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Litografía americana Centro Washington Irwing Marqués de Vilfamagna, 8 Hasta el 5 de febrero De 12 a 19 L Instituto Tamarind, fundado en 1960 en Alburquerque (USA) tiene como propósito principal la formación de artistas en la especialidad de la litografía y la difusión de esta técnica. Hoy, el Tamarind es el símbolo del renacimiento de la estampación litográfica y muchas de las obras nacidas en sus talleres figuran en los mejores museos. La exposición que ahora llega a España está formada por veintidós nombres, unos más famosos que otros, y abarca una gran variedad de estilos, pues el arte contemporáneo se caracteriza, precisamente, por esa variedad. Desde los signos geométricos de Clinton Adams hasta los complicados ejercicios de collage de MarLitografía de Scholder tie Zelt, una interesante panorámica se abre a los ojos del contem- Mel Ramos, Robert Vickrey) o por plador, panorámica de la que fuera la figuración nueva (Joan Brown, anticipo la exposición aún abierta James Hawward, Margo Humen la Asociación Cultural Hispano- phrey, Craig Kauffman, Earl LinderNorteamericana, de la que nos man, George McNeil, Judy Rifka, ocupamos en su día. Son, pues, Fritz Scholder) Los más osados estos nombres una aportación más encuadres fotográficos la más al conocimiento de la litografía en cruda realidad, el más exquisito Estados Unidos que, por cierto, de- cuidado en la ejecución son las camuestra el mayor interés por la fi- racterísticas de estas obras, tanto guración realista (Carolyn Brady, en el campo de la figuración como Leonard Lehrer, Philip Parlstein, en el de otras tendencias plásticas. Salanueva, H. Martín y Vázquez Orfila, Ingres y Quorum Orfíla, 3; Espalter, 13, y C. de los Angeles, 13 de las artes AB Hasta el 7 de febrero De 11 a 14 y de 17 a 21 E IECISEIS pinturas, doce dibujos y un grabado, todo ello al servicio de un fauvismo a lo Marie Laurencin, centrado en la figura (hay algún paisaje) y que encuentra su mejor momento en los dibujos, es lo que nos presenta Gloria Salanueva Ibarrola, nacida en Pamplona y estudiante en París y Madrid. Tienen estas obras, como común denominador, una desolación, una tristeza, un clima de soledad que no logran disipar los apastelados colores ni las suaves líneas de estos retratos de una feminidad exacerbada, al servicio de la cual están los colores. Los graves, nostálgicos y poéticos colores- -escribe Antonio Fernández Molina- matices del malva, del rosa, del azul... ofrecen un juego de sutiles compensaciones y mezclas, donde los rostros, manos, cabelleras, telas de sus figuras aparecen sobre fondos de UN observándola con ojos actuales, esta pintura tiene un componente mítico que, insensiblemente, nos lleva a otro tiempo, a otro universo. Claro que sin abandonar el medio (posimpresionismo sorollesco) de plasmar sus escenas, sus estampas, figuras y paisajes iluminados con la luz cegadora del Levante español. El mito al que nos referimos es el costumbrismo de finales de siglo, costumbrismo propio de la pintura y de la ilustración que, más limpio y depurado, recrean algunos artistas actuales. Hay romanticismo en estos temas, de pueblo, campo y playa; en las figuras de pescadores, campesinos, segadoras, mejilloneras, aguadores; en la fauna doméstica de caballos y muías, de ocas que parecen acompañar a princesas- pastoras, de asnos Equus asinus según Linneo) D Pintura de Salanueva tonalidades próximas e idénticas, que son de una profunda originalidad. No son raros en este conjunto los temas musicales, libremente tratados, con ecos simbolistas y ansias de poesía integradora de todas las artes. Y es que el lirismo es una de las cualidades de esta pintura, tan inequívocamente propia de la condición femenina. A Eduardo Roldan Galería Paul Klee Claudio Coello, 21 Hasta el 14 de febrero De 11 a 14 y de 17 a 21 LARO que se puede hablar de Gorky, de Dubuffet, de De Kooning, como posibles antecedentes de un expresionismo abstracto que, sin duda, cultiva Eduardo Roldan (Madrid, 1926) Sólo que esos tres artistas tienen, cada uno de ellos, un lugar muy definido y hasta un epígrafe propio para situar su pintura. Lo mismo O que se sugiere no se que Roldan, que llega, vuelve, se debe decir es el epíaleja y retorna de una cierta realigrafe que figura en el dad a una cierta irrealidad, siempre catálogo de la exposición de Sol igual a sí mismo y siempre diferenVázquez, compuesta por dieciocho te a los demás, porque ellos no pinturas y tres pasteles y que, en partían (como Roldan) de un critiefecto, sugiere más que muestra Pintura de Roldan cismo expresionista, sino que busla presencia de unos personajes caban lo nuevo por encima de más próxima al pintor. Señalaba (femeninos, generalmente) que patodo, mientras que él jamás se ale- Manuel Conde que un pintor así recen surgir de las sombras del jó de la pintura española, valiente, sólo puede ser español, y esto es fondo del cuadro. Es ésta una privertiginosa, violenta, volátil, vulcá- válido para el color y para el negro mera exposición individual que, sin nica y comprometida. Es precisa (otra de las características de excentricidades (sólo el formato mucha seguridad, mucha decisión Eduardo Roldan es el dibujo ges- inusual de algunos cuadros) logra para enfrentarse con el cuadro y tual en negro) en esta exposición, aproximarse al contemplador graresolverlo a brochazos y pincela- además de veinte pinturas) incluye cias a una técnica expresionista y das, destruyendo sin remordimien- ocho espléndidas manchas en las a una composición muy cercana a tos el dibujo, cubriendo de color que distintos matices de negro pro- lo ilustrativo. Esto, por supuesto, (siempre vivo, siempre limpio) la ducen una sensación de hondo no es un defecto, pues la composipintura ya hecha. Destruyendo toda dramatismo. Aunque, tras la her- ción de carteles o portadas de liuna iconografía ya establecida en mosa calidad de su pintura subsis- bros está llena de aciertos, que años de trabajo, una galería de ti- te (según dice Manuel Conde) su pueden resultar bien en el lienzo. pos acreditada, una visión sardóni- aguda crítica de lo innoble y lo No obstante, esperamos de esta ca (y apasionada) de la realidad mezquino joven pintora una obra más ambi- C Oleo de Hernández Martín ese animal en trance de desaparición (al menos en España) que cantara premonitoriamente Juan Ramón. Hay en estos cincuenta cuadros una historia sin agresividad ni violencia, que parece plasmarse en ese rincón del jardín que Hernández Martín ha visto rodeado de macetas con geráneos y claveles. Pero hay, además, pintura, buena pintura con oficio y sensibilidad. Esto tiene todavía su público. L Pintura de Sol Vázquez ciosa en un futuro próximo. Gusto, talento y oficio no le faltan. Sentido del color y buen dibujo, tampoco. Es tal vez la excesiva facilidad su defecto notorio. J. R. JUEVES 29- 1- 87 ABC 107