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MIÉRCOLES 4- 2- 87 CULTURA Un soldado con vocación de humanista ABC 45 Manu suatenebat gladium Los profanos en la Milicia y aficionados únicamente a ver desfilar la vida sabíamos que don Manuel Diez- Alegría, al que seguíamos por su condición de intelectual tanto y más que por sus entorchados militares, estaba siempre en situación de disponible Creo que se trata de una situación- bis deí Ejército, una situación concreta, pero, sobre todo, una categoría moral, una actitud de entrega permanente. Disponible para otear los vientos de la democracia, disponible para viajar a Rumania y no precisamente en visita a la doctora Asían, disponible para impetrar en Nigeria la libertad del capitán Pecina, disponible para el servicio leal y abnegado a ia Monarquía. Premisas en verdad de todo humanista que se precie. Y él lo era, más allá dei simple teórico o estratega que aplica códigos con fatalidad de relojería suiza. Se doblaba de escritor y de soldado o de soldado y de escritor- algo de gran tradición en la España de Garcilaso y de Cadalso- y su persona menuda, pero que en absoluto podría juzgarse insignificante, escapaba limpiamente de su fantasma, humanizando la parafernalia de su personaje Uno lo vio un día y otro día tomarse su frugal almuerzo en la barra de un drugstore de Velázquez y hojear luego los stands de las novedades editoriales, antes de ingresar, sencillo y fuera de protocolo, en la masa humana de la calle. Así se introducía también, sin excesivo aparato, en los grandes centros militares de Europa y América. Y, sobre todo, en los ambientes intelectuales y culturales- l a Academia de Ciencias Políticas o la Academia Española- con el solo fin de acodar dos extremos sólo aparentemente inconciliables: el Ejército moderno y la sociedad en expansión. En realidad, las Letras y las Armas, al margen de cualquier tufifo dieciochesco, rampaban en el escudo de su corazón. Y se hacía letra segura en cada uno de sus libros que prolongaban esta inquietud. Hombre de sólida formación integral- -simultaneó la carrera de Derecho con los estudios de la Escuela Superior de Guerra- de talante liberal y abierto, gran conversador y receptor, su llegada al sillón G -e n sustitución de José María de Cossío- desplaza- Sentido de la profesionalidad El general Diez- Alegría era realmente un hombre excepcional. En una rápida semblanba, por eso, cualquiere coyunturalismo oporza como la que ahora se me pide, destacaría tunista. Era lo que se dice un empedernido en él, quizá como característica más acusada lector y un melómano indeclinable, así como y definitoria, un sentido de la profesionalidad un experto catador de la buena pintura. Momuy adelantado en relación a su época. Su delo de sus virtudes de escritor y de estilista, conocimiento de los idiomas, por ejemplo, le campan en su compromiso cabal con la Milipermitió aceptar numerosas invitaciones a vicia y con la tradición literaria, demostradas en sitar Ejércitos extranjeros, visitas que le prosu discurso de ingreso en la Docta Casa porcionaban una idea de la realidad fuera de trayendo a! retortero a ocho grandes personanuestras fronteras y de los cambios de todo jes, representativos de la cultura militar, de la orden que los avances tecnológicos estaban vida española. imponiendo. Este sentido de la dinámica, que La historia literaria dei siglo XIX le debe él pulsaba, era posiblemente lo que te difeeste capítulo importante por ei que un puña- renciaba de otras personas de su nivel. do de militares fueron rescatados del olvido: Supo granjearse un enorme prestigio en el el comandante Villamartín, filósofo de la gue- extranjero por su amplia cultura y conocirra; Banús, tratadista de arte militar; Muñiz de mientos profesionales. Era un verdadero y Tarrones, moralista; almirante, lexicógrafo y auténtico intelectual, en el más amplio sentibibliófilo militar; el marino Fernández Duro, do de la palabra, y concedía a las personas experto en cuestiones de técnica naval; Ro- de su entorno, a sus colaboradores, la natudríguez de Quijano y Arroquía, geólogo y ralidad de su trato y confianza. geógrafo