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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 31 DE ENERO DE 1987 ABC secuencia lógica de semejante abundancia es que cada disposición legal tenga, o poco menos, otra que la enmiende, reniegue o atenúe. Lo que significa que quien está inmerso en este piélago de contradicciones jurídicas vive, lo quiera o no, trasgrediendo la ley o- acaso algo más desmoralizador- que, en una estructura de este semblante, cualquier abuso puede encontrar un vericueto legal que lo redima y justifique. ¿Quién o quiénes producen estas leyes y disposiciones con fuerza de ley? El estudio de Hernando de Soto muestra que sólo el uno por ciento proceden de la institución creada para darlas: el Parlamento. El noventa y nueve por ciento son dictadas por el Poder Ejecutivo. Es decir, por Ministerios y reparticiones públicas, cuyos funcionarios pueden concebirlas, redactarlas y hacerlas promulgar sin interferencias, debates, críticas y, a veces, sin siquiera el conocimiento de los afectados. Los proyectos de ley que se presentan en el Parlamento son públicamente discutidos y existe siempre la posibilidad de que los medios de comunicación informen sobre ellos y sus beneficiarios y víctimas hagan conocer su opinión e influyan de algún modo en la elaboración final de la ley. Pero nada de esto sucede con la mayoría de las disposiciones legales que, en teoría, regulan las actividades de los ciudadanos. Ellas se cocinan en las colmenas burocráticas de los Ministerios, o en los estudios privados de ciertos abogados, de acuerdo a la influencia de las coaliciones redistributiyas cuyos intereses van a servir. Y a tal ritmo que a veces ni el especialista está en condiciones de conocer, cotejar con el contexto jurídico y acomodar el propio quehacer en consecuencia. Cuando un país del Tercer Mundo recupera la democracia, ello significa que celebra elecciones, que hay en él libertad de Prensa y que la vida política transcurre sin demasiadas cortapisas. Pero, detrás de esa fachada, en la vida legal y económica, las prácticas democráticas brillan por su ausencia y jo que impera es un sistema discriminatorio y elitista. La tesis de Hernando de Soto de que la informalidad es la réplica de las mayorías contra un sistema que las ha hecho víctimas de un apartheid económico y jurí- RED ACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA comienzo, Hernando de Soto dedicaba las tardes al Instituto y las mañanas a su trabajo empresarial. El círculo de colaboradores era muy pequeño. Me di cuenta que necesitábamos crecer, dada la increíble dimensión del fenómeno de la informalidad que íbamos descubriendo. En 1981 organizó un segundo Simposio sobre Desarrollo y dependencia al que asistieron Milton Friedman, Hugh Thomas, Eliot Richardson y Javier Pérez de Cuéllar, entre otros. La reunión fue un gran éxito no sólo publicitario y académico, sino también económico. Las inscripciones costaban 400 dólares, aunque un porcentaje grande de estudiantes y dirigentes gremiales fueron invitados. El Instituto obtuvo 100.000 dólares de beneficio, que sirvieron para tener un local y ampliar el número de colaboradores. Hernando de Soto renunció a sus otros trabajos para dedicarse sólo al Instituto. A medida que avanzaba, la investigación se fue diversificando: mercados informales, transporte informal, industria informal, viviendas informales. Nosotros rompimos aquel prejuicio según el cual sólo los marxistas se interesan en los pobres dice De Soto. Muchos de los jóvenes sociólogos, economistas y técnicos que trabajan con él- son 45, a tiempo completo- proceden de sectores de izquierda. Fueron reclutados por su competencia profesional, sin preguntarles sus ideas políticas. Ahora ninguno de ellos cree que la estatización de Ta economía es la panacea contra la injusticia y el atraso. Una serie de fundaciones comenzaron a ayudar al Instituto, al conocerse los primeros resultados de la investigación: AID, Smíth Richardson, InterAmerican Fundation, CIPE (Centre for International Prívate Enterprise) Olin Fundation y otras. Como nuestro trabajo es fundamentalmente entre y sobre los pobres- dice De Soto- pensé que nos ayudarían sobre todo organismos progresistas. Pero, en verdad, hemos