Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
VI ABC ABC 31 enero- 1987 -Poesía- El mundo abierto Gabriel Celaya Poesía Hiperión. Madrid, 1986 El premio nacional de las Letras cierra para Gabriel Celaya la parábola de un reconocimiento que se hacía esperar. Un reconocimiento literario de quien en la posguerra estuvo a las duras y a las maduras. Hay un libro de Ángel Vivas, Lo que faltaba de Gabriel Celaya al que remito y donde el poeta de Hernani se confiesa humana y políticamente. A mí me interesan en este momento las evidencias líricas de sus libros ordenadas en una espiral en la que se muerde la cola. El Celaya último de El Gabriel Celaya mundo abierto es el mismo poeta, vitalista y pugnaz, optimista y saludable, aún de tejas abajo, que el de sus primeros poemarios cuando saludaba con los Buenos días a la Naturaleza. En este libro prima, sobre sus viejas apelaciones a la lírica revolucionaria, un afán de comunicabilidad no sólo con los hombres, sino además con las cosas, las esferas, los impalpables átomos del aire. En cierto modo las generalizaciones abusivas están dañando la complejidad de una obra absolutamente abierta- bien se ve ahora, hasta por el títul o- en la que todos los poetas que habitan en el mundo celayano forman ya una sola fluencia en el discurso. Cada libro nos confirma lo que dijo hace años Valverde y es que Celaya es un escándalo de invención en la lírica española. Solidario o mítico, armilar o celeste, quien habla a los hombres es este ser aparentemente huraño, pero contagioso y doméstico, que todo lo refiere a sí mismo. Porque su intimidad está remejida de los prójimos y de los próximos tanto como de su real gana o de su porosa bonhomía. En la última etapa del camino, ha dejado sus pullas contra la moral burguesa y buena parte de una cierta demagogia pegada a sus resistencias de diamante para cambiar su defensa de la justicia a ultranza por la paz. Incluso una paz interior, en la que en su libro Cantos y mitos demostraba que sabía soportar dudas, aunque en climas alejados de todo existencialismo dramático. El agnosticismo religioso celayano se cohonesta con una fe natural en el nombre, con una presencia en el fin de fiesta del universo, en la explosión del celeste furor La vitalidad que le viene de un cierto guillenisrno, desemboca ahora más diluida y concreta en El mundo abierto Y algo parecido ocurre con un latente surrealismo y un existencialismo anteriores. No aparecen, al menos con suficiente relieve, atisbos estimables de su compromiso beligerante. Celaya, pese al documentalismo de alguna de sus épocas, no abandona nunca el subjetivismo. Un dato como éste nos permite pensar que el poeta Los mimbres de mi cesta Carlos de la Rica El toro de barro: Colección Los Pliegos del hocino Carboneras de Guadazaon, 1986 se mantiene a través del tiempo. Celaya se Carlos de la Rica es, por sobre sus actividasucede a sí mismo. Por ello es arriesgado des poéticas, un excelente articulista de indarle una alternancia pessoana a las voces tensa producción en los diarios locales que hablan por su boca. Habla como poeta- Diario de Cuenca Gaceta Conquensocial o como lírico de cámara, como poeta se -y revistas de la amplia geografía literaexistencial o como lírico órfico, sin cerrarse ria. Recoge en Los mimbres de mi cesta nunca. -como continuación de un volumen anterior, Hay algo que desasosiega al autor de Las Loa y elogio de las cosas de Cuenca un cosas como son y es su destino en el cos- puñado de artículos en los que glosa y remos. El mundo abierto surge de la conjun- flexiona sobre la varia lección del mundo liteción del calado humanista y del calado cienti- rario y artístico. En esto que llama congrefista del autor, aunque rechazando inmedia- gación de artículos, resplandece sobre una tos contextos en favor de una soteriología evidente voluntad estilo surrealista o mágico, muy personal, muy espontánea. El poeta del un toque lírico inestable y un tono descriptivo puño cerrado da en este libro su mano abier- esmaltados de metáforas. ta. Asimismo abandona toda dialéctica o Los mimbres de mi cesta suministran en ideologización marcada. Ya que es arriesga- varios