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31 enero- 1987 ABC ABC IX que iluminó mi vida Por Severo OCHOA sposa, a los pocos meses de su muerte) a el. la ascendía a 7.000 dólares, una cantidad nada despreciable en aquella época. Sin eso hubiese sido difícil marchar, pues no era fácil que yo, un joven científico hasta entonces poco o nada conocido, pudiese previamente obtener una ayuda económica del extranjero. Al llegar a Heidelberg, Meyerhof intentó darme un puesto retribuido, pero el Gobierno de Hitler denegó el permiso. Como judío que era, su posición en Alemania era ya muy precaria. Naturalmente, antes de embarcar para Marsella fuimos sometidos a una rigurosa inspección aduanera. Si nos cogen el cheque hubiésemos perdido el dinero y tal vez algo más. Afortunadamente Carmen había tomado sus precauciones; lo había introducido en el interior de un cinturón de cuero que recosió de nuevo sin que se notase nada. Por lo demás, los aduaneros parecían preocuparse exclusivamente de mis papeles (cuadernos de protocolos y notas de experimentos) que examinaron uno a uno con notable minuciosidad. Por fin luz verde; ¡qué sensación de desahogo! Pero cuánta adrenalina habíamos segregado mientras tanto y cuan rápido e intenso llegó a ser el latido de nuestros corazones. El período de Heidelberg (noviembre 1936- junio 1937) fue breve. Algo comenté sobre el mismo en una nota autobiográfica publicada hace unos años (S. Ochoa: The Pursuit of a Hobby Annual Review of Biochemistry, vol. 49, pp. 1- 30, 1980) El mismo Meyerhof hubo de abandonar su patria poco después de nuestra marcha. Por recomendación de Meyerhof vivimos con una encantadora familia judía a la que Hitler había desposeído de sus bienes; sólo les quedaba una magnífica casa, una hermosa villa rodeada de un grande y bello jardín, y se ayudaban a vivir tomando en ella huéspedes en pensión completa. Con la familia Liebhold convivimos y entablamos entrañable amistad. Mi alemán era bastante bueno, pero Carmen, que hablaba a la perfección el francés y bastante bien el inglés (pues habíamos estado con anterioridad dos años en Londres) conocía poco alemán, aunque ya lo había estudiado algo. Con los Liebhold y sus otros huéspedes aprendió y se aficionó enormemente a jugar al bridge. Cuál no sería mi sorpresa cuando al poco tiempo de llegar, mientras leía yo una noche en cuyo laboratorio trabajábamos, le causamos desde un principio gran conmiseración e inmediatamente se preocupó de nuestro porvenir al expirar mi beca. Eso le hizo estudiar detalladamente los anuncios que las revistas científicas publicaban ofreciendo puestos de trabajo. De esa manera me consiguió una excelente beca en Oxford. Cuando volví de mi entrevista en Oxford con el profesor Peters y anuncié a Carmen la buena nueva (pues el trabajo que haría allí sobre la vitamina B, me intereDe Suiza a Gran Bretaña saba grandemente) vivimos Carmen Partimos de Heidelberg en junio y y yo uno de los días más felices de buena parte de ese mes la pasa- nuestra vida. mos de vacaciones en Suiza, en el valle del Engadin, en el pueblecito Cambio de rumbo de Sils Maria, no lejos de St. Moritz, lugar predilecto de vacación veraEstando en Oxford, en donde nos niega de la familia Meyerhof en encontrábamos muy a gusto y mi otros tiempos. trabajo marchó muy bien, vino la Como ya nos habíamos comido segunda guerra mundial a cambiar algunos dólares y la beca inglesa de nuevo nuestro rumbo. Una vez no era cuantiosa, nos alojamos en más el consejo y la entereza de Plymouth en una modesta pensión. Carmen fueron decisivos. Había Aquella época fue para nosotros de que ir a América si yo quería conticonstante preocupación y congoja. nuar con mi trabajo científico, que, La guerra civil española estaba en en Oxford, había llegado a alcanzar su apogeo y siempre estábamos cierta envergadura. Así, un día de temblando que ocurriese algo a al- agosto de 1940 salimos de Liverguno de los nuestros. No era causa pool, con