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PELÍCULAS FIN DE SEMANA Sesión de tarde Domingo cine Estrenos TV Alfredo Landa, cuando todavía no era superstar Pinky y Millie, dos personajes entre la sátira y la crítica social En fin. si no la foto, lo demás está claro Atraco a las tres Director: José María Forqué. 1962. Blanco y negro. Ochenta y ocho minutos. Domingo, a las cuatro, por la Segunda Cadena, en Sesión de Tarde Tres mujeres Director: Robert Altman. 1977. Color. Ciento diecinueve minutos. Domingo, a las diez y media, por la Segunda cadena, en Domingo Cine Ama a tu prójimo Director: Tony Bill. 1984. Color. Noventa y seis minutos. Domingo, a las seis y media, por la Primera Cadena, en Estrenos TV Aunque, con constituir un éxito notable, la película no logró, en su día, la popularidad de las dos que la han precedido en el ciclo dedicado a la comedia española, por así decirlo, desarrollista Atraco a las tres les es bastante superior y, posiblemente, sea el mejor título de los once que componen, salvo aviso en contrario, la programación de aquél. No parece que sea ajeno a su gestación el triunfo de Rufufú la estupenda película italiana de Mario Monicelli, a la que no iguala, f pero frente a la que no desmerece. Y su logro se debe, principalmente, al buen hacer de José María For- qué, un realizador, si se quiere, disperso en cuanto a sus preferencias temáticas, pero siempre- o casi- convincente. Es Atraco a las tres de algún modo, un filme coral, aunque no tanto como los de Berlanga, en quien puede hacer pensar en algún momento. Y es, al tiempo que una parodia de las películas de atraco perfecto una comedia de costumbres, con personajes bien pergeñados y con, al fondo de la comicidad que aparece en primer término, un -poso de amargura o, si se prefiere, de patetismo. En el reparto, un plantel de excelentes cómicos, entre los que destaca un Alfredo Landa que todavía no era superstar y un siempre personal Manolo Alexandre, sin olvidar a López Vázquez, Cassen y la entonces inevitable Gracita Morales. Mala Pasable Es Tres mujeres una película, cuando menos, insólita, como, de otra parte, suelen serlo cuantas firma Robert Altman, un realizador si se quiere irregular pero, en cualquier caso, enormemente personal, que cuenta en su haber con éxitos como Mash que daría pie a la longeva serie televisiva protagonizada y con frecuencia dirigida por Alan Alda, y con fracasos como Quinteto una de las aventuras hollywoodenses de nuestro Fernando Rey. Imaginativo, a menudo iconoclasta y casi siempre original, Altman pierde, a veces, el sentido de la medida, y de ahí sus fallos. Pero en Tres mujeres no ha sucedido tal cosa y, en consecuencia, El director de la serie que empieza ahora, Vicente Amadeo, me ha parecido siempre hombre de cultura y sensibilidad; está al. día de ¡as últimas cosas que se realizan en el mundo del espectáculo, y eso se nota en la refinada elaboración de este primer episodio. Lo que no ha alcanzado- siempre juzgando por la entrega que vimos el lunes- es combinar sus conocimientos para conseguir el producto elaborado y bien hilado que el cine requiere. Por el contrario, lo que aparece son unas series de viñetas de valor artístico como las que tienen por marco las calles y paisajes pueblerinos o los cuidados interiores de la vieja mansión solariega. La escena de la muerte de la muchacha, por ejemplo, es de gran calidad plástica. Pero todas ellas son como estampas aisladas de gran frialdad, frialdad a la que estamos ante un filme que, aunque atípico, está concienzudamente estructurado. Pinky, Millie y Willie son las protagonistas de una serie de aventuras personales, íntimas, que acabarán convirtiéndose en una misma, y A l t m a n las s i g u e alternativamente o al unísono, con una cámara atenta, lo mismo que a los pintorescos personajes que las rodean, componiendo en más de un momento un sugestivo panorama de la vida californiana de los setenta, a caballo entre la sátira y la crítica social, que, si no siempre es convincente, casi siempre retiene la atención. Basa el telefilme, planteado en clave de comedia semidramática, su eventual impacto, en la popularidad de sus dos intérpretes principales, John Ritter y Penny Marshall, dos cómicos que en nuestro país son escasamente conocidos, por no decir que absolutamente desconocidos, lo que, en definitiva, le provee de su mejor baza. Con todo, esta especie de vodevil a la moderna se deja ver y divierte por momentos, gracias, especialmente, a la hábil realización de Tony Bill, un antiguo actor- fue el hermano menor de Frank Sinatra en Gallardo y calavera -convertido en director. localización- s e trata de un burdel- como en el movimiento de cámara y de personajes. Pero tras esos minutos de cine ágil la acción se pasma, a pesar de que el director quiera atraer la atención del espectador con contrastes violentos, como el de la reciente esposa agonizando mientras los intereses movilizan a la gente en busca de la herencia. Hay en toda la historia como un desfase entre los tremendos acontecimientos que ocurren en la pantalla y el poco impacto con que estos acontecimientos llegan al público. Cuando más se agitan a gritos, a veces inarticulados, los actores y actrices, más indiferente se queda el espectador. Es una lástima. Porque el proyecto parecía en principio de interés histórico y social al querer seguir una familia a lo largo de varios años. Fernando DIAZ- PLAJA SÁBADO 31- 1- 87 ¿Ustedes lo vieron? A MEDIAS ayuda un diálogo reiterado y en- fático lleno de lugares comunes y que no se calienta ni siquiera con las discusiones violentas y comerciales dignas de un Falcon Crest local. Los malos son malísimos hasta llegar a la caricatura y su ejemplo mayor es el del señorito borracho y mujeriego que podría figurar en una obra de teatro social como Juan José por ejemplo. Los buenos son igualmente buenísimos y su símbolo es el sacrificado médico rural, al que le hacen la vida imposible los caciques. Y digo los caciques, porque aunque la acción figura en 1905, todos hablan como si la vieran desde la lejana perspectiva de hoy... Lo curioso es que la obra se inicia con un ritmo prometedor, un ritmo trepidante, tanto en la Buena Muy buena Para cinefilos 102 ABC