el nien una situación española difícil, entre los aunque no se tenga la perspicacia de Lavel que alcanzó entre los autores de la geúltimos años de Fernando Vil y los primerra. neración del 98. ros de la guerra carlista, Larra tuvo éxito, En Larra se encuentra, palpitante en esa Todo esto es admirable. ¿Por qué, enfue admirado, leído y, a diferencia de lo prosa nerviosa y estremecida, una pasión tonces, esa dosis de descontento, que seusual, sus escritos se pagaron a alto prelúcida- l a pasión no quita conocimienría insincero ocultar? Larra tiene particular cio. Y esa atracción, intensificada por el to que permite lo que no era muy freagudeza para los males, las limitaciones, dramatismo de su muerte, se ha mantenido cuente en su época: entender. ¿Qué? Las las caídas. A fuerza de ver con nitidez los durante siglo y medio, con una cima en ios cosas de la vida, las costumbres, las limitaagujeros, se le escapa la realidad de la años juveniles de ia generación del 98. ciones, los males que nos acechan, las escual son agujeros, sin la cual no los habría. ¿Por qué? ¿Qué han encontrado en Larra peranzas que nos sostienen y que tantas Hay un artículo suyo que es la crítica- presus contemporáneos, qué han seguido enveces se frustran. Sobre todo, el objeto de via, porque es de los más antiguos- de contrando tantas generaciones hasta hoy? su más honda y permanente pasión: Espabuena parte de los demás: el que publicó No las mismas cosas, por supuesto. Los ña. La preocupación de España esa en la Revista Española el 30 de abril de grandes románticos fueron sobre todo poeconstante de nuestra historia, es el sentido 1833, con el título En este país En él tas; Larra apenas lo fue: ni lírico, ni épico, de la obra entera de Larra; por eso volvieprotesta con gran agudeza e ingenio de los ni dramático (salvo Macías, drama bastante ron a ella con fervor los jóvenes escritores que sólo ven lo malo, de los que no tienen olvidado) Una nueva forma de épica- r o de comienzos de nuestro siglo, que veían ojos más que para los defectos, de los que mances del duque de Rivas, leyendas de en Fígaro un hermano mayor muerto antes no ven las mejorías, de los que comparan de tiempo. Ese dolor entusiasmado, esa Espronceda y Zorrilla- y un teatro poético despectivamente a España con países exquejumbre mezclada con amor, nacida de que significaba un rebrote del clásico del tranjeros que no conocen y suponen que él, ese aparente desdén hecho de apego siglo XVII, puesto a nivel -entre La conen ellos todo es perfección. irremediable, es la sustancia misma de Lajuración de Venecia, de Martínez de la Pero pronto olvida esta actitud, se vuelve rra, lo que tantos hallaron en él y seguimos Rosa, en 1834, y Traidor, inconfeso y mára lo que le duele, lo desazona, lo inquieta. encontrando al cabo de tan largo tiempo. tir, de Zorrilla, en 1849- fueron las mayoSe va oscureciendo su horizonte, lo va inSiempre he leído a Larra con interés, con res creaciones del Romanticismo en Espavadiendo la desesperanza- m á s temible admiración, a veces con entusiasmo; pero ña. El carácter esencialmente actual del que la desesperación- Probablemente en con todo ello se mezcla una veta de desteatro hizo que el de los románticos se un acceso de esta última procuró escapar contento, una resistencia que impide la admarchitara pronto, con la excepción, que por medio de una pistola a la primera. hesión sin restricciones, la simpatía profuncada vez me parece más interesante, de Esto es lo que me perturba al leer a Lada que experimento al leer a Cervantes, Don Juan Tenorio; y en los últimos decerra. Admiro todo lo que veía, lo que exprepara no buscar ejemplos cercanos. La ranios se ha producido una pérdida de vigensaba tan incisiva y certeramente, con un inzón no es enteramente clara, pero voy a incia social de la poesía, que ha puesto entre genio que hacía reír a los que no se paratentar entenderla. paréntesis y casi relegada al olvido la roban a llorar. Pero echo de menos lo que no Larra era extraordinariamente inteligente, mántica. veía, lo que se le escapaba. La España en agudo, perspicaz; innumerables veces tiene Larra era prosista, y apenas de ficción que vivió, estremecida de pasión, con un razón y ve las cosas con extraña lucidez: -e s secundaria su novela El doncel de don entusiasmo dolorido y escéptico, pero real; esto es quizá lo que más fuertemente Enrique el Doliente- su género literario con una capacidad para el valor y el heatrae. Tiene un ojo implacable para los maera el artículo de periódico, a veces lo que roísmo que hoy nos asombra, con una les de España, para los defectos de los esse llama ensayo. En él contaba decisivafuerza del amor y un afán de libertad que pañoles. Más aún: para las tentaciones de mente lo que decía, es decir, sus opinionos parecen altas formas de vida, queda los españoles. Por eso su obra, a pesar del nes, tesis, pensamientos. Pero lo primero para Larra cubierta por tantas cosas negatienorme cambio de las circunstancias, conque hay que decir es que era un gran esvas, verdaderas sin duda, pero relativaserva una extraña actualidad. Porque las critor, y por eso se ha salvado: no hay otra mente secundarias, y no se apoya en el tentaciones persisten, reaparecen, época torso de lo real para intentar ir más allá. La manera de que lo que se dice siga vivientras época, acentuadas en algunas. Cuaninteligencia de Larra era sobre todo agudo. La prosa de Larra es espléndida: brido leemos su amarga crítica de ia ineficadeza y arte de ingenio hay otra forma sullante, expresiva, ingeniosa, concisa, apacia, del aplazamiento constante, del desinperior: aquella que consiste en abrirse a la sionada. Sus géneros literarios lo obligaron terés por hacer las cosas bien, nos parece realidad, dejarse penetrar por ella, no pera la brevedad, lo libraron de la peor tentaestar leyendo el periódico de esta mañana der nada de lo que tiene y alumbrar lo que ción de su tiempo: la verbosidad, la prolijio, lo que es peor, oyendo el comentario de puede tener. dad, el tejido adiposo. Podría decirse que lo que nos acaba de pasar. Cuando habla la prosa de Larra es la mejor de la primera con doloroso escarnio de la chabacanería, Julián MARÍAS mitad del siglo XIX, si no fuera porque en de los modales zafios, de la falta de respede la Real Academia Española L ¿QUE ENCONTRAMOS EN LARRA?