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MIÉRCOLES 4- 2- 87 CIENCIA Y FUTURO A B C 53 raerá consecuencias imprevisibles lad y e! amor dependen de su bioquímica nen nuestros movimientos. De modo parecido podemos seguir desarrollando los ordenadores, pero utilizando ja inteligencia y los valores de la mente humana. Las máquinas pueden y deben ayudar al cuerpo y al cerebro del hombre, pero somos nosotros los que tenemos que dirigir sus actividades. -Pero es posible la comunicación entre hombre y máquina, entre ordenador y cerebro. Creo que usted ha hecho algunos experimentos al respecto... -Puede decir que se ha logrado conectar directamente el cerebro con el ordenador realizándose un mutuo cambio de información. Este experimento lo realizamos con un chimpancé llamado Paddy que estaba equipado con un estimoceptor para enviar por telemetría la actividad cerebral de sus núcleos amigdalinos derecho e izquierdo a una habitación adyacente, donde se recibían estas ondas, se grababan en cinta y se analizaban automáticamente mediante un computador análogo. Los resultados mostraron que en breves horas cerebro y computador se comunicaban. Entonces desconectamos el computador, y dos semanas más tarde tanto el electroencefalograma como el comportamiento de Paddy volvieron a la normalidad. El experimento fue repetido varias veces con resultados análogos, lo cual apoya la conclusión de que puede establecerse comunicación directa entre el cerebro y el computador, sin intervención de los órganos sensoriales normales, sugiriendo además que es posible el aprendizaje automático sin actividad consciente mediante el envío de señales directamente a determinadas estructuras neuronales. La comunicación directa de cerebro a cerebro, sin la intervención de los sentidos, por medio de la ayuda bioelectrónica, está también dentro de las posibilidades inmediatas: La realidad, que parece un poco ciencia ficción, tiene inmensas posibilidades aún no desarrolladas para ayudar y asistir a un gran número de enfermos que sufren innecesariamente, y para conocer y modificar la estructura más íntima de nuestra personalidad y de nuestras acciones. Siendo mucho lo ya realizado, podemos esperar aún mucho más en el futuro próximo: el desarrollo de la microelectrónica inicia una nueva revolución no sólo industrial, sino también médica y biológica. Es por ello por lo que me atrevo a decir que el hombre del siglo XXIII será bastante más diferente de lo que hoy somos nosotros del antepasado de la Edad de Piedra. El cerebro humano ya ha dejado de ser algo desconocido, una incógnita, y ahora tengo confianza en que sea la inteligencia del hombre la que dirija su propia evolución. Para ello es necesario adoptar una actitud no robótica y dar al individuo la libertad de la inteligencia. Etica e investigación 1 zas. No nos enteraremos. El cerebro de una persona adulta de hace cincuenta años no tenía información sobre televisión, cápsulas espaciales o energía atómica y carecía de capacidad inteligente para resolver problemas, y ni siquiera podría conversar sobre estos temas con un niño actual de diez años. Es más, nuestra identidad personal, incluyendo ideologías, creencias, habilidades artísticas y muchos otros aspectos de nuestra conducta depende del aprendizaje. Si nunca hemos visto un piano va a ser difícil que podamos tocarlo. El cerebro, como el ordenador, necesita un sistema referencial, un banco de datos y de reglas dadas previamente para poder comprender y manejar la realidad presente. Cerebros y ordenadores han de ser preprogramados para que puedan funcionar. Las señales en el cerebro circulan con relativa lentitud. En pensar y decidir tardamos segundos o incluso más tiempo. El ordenador es rapidísimo, con velocidades de microsegundo y aún más deprisa. El ordenador es superior en cálculos matemáticos y temas concretos, pero no tiene la flexibilidad ni la capacidad del cerebro para manejar la inmensa cantidad de datos dispersos que significa la experiencia personal. La mayor diferencia estriba en la posibilidad humana de sentir, de emocionarse, de apreciar los valores estéticos del arte, y sobre todo de saber reír y gozar, de tener sentido del humor. Por mucho que avancen las máquinas inteligentes, existen límites que nunca podrán superar por la sencilla razón de que no están vivas, porque están diseñadas por cerebros humanos, porque su estructura y funcionamiento obedecen a concepciones muy diferentes de la Neurobiología. Un automóvil mal utilizado puede destrozar la vida de las personas, pero la culpa no es de la máquina, sino de la falta de pericia y de cuidado del conductor. Hay que seguir perfeccionando los automóviles sin temor a que orde- A partir de ahora, el hombre podrá planear inteligentemente el futuro La crisis quevive el ser humano se mamfiesta en su cerebro La agresividad puede ser aumentada o inhibida mediante estímulos eléctricos Al hablar de la posibilidad de influir eléctrica y químicamente sobre las funciones mentales es inevitable plantearse ciertos problemas éticos que surgen con frecuencia en cuanto a las investigaciones de todo tipo que lleva a cabo el hombre. Todos estamos de acuerdo- dice el profesor Rodríguez Delgado- en que la manipulación coercitiva de cerebros, mentes o ideas por procedimientos físicos, químicos o psicológicos es indeseable. Entendiendo por coerción lo realizado en contra o al margen de la voluntad del individuo. Como excepción, medidas coercetivas pueden ser necesarias para el bien de la comunidad, como por ejemplo las de castigar y privar de libertad a malhechores que atentan contra la vida y propiedades ajenas. Lo que conviene precisaf son los factores que ¡ntervinen en la estructuración mental de cada individuo y en la preservación de su identidad personal. También conviene aclarar qué es lo que entendemos por normal natural digno y humano El problema es que una serie de conceptos que parecían muy claros en el pasado se han complicado con los avances de la Medicina. Por ejemplo, habitualmente es fácil decidir si una persona está viva o muerta, pero existen casos de hemorragia cerebral con persistencia de la vida vegetativa corporal y ausencia de funciones mentales que pueden prolongarse durante años. Julia GONZÁLEZ L