Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 ABC OPINIÓN MIÉRCOLES 4- 2- 87 Panorama MADRES SOLTERAS lo largo de más de cuarenta años ejercí mi oficio de notario inmerso en el meollo rural de Galicia. Pienso que, uno de los aspectos más interesantes de mi profesión era que me proporcionaba oportunidad para bucear en los entresijos de las almas. Al notario- sobre todo en esos momentos solemnes que preludian la muerte- se ie hacen íntimas confidencias que a nadie se harían y se le cuenta lo que sólo se diría al confesor. Quiero decir que, en muchos casos autoricé testamentos de madres solteras, o más claramente, de mujeres que habiendo tenido un hijo hallándose solteras no llegaron a contraer nupcias con el progenitor de la criatura. En todos estos casos, siempre que tenía oportunidad de hacerlo, preguntaba a las madres solteras si estaban arrepentidas de haber tenido al hijo. Y puedo asegurar a cuantos me lean- sin poder citar ni una sola excepción- que, siempre, siempre, las que fueron madres solteras se hallaban satisfechas de haber tenido al hijo. Porque, además, ei sacar el hijo adelante en un clima de oposición social y con mayores dificultades, confería mayor realce a ese sentimiento excelso que es la maternidad. Estas madres solteras habían cumplido con su instinto maternal en mayor medida si cabe que aquéllas que tuvieron hijos de legítimo matrimonio. Escribo lo que antecede porque, en las actuales circunstancias- cuando se habla de autorizar el aborto por la fórmula ambigua de las razones socieconómicas -habrá muchas madres solteras que, presionadas por el ambiente social y faltas de valor para afrontar el paso de la maternidad podrán ser conducidas al aborto, cuando a mí la realidad me ha enseñado que la maternidad de las mujeres solteras- que es la maternidad el modo más completo de realizarse la mujer- era, al final, lo que estas mujeres consideraban como el éxito mayor de su existencia. Porque estas llamadas madre solteras, (lega un momento, al borde de la ancianidad, en que ven en el hijo- -o hija- su mejor amparo y la razón de su vida. ¿Hubiera sido una fórmula para estas madres solteras suprimir al hijo cuando lo llevaban en las entrañas y se hallaban atosigadas por la condena social y por la perspectiva del drama económico? Yo me permito pensar que la Naturaleza raramente se equivoca. No sólo es pecado interrumpir el curso natural de la gestación. Se trata, además, de un error y lo que parece procedente ante el problema de la mujer soltera que concibe un hijo será que la sociedad le preste las ayudas necesarias para sacar a su hijo adelante en vez de poner a su disposición la técnica del aborto quirúrgico. La verdad es una realidad vital. No se halla la verdad en la piel ni en la superficie de las cosas, que es donde anida la demagogia. La verdad del hijo de la madre soltera es una verdad que se ve cuando ya el hijo es un hombre y la madre anciana halla en el hijo- o hija- la justificación y amparo de su existencia. Luis MOURE- MARIÑO A ave ST NT 6 RAW PeR. E ¡ÓD ¡CC 6 I B M? AfcA AUTONOMÍA M E LO EN Lo et N MÍ Tíewe CONTAR M Ñ Planetario ¡MENOS MUSULMANES! P ROBABLEMENTE con la honesta finalidad de abonarle las pagas atrasadas, se ha dado orden de busca del joven Dudú, hasta hace poco asesor de política marroquí de nuestro Gobierno. Entretanto un integérrimo juez de Melilla- según la escuela de uno de mis ilustres maestros, don Magín Revillo, en su trisemanario astorgano de los años veinte, todos los jueces eran integérrimos; todos los comandantes, pundonorosos, y todas las señoritas gentiles- un integérrimo juez de Melilla, pues, repito, ha ordenado, mientras Dudú aparece, el procesamiento de veintitantos de los alborotadores del otro día y dictado auto de prisión contra otros nueve. Los periódicos, ignoro por qué, llaman musulmanes, a todos esos forajidos con chilaba. Falla el adjetivo, Ni mi padre en su periódico ni don Magín en el suyo lo habrían tolerado. Hacer musulmanes a todos los que pusieron su entusiasmo en romper farolas y escaparates y llevarse de paso lo que les resultara a su alcance es convertir una algarada en una guerra de religión. Es volver a la Edad Media. ¿Quién puede asegurar que todos esos, y los otros, gamberros duduistas eran musulmanes? Dejarlos en moregos sería quizá tan impreciso, pero quitaría trascendencia al alboroto. De que todos los revoltosos fueran musulmanes a que el astuto Hassan II en- PELETERÍA REBAJAS FIN DE TEMPORADA Príncipe, 16. Telf. 522 92 97 y 522 93 21 cuentre comentaristas que proclamen la inminencia de una guerra santa no hay más que un paso. Dudú resulta investido así de carisma religioso. Con su carita desmedrada de listillo de aduar, el pequeño agitador podría ser ascendido a heredero de Mahoma. Y nada puede parecer tan absurdo como que Mahoma, si hoy anduviera por Melilla, perdiera el tiempo en redactar nuevas suras para su antiguo y respetable documento. Llamar moregos a esa punta de golfos viene a ser una reacción parecida a la de aquel paleto que después de pagar entrada en la barraca que anunciaba liluputienses expresó su desprecio diciendo: ¡Qué putienses... ¡Nanos, no son más que nanos. Porque tal vez ni tan siquiera esos agitadores empapelados por el integérrimo juez de Melilla son moregos, aparte de no ser todos musulmanes. Basta un poco de memoria para recordar que tampoco eran musulmanes todos los que en las postrimerías de Franco hicieron la famosa Marcha Verde Allí había no pocos norteamericanos, sobre todo en la dirección logística del paseo, circunstancia que desacraliza notablemente la liquidación de nuestro ya carcomido imperio norteafricano. Así que convendría dejar el follón de la semana pasada en festejo de moregos, morunos o moros y similares, sin mezclar en el asunto a musulmanes o mahometanos, aunque no dejara de haber algunos. Sería una involución fantástica inducir a nuestros fieles defensores de la OTAN a organizar una cruzada cristiana contra Dudú y sus duduistas que no se por qué, si acaso por lo destructivos de cosas viejas, me recuerdan a los dadaistas con los que no tienen nada que ver. Demasié para el señor Barrionuevo. Si los moregos que pululan por Madrid dedicados a la pacífica y edificante tarea de educarnos en el consumo de hachís organizaran una aquí, sería más gorda que la de Melilla. Lorenzo LÓPEZ SANCHO