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18 ABC OPINIÓN JUEVES 12- 2- 87 Panorama Si UN JUEZ TE Í 0 RPA 6 NDE PUEDES ACABAR EMZA CÁR L. LA GROA, ESE LOBO FEÜOI JUEZ 6 U ACTiTUD V TE U t E 8 AR V R EN EL I v 5 oHo: ¿6 eme A UN JUEZ S E está creando al conductor madrileño una psicosis lindante con el terror, de lo que no creo se desprenda beneficio alguno. El último torniquete aplicado a su cerebrc consiste en sacar de sus cubiles a las grúas los sábados y domingos, días en los que hacían la digestión de las víctimas de los restantes de la semana. Me temo que esa medida se debe más a la voracidad fiscal que a las necesidades del tráfico. Madrid, esas cuarenta y ocho horas, se despuebla en beneficio de las urbanizaciones que lo circundan, se rejuvenece y vuelve a 1950, cuando se sabía de fijo que uno podía detenerse en el portal mismo del dentista. Los sábados y los domingos es una ciudad si no vacía, apenas conflictiva, que ahora se disponen a recorrer, con ese vago perfil de animales antediluvianos las grúas, las carniceras grúas, con sus dentadas fauces prestas a engullir al infractor, aunque sea leve, de las ordenanzas municipales. Que no se me suponga empujando a nadie a la indisciplina: nada más lejos de mi ánimo que eso. Hay, en efecto, mucho anarquista circulando a derecha e izquierda, saltándose los semáforos, acampanándose sobre los vehículos ajenos, reduciéndolos a la inmovilidad, y esos merecen el castigo de las multas por parte del Ayuntamiento y hasta de los soplamocos por parte de los inmovilizados. Pero la verdad es que en esos dos días- sábados y domingos- regía una especie de statu quo en virtud del cual ciertas zonas o espacios vedados dejaban de serlo sin quebranto para terceros. El conductor respiraba de su atormentado jadeo, encontrando, por fin, un rincón en el que desembarazarse de su máquina. Durante casi todo agosto pasaba lo mismo, y uno de los atractivos del verano en Madrid, del Badén Badén de la época de Silvela, consistía en eso, en que hasta Fuencarral y Hortaleza parecían autopistas. Pero ahora se está convirtiendo en una ciudad inhabitable para el automovilista o, si se prefiere, el automóvil en un instrumento inútil para el madrileño, cuyos colectivos medios de transporte dejan mucho de ofrecerle una sustitución compensatoria. Y lo cierto es que no es suya la culpa de que el urbanismo de la capital haya brillado siempre por su ausencia, ni de que se haya permitido- irresponsablemente- levantar edificios de innumerables plantas en las últimas décadas sin las plazas de garaje necesarias. Así, Madrid es, lisa y llanamente, eso, un garaje, con los coches formando una magma de vario colorido que cerca las calles, que las anilla, sin más espacios separadores que los muy escasos para la maniobra de despegue y atraque. A Ricardo III, rodeado de enemigos y en peligro de muerte, se le atribuye la desesperada frase: Mi vida por un caballo. El madrileño, uno por cada cuatro, de acuerdo con las estadísticas, cabalga sobre cinco, o siete, o doce, o veinte, según su fortuna. La frase que le asemeja un poco al héroe de Shakespeare es ésta: Mi vida por un aparcamiento. Joaquín CALVO- SOTELO de la Real Academia Española Contraventana TODO EL AÑO ES CARNAVAL E L fraude del subsidio de desempleo se ha destapado. Se adivinaba, detrás de la careta, pero bullía en el disimulo y bajo el jolgorio de la fiesta. El mercado negro de la venta de peonadas, ¿sabe usted? se mueve con mucha cautela y aprovecha su propia oscuridad. ¡A ver cómo nos explican ahora esta carnavalada! Cuando las voces de la prudencia recomendaron poner coto a este sucio negocio, no se referían para nada a Doñana. Eso que quede bien claro. El exterminio de los patos se produjo a la salida de otro carnaval y la calle de los estudiantes ha decidido levantarse, con disfraz y sin disfraz, en cualquier época del año. La manifestación corre tapada de pasamontañas los rostros de su organización. Los agitadores ya no encuentran guardias por delante con el fin de evitar tentaciones y no procurar motivo de provocación decía un experto por la radio) La escala completa de la docencia se echa al escenario para quitarle la careta al señor ministro del ramo. Hierve Melilla. Se amontonan los problemas. Se recogen las consecuencias de tanta incapacidad política y tanto desconcierto. Clama la razón de una provincia española desatendida... Y Solchaga vuelve a titubear, se le nota nervioso cuando explica la asignatura de Hunosa en la Carrera de San Jerónimo. Las cosas como son: por esos alrededores ya se han dado varias carreras, mientras la clase política habla y habla. Por allí mismo danzaban los carnavales la mañana de aquel martes, hace ciento cincuenta años, cuando Mariano José de Larra se miraba en el espejo y preparaba el pistoletazo final. ¿No ha visto usted lo que se trae entre manos el socialista Torner? Como no llevaba antifaz, le han dado el alto. A las puertas de un carnaval alucinante, ha sido sorprendido con un maletín de droga en la mano... Los calzoncillos del diputado liberal en los almacenes de Londres, los revuelos de las concesiones para administrar ventas de lotería y los enchufes a puro dedo son pequeñas minucias de la algarada festiva. Los doscientos millones de pesetas del teniente coronel ya precisan aclaración más despacio. Todos los días, atracos. La refriega del furgón blindado dejó dos heridos en el barrio del Pilar y una fuga de ladrones. Seguramente andarán disfrazados, con los demás. Han matado a un farmacéutico de Ventas, después de quince intentos anteriores. El objetivo, sin máscara alguna, es desvalijar... La familia se encuentra acosada, en todos sus frentes, y Ledesma insiste en llevar más allá el aborto, pese a la advertencia de los jueces. Miren ustedes: los sindicatos anuncian juerga de movilizaciones, un carnaval completo de protestas, y en las Vascongadas siguen buscando la luz de unas elecciones que va para cuatro meses desde las urnas y el recuento de papeletas. Eso sí: la estrategia centrista afila sus uñas y se prepara. ¡Al ataque y fuera máscaras! Aquí vamos a terminar concociéndonos todos. Liberal en política y romántico en literatura, Larra se asomó un martes de carnaval a la calle de Santa Clara. Desde que ganó y perdió- y cómo, ambas cosas- su credencial de diputado, desde la página dolorosa de su época, venía mostrándose lúgubre y envenenado. Aquel día había comprado violetas y camelias blancas. Las risas del carnaval subían y zumbaban por las cuatro esquinas. Una llovizna fina ponía el paisaje de febrero. En el escenario, el quinqué de bronce y la mesa- escritorio de caoba. Guardaba en la mesilla de noche una caja amarilla con dos pistolas cargadas. Lo justificaba la inseguridad de la época. Un resumen de desvarío Fígaro, qua. Fígaro, la. Figaro, que apareció junto al velón de metal, el espejo de marco dorado y los libros de ¿terne, Lamennais, Montesquieu y Quevedo. Todo Quevedo... Con la mirada en el carnaval, Mariano José apretó el gatillo. La mitad del tiro se lo pegó por el dolor de Dolores. La otra mitad, por el dolor de España. Luis PRADOS DE LA PLAZA WÜiitH