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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 29 DE ENERO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID ¿c UANTAS veces el hombre de la calle medianamente preocupado por la cosa pública se ha preguntado en estos últimos tiempos si es posible, como sucede en Europa, que las fuerzas políticas no socialistas obtengan una victoria electoral? Creo, sin exageración en el uso de los adjetivos, que infinitas y que la contestación es negativa en la inmensa mayoría de las ocasiones. Ante esta realidad la pregunta obligada es ésta: ¿Por qué? Y la respuesta, también obligada, es que hay muchos, demasiados porqué Algunos son fundamentales. Porque hacia la derecha las fuerzas políticas no socialistas actúan, salvo excepciones, a la defensiva y tienen complejo de inferioridad a denominarse de derecha porque en sus comportamientos sociales parece que defienden intereses y no ideales; porque ante los acontecimientos de cada día niegan más que afirman. Otros son condicionantes. Porque, con frecuencia, se disgregan en el particularismo y en el partidismo; porque bastantes de sus líderes ignoran su propia identidad; porque éstos usan, con exceso, un lenguaje cursi parlante que no llega al pueblo; porque, en muchos casos, deslumbrada por un falso progresismo, utilizan ideas ajenas y no propias; porque ofrecen programas tecnocráticos y no políticos. Como dice Francois Bourricaud en Le retour de la droite la oposición derecha- izquierda no es clara ni exhaustiva. No es clara porque no permite identificar ideológicamente a las personas y a los grupos. No es exhaustiva porque mucha gente no quiere calificarse o que les califiquen como de derecha o de izquierda. Pero si a un hombre corriente se le pregunta quiénes son los políticos de la derecha no hay duda sobre quiénes, desde Fraga a Suárez, quedarán incluidos en la lista. Para ese hombre medio es inútil que se denominen conservadores, liberal- conservadores, liberales, centristas, progresistas, populistas, reformistas o sociales; para ese hombre medio, mal que le pese a alguno, son la derecha Ahí, al negar ser lo que son o lo que los demás creen que son, comienza su tragedia política. Rene Remond, después de treinta años de estudios históricos, ha precisado que no hay una derecha o una izquierda, sino unas derechas y unas izquierdas. Pero mientras las izquierdas no representan sólo una posición en el abanico político, sino una denominación mística atribuyéndose en exclusiva la defensa de la paz, de la libertad y de la justicia, las derechas, temerosas de decir su nombre, se dejan presentar acompleja- LA RECONSTRUCCIÓN DE LA DERECHA (I) das como los abogados de los intereses. Sartre decía que las derechas eran les salaudes los rufianes, en un planteamiento descalificador pero eficaz por lo fácil de comprender. Pero en Europa ese tipo de mensaje ha quedado, a su vez, descalificado. Curiosamente, en las sociedades occidentales los intereses de las gentes, los relacionados con su vida privada, sus asuntos de familia, su educación, su porvenir, su nivel de vida, sus profesiones o sus vacaciones son tan respetables como el igualitarismo, el pacifismo o el ecologismo, además de que la inclinación hacia los valores privados no significa necesariamente egoísmo o materialismo y que la defensa de intereses no puede ser considerada despectivamente como una actitud conservadora por quienes tienen en sus filas a la mayoría de los líderes sindicales que, precisamente, basan su fuerza en la defensa de los intereses de sus representados. En todo caso, acusar a las derechas de reducir la política a una cuestión de intereses es una trampa dialéctica de las izquierdas. Las izquierdas no son ajenas ni mucho menos a la defensa de los intereses, de sus intereses, y éstos sean de izquierda o de derecha no se manifiestan habitualmente de forma homogénea, sino paralelos, superpuestos, divergentes o enfrentados incluso entre personas de la misma ideología. Sin olvidar, por supuesto, que en la cultura, la ideología o la mentalidad posibles hoy en las derechas, los principios morales, humanistas y cristianos sobre la persona, su libertad y su dignidad, tienen carta de naturaleza. Sin embargo, entre los políticos que se consideran o son considerados por los otros como de las derechas, las ideas sobre la situación política no son coincidentes. Todos están de acuerdo en hablar genéricamente de la prepotencia, de la incompetencia o de los errores socialistas. Pero discrepan sobre los remedios a aplicar y las soluciones a proponer. EDICIÓN INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones Así, unos hablan de una radical regeneración de la moral y de la nación; otros, de la aplicación de fórmulas neoliberales; los de más allá, de planteamientos populistas toujours a gauche, mais pas plus loin Pero, a la postre, estas divergencias, más que un problema ideológico, lo que plantean, como dicen los psicólogos sociales, es un problema de actitudes. Es en las actitudes donde se pone de manifiesto que la derecha, las derechas, no son homogéneas; es más, pueden ser diferentes. Sentirse unas más patriotas más enérgicamente garantes del patrimonio moral o del histórico; considerarse otras más pragmáticas, más moderadas, menos infalibles, más defensoras del justo medio verse aquéllas capaces de entender el cambio social y cultural en una sociedad en la que los valores jerárquicos han perdido fuerza y la ha ganado la autonomía personal. Aquí está la clave. Reconocer que las derechas, aunque forman una familia de parientes, no son homogéneas; analizar cómo pueden ser aliadas ante el socialismo. Como punto de partida, es necesario desechar el error garrafal de creer que los defraudados por los errores socialistas se conviertan, sin más, en catecúmenos de todas las derechas. Esta es una posición miope y reaccionaria de los políticos que se sienten en posesión de toda la verdad, de los que tienen mentalidad de salvadores Después, reconocer que son las derechas las que tienen que cambiar. Perder el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; mirar, en frase de Hayek, siempre hacia adelante, deseando purgar de imperfecciones las instituciones sociales proponer la evolución y el progreso, no pretender, por profundas que puedan ser sus creencias imponerlas coactivamente a los demás Por último, buscar, en el sentido de Augusto Comte, la sinergia, el concurso activo y concertado, el consenso entre las diversas ideologías y actitudes de las derechas. El mecanismo para alcanzarlo es, principalmente, psicológico hacia adentro y hacia los demás. Requiere encontrar, entre las derechas, el mínimo común denominador ideológico, la unidad en acto, el acuerdo efectivo, y perfilar después el procedimiento para que las diferentes actitudes coincidan en un fin común, sin prepotencias, exclusivismos ni arrogancias. Exige hacia los demás una liturgia y un discurso que haga comprensible este concurso. Porque una de las pruebas de la eficacia de un mensaje político es su capacidad para obligar a sus adversarios a utilizar su mismo lenguaje y, finalmente, a aceptarlo. Alfonso OSORIO