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JUEVES 12,2- 87 ENTREVISTA ABC 61 que el Papa frena el Concilio ¿H a dudado alguna vez, ibraya sufe en una Igle- momentos difíciles, del amor en de ai gran liberadora de losDios? -No, porque si hay una realidad incia de involución fundamental es que el cristiano no puede nunca perder la esperanza. ¿Cómo pensar que el Creador de este mundo maravilloso ya no se interesa por lo que ha creado? Si nosotros, pobres hombres, tenemos amor a las cosas que hacemos, ¿cuánto más no tendrá Dios hacia lo que El ha hecho? Es ingenuo y ridículo pensar que el hombre podrá destruir la obra de Dios. -L a teología de la liberación se ha visto envuelta en una gran confusión. El Papa la ha aprobado, porque si no se radicaliza es una verdadera teología católica. La primera liberación es la que el hombre ha recibido de Dios. Es maravilloso que el Hijo de Dios venga a la tierra y que reciba un cuerpo igual al nuestro y que haya aceptado sufrir y morir por nuestros pecados; esta liberación no puede ser olvidada, la liberación eterna del pecado y de las consecuencias del pecado. Pero, ¿qué padre de familia acepta honores y regalos de quien está maltratando a sus hijos? Puedo decir, y esto es doctrina de la Iglesia, que es imposible que el Señor acepte adoración de aquellos que no hacen nada por los que sufren. Cristo ha dicho que el primer mandamiento es amar a Dios y en seguida añade que hay otro: amar a loé hermanos, y que én ésos dos está toda la Ley y ios Profetas. Hay que amar a Dios y amar a los hermanos, a los hijos de Dios. Hermano de los pobres Cuando Juan Pablo II visitó Recife, todos los ojos de los periodistas y de la multitud estaban pendientes de la actitud que el Papa mantendría con el obispo Helder Cámara, al que las malas voces presentaban como distante del Papa, como obispo rojo y cristiano por libre. Y tal vez por eso asombró más el cordialísimo abrazo en el que Papa y obispo se fundieron y las palabras con las que el Pontífice presentó al obispo brasileño como hermano de los pobres y queridísimo hermano mío Nacido en 1909 de una humilde familia (contable su padre y maestra de escuela su madre) soñó ya desde muy pequeño en ser sacerdote. Su padre, ho practicante, se oponía a ésta vocación. Pero vista la tenacidad de su hijo le dijo un día: Mira, hijo: sacerdote y egoísta son cosas que no pueden andar juntas. Es una aberración un sacerdote egoísta. No hay sacerdotes en teoría. Si quieres ser sacerdote, tendrás que serlo para Dios y para el prójimo. Esta frase de su padre fue decisiva para el joven Helder. Tras algunos devaneos juveniles con la Acción Integrista Brasileña, comenzó a trabajar en la curia de Río de Janeiro y fue nombrado no mucho más tarde obispo auxiliar de la misma diócesis. En 1956 fue trasladado a una de las más pobres diócesis del Brasil, la de Recife, donde se entregó apasionadamente al servicio de los más pobres. Su voz fue, en este campo, fundamental en el Concilio Vaticano II, en el que realizó un papel muy especial: prefirió trabajar fuera del aula y agrupó en torno suyo a un grupo de obispos de todos los continentes, con los que promovió la idea de la Iglesia de los pobres que tanta importancia ha tenido en la acción social de la Iglesia postconciliar. Jubilado hace dos años (al cumplir los setenta y cinco) de su diócesis de Recife, se ha convertido en un peregrino de la justicia y recorre el mundo anunciando la revolución pacífica de los humildes. Su labor ha sido reconocida con más de veinte premios internacionales. La Iglesia es nuestra madre ¿No ha sentido nunca el deseo de abandonar la Iglesia porque se sintiera incomprendido por ella? -No, la Iglesia somos nosotros. Nos debemos ayudar y ayudar a nuestra madre la Iglesia. -Debemos hacerle juntos Nuestra fuerzaes Cristo y son los sacramentos: En cuentro siempre una buena voluntad enorme en la Iglesia, aunque ésta es santa y pecadora. Por Hoy es imposible decir que la religión no trabaja con el pueblo que sufre. Hay que preguntarles a ellos y contestarán que la Iglesia es la gran liberadora Me gusta muchísimo Juan Pablo II. ¡Es tan incomprendido! ¡Y tan grande! Su deseo es que la Iglesia esté siempre cerca de los que sufren A nosotros nos cabe la responsabilidad de completar la creación muy justificado: Al servicio de la comunidad humana, una consideración ética sobre la deuda internacional. Es un resumen perfecto. Me gusta mucho comprobar que, a pesar de nuestras flaquezas, la gran preocupación de la Iglesia de hoy es llegar a un mundo más humano y. más justo. Los jóvenes me han enseñado que cuando los problemas son imposibles de resolver, entonces el desafío se vuelve apasionante. En este momento, a trece años del año 2000, en Brasil hay un deseo enorme de llegar a ese momento sin personas que estén siendo aplastadas. Lo que me da una gran alegría es que los que están siendo aplastados no dicen: Ya basta de ser oprimidos, vamos nosotros a hacer ahora lo mismo. Queremos llegar al año 2000 sin aplastantes ni aplastados; queremos un mundo de hermanos, todos hijos de Dios. ejemplo, me gusta muchísimo Juan Pablo II. Es tan incomprendido! ¡Y tan grande! Lo conozco muy bien; conozco sus sentimientos más íntimos. Su deseo es que la Iglesia esté siempre cerca de los que sufren, orientada con preferencia hacia ellos. ¿No ha tenido miedo nunca? -Una vez me hizo esa pregunta el Papa Pablo VI y yo le contesté que ofrecer la vida por la paz del mundo era un privilegio. Además, cuando Dios te pide el martirio, te da la fuerza, no hay que preocuparse. Además, para la lucha pacífica es una riqueza, porque si uno cae se convierte en una bandera, como ocurrió con Luther King. Yo les he dicho muchas veces: Si me quieren matar, mátenme, pero por lo menos respeten la verdad. ¿No puede convertirse la teología de la liberación en una justificación a la violencia? ¿Hay involución en la Iglesia? -No, de ninguna manera. Es injusto decir que el Papa Juan Pablo II frena el Concilio; no es verdad. Me ha dicho: Circule alrededor del mundo y siempre que pueda, pase por aquí. Cuando voy le cuento todo y debo decir que siempre me anima a seguir, y no sólo a mí. Puedo decir que hoy, más que nunca, la Iglesia tiene el deseo de ayudar a crear una Humanidad que responda al plan creador del Padre, al plan de salvación y redención del Hijo y al trabajo del Espíritu Santo. No hay miedo de involución, aunque la Iglesia es lógico que no pueda aprobar las radicalizaciones, pero excepto éstas, la Iglesia desea tanto, tanto, tanto que se cumpla el deseo de Dios: una sola familia en torno a un único Padre. Santiago MARTIN