apartados Roca y pedestal A trado llamar dialéctica a su inmersión órfica en vés de mis cristales Lugares de la magia los mitos o en la alegría natural, en la plenide Cuenca Varones donde los hay entre tud terrestre. otros, todo lo que vive, bulle y rebulle en la Celaya se siente- como el terrible Dáma- epidermis cultural de una ciudad a la que se s o- un punto ardiente galáctico, pues existe, ha llamado la pequeña Atenas Del cerca incluso, más allá de su conciencia, en el ins- del centenar de artículos hay una docena de tante puro. En este sentido, El mundo abier- piezas magistrales- De cómo Camilo José to participa del concepto de lo órfico, ya inCela escuchó un mirlo en Cuenca Encuencoado en un libro anterior, mediante el cual tro con Miguel Esteo en un ala de la roca del logra una vivacidad que, aun limitada por su falta de trascendentalización, orean fuerzas Huécar Don Jesús Merchante o el político elementales. Y con un concepto muy horacia- Recuerdos en torno al obispo Inocencio no del fugit irreparabilis tempus Y con una etc. porque trazan un retrato o semblanza soledad muy cercana a las áreas sanjuanis- de perfecta bonhomia. Claro es que Cuenca está siempre detrás tas (en este libro se contiene un amplio homenaje a San Juan de la Cruz: La música para insuflar su magia demonológica con su callada y La soledad sonora acaso por- turbadora y misteriosa presencia. Precisaque atisba la respuesta en los puntos sus- mente una presencia que suspende un tanto las leyes sintácticas o las correlato lógicos, pensivos de algunas estrellas. porque el escritor, a fuer de poeta, se escapa Bien claro está que Celaya sigue esperan- en ocasiones. Es un picardía no exenta de indo algo de la vida- -no obstante descubrir genuidad que prueba, entre otras cosas, el que es lo mismo que la muerte- lo que lla- amor por el matiz humilde, por la brizna efecma el éxtasis real de la existencia. Y no obs- tiva de la que estas semblanzas saben tanto. tante, su agnosticismo pone el oído para es- Todo ello no quiebra el signo ascensional y cuchar las señales que puedan llegarle de lo espiritualista de su concepción literaria- este realmente real del otro vivir neutro percep- libro empadrona en el mito la ciudad de Contor de lo que existe sin duda más allá de lo trebia- ni lo amarra demasiado a algunas inhumano. Hay, por lo tanto, en la poesía ce- fluencias- por la de Federico Muelas, más layesca una ley entrópica, inmanentista, pátyi- en el clima que en la manera, personalísima ca. Nada se olvida, nada se recuerda. Todo en Carlos de la Rica- porque el articulista palpita simultáneamente: la vida y la muerte. piensa y se exalta por su cuenta. Al igual que se abre el poeta en su registe A Carlos de la Rica hay que aceptarlo en estético- del directo testimonio y del terror su énfasis, que es el tono en el que brilla con radiactivo- aligera también la carga estilística, rítmica, en unas ondulaciones más cerca- personalidad. Por eso Cuenca sale a su plunas al vaivén vital que a las exquisiteces de ma con una realidad- ultrarrialidad sobreañaritmo. Un poeta como el de Hernani está dida, con alas propias, con un vuelo majesatento a llenar su capacidad emocional, más tuoso de águila caudal. Los mimbres de mi que a un acabado perfecto del poema. Le cesta -hablando ya para lectores cómplibasta con que esté vivo. Y claro que su poe- ces- logran su máximo interés en los apartasía, a pesar de sus sobresaltos, conmueve dos dedicados a pintores- -de Tornes a Sapor su efusión y su magnetismo, en el caballo huquillo- y de escritores- Meliano Peraile, Diego J, Jiménez, Diego Torrente o Carlos un tanto desembridado de su verso... Todo esto que sugerimos se comprueba en Flores- en los que la precisión va de consupoemas atenidos a una dinámica directa no con la mejor intuición imaginativa. El libro tiene, además, una dedicatoria como Me gusta que me den explicaciones o Las mañanas luminosas Al entrar en la emocionante que no sería justo escamotear casa Hoy es siempre Si la vida es jue- por repulgos respetuosos: el autor dice su aprecio y afecto que viene de antiguo a S. A. go... R. Don Juan de Borbón Florencio MARTÍNEZ RUIZ Eduardo ALCALÁ