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SÁBADO 31- 1- 87- CULTURA -ABCpág. 39 J. V. Foix recibió en Sarria un emotivo y multitudinario adiós Barcelona, F. Marhuenda Cataluña está de duelo. Ayer, con el corazón triste dio el definitivo adiós a un hijo ilustre que siempre la amó profundamente. En la iglesia de Sant Vicenc de Sarria no entraba más gente. Entre cuatro y cinco mil personas en medio de un silencio casi total estaban reunidas en el templo y alrededores para decir adiós a J. V. Foix. La lluvia no paró de caer a lo largo de toda la tarde. La villa de Sarria tiene las calles estrechas y las casas son bajas; casi todo el mundo se conoce entre sí. Entre sus convecinos, J. V. Foix era el poeta hijo del pastelero. En la fachada del negocio familiar, la prestigiosa pastelería Foix de Sarria, las puertas estaban cerradas y una sencilla nota con una fraseescrita con grandes trazos sobre una cuartilla blanca informaba a los viandantes que J. V. Foix ha mort Era suficiente; todo el mundo sabía que al anciano poeta que se paseaba por Sarria con su característico y rápido caminar ya no podrían decirle bon día, senyor Foix El funeral comenzó con un cuarto de hora de retraso por la aglomeración de personas que llenaban el templo y la plaza de Sarria. En las primeras filas estaban sus familiares, el presidente de la Generalidad, Jordi Pujol, y su espsa, Marta Ferrusola; el del Parlamento, Miguel Coll; el delegado del Gobierno, Francisco Marti Jusmet; el alcalde de Barcelona, Pascual Maragall; así como otras autoridades y representantes de la vida cultural, social y económica. El féretro estaba cubierto con la bandera de Cataluña. La ceremonia fue sencilla y en catalán, tal como a J. V. Foix le hubiera gustado. El párroco, que era un buen amigo del poeta, leyó unas breves y sentidas cuartillas: Era de prever- d i j o- que este acto tuviera el carácter multitudinario que el senyor Foix se merecía y añadió que su deseo era tener unas exequias cristianas El cardenal arzobispo de Barcelona, Narcis Jubany, envió un telegrama, que fue leído por el oficiante, que decia: Me uno espiritualmente a esta asamblea cristiana en memoria de quien dudante su larga vida enriqueció en un alto grado a las letras y la cultura catalanas Concluido el funeral, J. V. Foix fue enterrado en el panteón familiar del cementerio de Sarria. J. D. Salinger: Los afanes de un escritor escueto e intenso por preservar su biografía j; i novelista logra que sea retirado un libro sobre su vida y obra Nueva York. José María Carrascal El Tribunal de Apelaciones de Manhattan ha prohibido la distribución de una biografía de J. D. Salinger alegando el uso extensivo que se había hecho de la correspondencia privada del novelista. Este, naturalmente, está encantado, mientras en los círculos literarios se teme que siente un peligroso precedente. La biografía, J. D. Salinger: Una vida escribiendo fue escrita por lan Hamilton y publicada por la casa Random House. Hamilton buscó la cooperación del novelista para escribirla, pero Salinger se negó a ello, así como a poner a su disposición sus papeles. Pero el biógrafo logró localizar en diversas Universidades cartas que había escrito a una serie de amigos, Hemingway entre ellos, y que éstos habían donado a esas bibliotecas. Las cartas, que se alargan de 1939 a 1969, abordan con pasión e incluso crudeza los más diversos temas literarios, artísticos y personales. En una de ellas, por ejemplo, hay una referencia cruel al matrimonio de Charles Chaplin con Oona O Neil, a quien Salinger había cortejado. Me los imagino de noche: él, desnudo, haciendo cabriolas sobre el tocador y girando su tiroides en la punta del bastoncito, como una rata muerta, mientras Oona, en camisón, aplaude entusiásticamente. Siento pena por una criatura tan joven y hermosa. Pena y, al parecer, rabia. Cuando Salinger se enteró de que tales cartas iban a ser incluidas en la biografía interpuso recurso por derechos de autor. Lo que hizo el biógrafo fue parafrasear las cartas, de forma que no aparecieran literalmente. Salinger siguió con la demanda, alegando que con ello se prevenía su potencial aprovechamiento de parte de sus escritos. Un juez de Primera Instancia no lo aceptó y el libro salió a la venta. Pero el Tribunal de Apelaciones ha dado la razón al novelista. Aunque pueden publicarse párrafos de esas cartas y referencias a las mismas- dice, en su sentencia- en este caso constituyen un importante ingrediente de la biografía. En buena parte, incluso constituyen la razón por la que vale la pena leer el libro por lo que ha bloqueado ccontinuar su distribución. Para Salinger ha sido una ansiada victoria. En los círculos literarios neoyorquinos, sin embargo, hay sus dudas, ya que replantea una serie de cuestiones trascendentes, hasta ahora irresueltas, desde hasta dónde llega el derecho de conocer la intimidad de una personalidad hasta a quién pertenecen las cartas: a quién las envía o a quien las recibe y dona. J. D. Salinger Queremos tanto a Salinger... Inevitable. Si J. D. Salinger no escribe, es natural que otros lo hagan por él. Aunque con tan mala fortuna que tampoco el bueno de Jerome David, que es su nombre, lo permite, enviando sus abogados- y a que no los padrinos, como en los viejos tiempos- a lan Hamilton, autor de una biografía sobre la soledad de este corredor de fondo que en su jardín de Le Vermon sólo quiere verlas venir. Salinger es el poeta de la narración contemporánea. Toda esa literatura con adolescente traumatizado dentro- para eso está su Holden Caulfield perdido en la ciudad- empieza con él, aunque luego la hayan seguido los airados ingleses, como Sillitoe o los crispados germanos como Bernhard o los rebeldes peruanos como Vargas LLosa, siguiendo una tradición literaria iniciada por Dickens o Mark Twain. Quienes éramos jóvenes en 1950, nos reconocimos como personajes de la saga de los Glass. La América puritana del Mayflovypr espera la continuación de Seymur, una introducción, la novela de la que sólo se conocen fragmentos. ¿Quién podría sacarlo de su meditación trascendental en que desde 1963 parece sumido? Desde entonces viene deshojando la margarita. Necesitamos que vuelva. Le queremos tanto... Quizá la Random- House lo consiga. ¡Qué más da una minuta de abogado más o menos abultada... F. MiR, OPORTUNIDADES QUE NOS BRINDA EL CASTELLANO Le leía yo días atrás a Elvira un principio de borrador de recuadro, que luego salió, escrito en lenguaje grave, o declamatorio, o antiguo, o convencional, o como pudiéramos decirlo. Exclamó: ¡Qué horror! No irás a... Nos dio pie el suceso para el caso de Cervantes, que generaciones y generaciones, y aún hoy, picaron con él, en el sentido de no ver que, sobre manejar varios registros, uno de ellos- e l rancio, o solemne, o pomposo, o rimbombante, o moralizador, o como se pudiese calificarlo- no iba en serio por dentro suyo, sino que era para parodiar a los graves de su tiempo (a los que por lo demás envidiaba, paradoja ésta y tristeza infinitas) Quien dice graves dice fugaces, gente para una generación (o, si no, para el panteón de los libros de texto, y no sé qué es peor) Hasta aquí- con todo y ser enorme- pase. Lo sutil y lo delicado es lo siguiente, a mi modo de ver: parodiaba, pero al mismo tiempo participaba él a pies juntillas de ese talante por él parodiado. Y es que todo es muy complicado gracias a Dios, de por sí lo que más El mismo. Julio CERÓN