militar; Gómez Arteche, historiador Yo estuve a sus órdenes cuando él era jefe militar. Y, finalmente, Barado, que destacó del Alto Estado Mayor, y recuerdo que un por su contribución a una incipiente sociolo- día, al mes o poco más de ir yo destinado, gía militar. me llamó su ayudante y me dijo: El teniente Incluso en su libro Ejército y sociedad general quiere verte. Yo no le había tratado entre los temas dedicados a la estrategia de nunca, a pesar de proceder del Arma de Inla guerrilla o la intervención de los militares genieros como él. Fui con la natural reserva, en los conflictos estudia amorosamente un además, pues yo era entonces teniente coroasunto que le es querido: la novela histórica nel. Entré en su despacho y allí estaba discudel siglo XIX como clarificación de las relacio- tiendo un asunto con otro general. Me hizo nes entre los militares y la sociedad civil. Con sentar y yo permanecí callado, como la pruayuda de Galdós, Valle- lnclán o Baroja, de- dencia aconsejaba. Al cabo de unos minutos mostró Diez- Alegría una mentalidad respetiva solicité permiso para opinar, pues el tema en y dinámica, pero, sobre todo, una sólida base discusión lo había trabajado y preparado yo. cultural. Me dijo: Naturalmente, para eso le he hecho Para el general desaparecido, la cultura era llamar y no para que vea cómo se pelean dos tanto como diálogo, en épocas convulsa- ¿y generales: usted ha dedicado a este asunto cuáles no lo son? -son la mejor vacuna con- ocho horas al menos y no pretenderá que notra la violencia. Si la Academia- como decla- sotros sepamos tanto como usted en quince ró en su momento- era una manera de coro- minutos. Todo ello con la mayor naturalidad nar su vida, la muerte es, pese a nuestro do- y sin hacer valer ni sentir su condición de jefe lor, la única manera de coronar una obra. La superior en el momento de opinar. obra de quien ahora, con su pase a la reserCreo, sinceramente, que el Ejército, en geva queda instalado definitivamente entre los neral, y el Arma de Ingenieros, en particular, grandes ingenios españoles de este siglo. pierden con él una figura difícilmente repetible. Eduardo ALCALÁ Francisco VEGUILLAS ELICES MANUEL OSEZ ALEGRÍA Le definieron en su vida de soldado y de intelectual la inteligencia crítica, la mesura, el sentido dei honor y el de la propia estima. Sirvió a España desde su brillante carrera militar y, también, desde sus aportaciones al mundo de la cultura. El teniente general Manuel Diez- Alegría respondió a! tipo de soldado que se encuentra a menudo en nuestra tradición histórica y en la de las naciones fundadoras de Occidente; tipo en el que se da un equilibrio justo entre la acción y el pensamiento, entre el servicio de las Armas y la presencia en el mundo de las Letras. Por eso se le encomendaron también, en un determinado momento, responsabilidades en el servicio exterior del Estado, como embajador de España. Maestro de la estrategia Tuve el honor de tenerle como director del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) cuando yo era profesor del mismo; pero mi amistad con él se remonta a muchos años antes. De esa época recuerdo que era un hombre muy completo en todos los órdenes y, sin duda alguna, uno de los militares más cultos que hemos tenido en España en este siglo. Fundamentalmente, era un profesional muy preparado, no sólo militarmente, sino también en su faceta académica. Ha contribuido a introducir en el Ejército una postura más intelectual, y ha sabido transmitirla adecuadamente a las Fuerzas Armadas. Sus escritos eran francamente claros, y sus discursos, también. Pero sobre todo era, además, una gran persona. José ARAMBURU TOPETE CAMBIO DE DOMICILIO Reunida la Junta general extraordinaria y universaal de accionistas de la Sociedad el dia 31 de d i c i e m b r e de 1986 adoptó, entre otros, el siguiente acuerdo: Trasladar el domicilio social desde su actual emplazamiento en Madrid, Camino de las Careabas s n. poblado de Hortaleza, a la nueva sede en San Sebastián, paseo Urumea, s n. Lo que se comunica a los efectos de lo establecido en el artículo 86 de la ley de Sociedades Anónimas. El presidente