recibido más ayuda hasta ahora de fundaciones conservadoras de Estados Unidos y Europa, a las que parece ser atractiva la idea de un mercado que ha comenzado a funcionar espontáneamente. En todo caso, Hernando de Soto dice que los asesores extranjeros a los que ha recurrido siempre fueron llamados por consideraciones técnicas y no ideológicas. Nunca busqué expertos en desarrollo económico, sino en los temas específicos que se nos presentaban: alquileres, licitaciones, sistemas alternativos de justicia o el transporte urbano. Siempre he tratado de evitar los esquemas preconcebidos. Uno de esos temas específicos que surgió durante la investigación, y sobre el que El otro sendero ofrece un impresionante testimonio, es este aspecto clave del subdesarrollo: la telaraña legal. Se dice que el número de leyes, dispositivos con fuerza legal- decretos, resoluciones ministeriales, reglamentos, etcéterasupera en el Perú el medio millón. Es un cálculo aproximado porque, en verdad, no hay manera de conocer la cifra exacta: se trata de un dédalo jurídico en el que el investigador más cauteloso se extravía. Con- A L LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA (IV) dico es convincente. Si las leyes parecían pensadas para cerrarles el acceso a aspiraciones tan legítimas como tener un trabajo y disponer de un techo ¿iban los pobres a renunciar a la supervivencia en nombre de una legalidad en muchos sentidos irreal e injusta? Renunciaron, más bien, a la legalidad. Y salieron a las calles a vender lo que podían, montaron sus talleres de fortuna y armaron sus viviendas en los cerros y arenales. Como no había trabajo, lo inventaron, aprendiendo sobre la marcha lo mucho que no sabían, y, haciendo del defecto virtud, administraron con sabiduría su ignorancia. En el campo político actuaron con un criterio pragmático, volviendo las espaldas sin el menor escrúpulo al ídolo caído y volcándose oportunamente hace la estrella ascendente. En el caso del Perú, fueron odriístas con Odría y pradistas con Manuel Prado, belaundistas con Fernando Belaúnde y velasquistas con el general Velasco. Ahora son, simultáneamente, marxistas con el alcalde Barrantes y apristas con el presidente Alan García. Pero lo que son, en verdad, por debajo de esas adhesiones tácticas, El otro sendero lo muestra admirablemente. Hombres y mujeres que a fuerza de voluntad y de trabajo a veces sobrehumano, sin la menor ayuda por parte del país legal y más bien con su hostilidad declarada, han sabido crear más fuentes de trabajo y más riqueza en los campos en que pudieron obrar que el todopoderoso Estado, mostrando, a menudo, más audacia, empeño, imaginación y compromiso profundo con el país que sus competidores formales. Gracias a ellos, no hay en Amérca Latina más ladrones y vagabundos de los que infestan sus calles; gracias a ellos no hay más desocupados y hambrientos de los muchos que tenemos. Si nuestros problemas sociales son enormes, sin los informales la situación sería infinitamente peor. Pero lo que más debemos agradecerles es que nos hayan mostrado una manera de luchar contra el infortunio totalmente opuesta a la que, con una perseverancia en el error que es uno de los más notables enigmas de nuestro tiempo, suelen recetar para el Tercer Mundo sus ideólogos. La opción de los informales- l a de los pobresno es el refuerzo y magnificación del Estado, sino su radical recorte y disminución. No es el colectivismo planificado y regimentado por Gobiernos monolíticos, sino devolver al individuo, a la iniciativa y a la empresa privadas, la responsabilidad de dirigir la batalla contra el atraso y la pobreza. ¿Quién lo hubiera dicho? Para quien escucha el mensaje de sus actos concretos, esos humildes de las barriadas, esos enjambres de ambulantes, no hablan de aquello que predican en su nombre tantos doctrinarios tercermundistas- l a revolución violenta, la estatización de la economía- sino de democracia genuina y de libertad. La opción de la libertad no fue jamás aplicada seriamente en nuestros países en todas sus implicaciones- dice Hernando de Soto- Solo ahora, por acción de los pobres, comienza a ganar terreno y a imponerse como una alternativa más sensata y eficaz que las aplicadas por nuestros Gobiernos. Mario VARGAS LLOSA