el matrimonio Obrador, de escasa preocupación, ya que en después de un espantoso bombarambas zonas contábamos con ami- deo nocturno y en un larguísimo gos y familiares qué simpatizaban convoy, con rumbo al Nuevo Muncon uno u otro bando. En aquellas do. Con anterioridad (loe. cit. he circunstancias no podía Carmen descrito nuestra vida y mi trabajo en quedar todo el día sola mientras yo Norteamérica. En los Estados Unitrabajaba. Le propuse venir al labo- dos pronto encontré excelentes conratorio a trabajar conmigo. Me ayu- diciones de trabajo y mi producción dó de maravilla, pues aunque no te- científica más importante de allí pronía una preparación previa en biolo- viene. Claro que en ese gran país gía experimental, aprendía con gran transcurrieron cuarenta y cuatro facilidad y rapidez. Tan bien lo hizo años de nuestra vida. Allí tuve discíque nuestra colaboración dio lugar pulos de todo el mundo, algunos de a una publicación firmada por am- los cuales son hoy investigadores bos en la prestigiosa revista científi- de gran talla en España y otros paíca Nature Se trataba de estudios ses. de transfosforilación (paso de ácido Nuestra vida en USA se inició en fosfórico de unos a otros compues- St. Louis, Missouri, en donde durantos) en extractos de músculos de in- te un año trabajé en la Washington vertebrados. Entre otros utilizamos University con Cari y Gerty Cori, un langostas (bogavantes) que nos matrimonio de origen europeo ya faproporcionaban material de sustento mosísimos por sus trascendentales a la par que de trabajo, pues usá- descubrimientos en el campo de la bamos para nuestros experimentos bioquímica de los carbohidratos. La el músculo de la cola y nos comía- bondad de este matrimonio para mos, cocida y con mayonesa, la ex- con nosotros y el afecto que nos quisita carne de sus grandes pin- dispensaron desde un principio son zas. Al cabo de pocos meses llega- indescriptibles. Pocos años después mos a odiar de t a i modo al obtendrían juntos el premio Nobel crustáceo que no volvimos a probar de Medicina, que compartieron con langosta sino muchos años des- el gran fisiólogo argentino Bernardo pués. Alberto Houssay y, en el curso de Al jefe de la sección de biofísica, varios años, tuvieron como discípuen el salón, la oí discutir la partida con los otros jugadores en bastante buen alemán. Meyerhof se preocupó de buscarme una colocación y, a través de su amigo el profesor londinense A. V. Hill, con quien había compartido el premio Nobel, obtuve una beca de seis meses para trabajar en el laboratorio de Biología Marina, de Plymouth, Devonshire, Inglaterra, a comenzar el 1 de julio de 1937. ni después, tuve una consciencia tan profunda de lo que verdaderamente es la libertad hasta que nos encontramos en aquel barco. En mi alborozo nó sé por qué me dio por tararear una y otra vez la obertura de Las Bodas de Fígaro de Mozart; tal vez por ser una música que destila alegría. De Marsella nos dirigimos a París, en donde me puse en contacto con mi antiguo maestro, el profesor Meyerhof, preguntándole si me recibiría de nuevo en su laboratorio. Su respuesta fue pronta, afirmativa y cariñosa, pero para descansar y aliviar nuestro ánimo de la pesadilla española, antes de proseguir a Heidelberg permanecimos un mes en la Casa de España de la Ciudad Universitaria por invitación de Ángel Establier, antiguo amigo de mis tiempos de la Residencia de Estudiantes, que era por entonces director de la misma. En otra ocasión he hablado de nuestra estancia en París en aquel tiempo (S. Ochoa, Xavier Zubiri: Recuerdos y añoranzas ABC 23 de noviembre de 1983) pero me he adelantado a mi historia. Marcha al extranjero Una circunstancia afortunada hizo posible nuestra marcha al extranjero. Dos semanas antes de desencadenarse la guerra civil había regresado Carmen de Puerto Rico, a donde había ido en representación de su familia para tratar de cobrar una mala deuda. Regresó con sendos cheques; el que le correspondía