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UCHO V bien vamos a TcncT que habíar en i x pronimos capilutüs de Icn caballos árabes, su origen, sus caraclerislicas. su seIccdrin, sü adiesiramienlo. su historia, pero ames de entrar en maiciia. c induso antes de referir la famosa Icventla bcdiúna que hace nacer ci cabaílo del Viento del Sui y un deseo de Alá, guicnr que el lector se familiance con- Al Buraq la eeua blanca que el ángel San Gabriel ofreció a Maboma para hacer el viaje al séplimo a e l o ya que eon ella y en ella arranca la mística del puT 7i angre árabe que dio ongen a roda la rcaballcria andante de la historia moderna. Cuenta la leyenda- -y en esie c a sigo ficlmcnle la vcisiún de Washington Irving- que Iras c año de luio que siguió a la muerte de Jadíe ha. su primera esposa, Maboma tuvo una visióQ o revelación que le hizo realizar un viaje nocturno al óptimo délo (ano 619 de nuestra era) en los siguieaies términos: A medianoche. Mahoma se despenó al oír una voz que le decía: ¡I espicrta, deja do dormil! EniOQces vio junto a él al ángel Gabriel. Su frente era limpia y serena, su eulis blanco como la nieve, el pelo le cala sobre los hombros; tenía alas de muchos y deslumbrantes colores, y sus ropas estaban cubiertas de perlas y bordados de oro, Prcicnió a Mahoma un corcel blanco de formas y características maravillosas; no se parecía a ningún ejemplar de los que habfa visttj antes, y. a decir verdad, era distinto de lodoi los animales descritos hasta entonees. Tenia rostro humano, pero las mejillas eran las de un caballo: sus ojos eran como jacintos y brillantes como eslrelfas. Tenia alas de águila, r espían dedenles de layos de luz. y Iodo su conjunto aparecía cuajado de gemas y pieoras preciosas, Rra una hembra y por su increíble esplendor y velDcid; id recibió c nonibre de Al Buraq, es deeir iReL mpago Mahoma se dispuso a montar este corcel sobrenatural, pero cuando alargó la m ino hada í l el animal rcirocedió y se encabritó, Eslate quieto, ¡oh- Buraqí -dijo Gabnel- respeta al profeta de Dios. Nuíjca te ha mojilado un hombre mortal más honrado por Alá. ¡O h Gabriel- replicó Al Bura uue en aquella ocasíun redbió el don milagroso del habla- ¿Acaso no llevó en tiempos anligiK a Abiahán, el ami 48 M m Hísi MP Ds mzwmit AL BURAQ LA YEGUA DIVINA DE MAHOMA im llustnclon: Pianuel Prados de la Plaza de visitó sa Oh, IesoijoÉl Ismael? cuandoGabriel! 3 ¿no el mediad ir. el inícrccsor. DIOSH el auior de la profesión de fe? -Sí. Buraq. pero éste es Mahoma In Abdallah. de una de las tribus de Arabia Feliz y de la verdadera fe. Es el jefe de los hijos de Adán, el mayor de los legados divinos y el sello de los profetas- Todas las criaturas deben L- onlar con su intorcotión anies de entrar en el paraíso. El ciclo está a su mano derecha, como recompensa para los que creen en eli a su izquierda esta el fuego de la Gehena, donde s e r á n a r r o j a d o s q u i e n e s se opongan a sus doctrinas. Prúximit capilulo: Lazlos el caballo del dcsíerlu -lOh, Gabriel! -suplicó Al B u r á q- por la fe que c: iiste entre lü y él, haz que interceda por mí en el día de la resurrección, -T e asci uro ¡oh, Buraql- exclamó Mahoma- que gracias a mi intercesión entrarás en el paraíso, Al oir estas palabras el animal se acercó y se inelinó para quis I profet subirra n ÜK CSpaldas- Luego se levantó y se r c r n o n t ó por e n c i m a d e las montañas de La Meca. Mientras que pasaban como el rayo por entre el dolo y la tierra, Gabriel clamó en voz alta; ¡Detente, oh Mahoma! dcseiende a la tierra y haz la oración con dos inflexiones del cuerpo Bajaron a la tierra y después de la oración Mahoma dijn: ¡Oh, amigo y querido de mí alma! ¿por qué me ordenas rezar en este lugar? -Porque Éste es el monte Sinai. en el que Dios se comunicó con Mois ¿s. Ascendiendo de nuevo por Los aires, pasaron rápidamente entre el eielo y la tierra basta que Gabriel voKió a dcdr por segunda ve- í: ¡Deienie, oh Mor boma! Desdende y hai la orar o n con dos mfleBoríes- -Descendieron. Mahoma rezó y volvió a preguntar: ¿Por qué mc has ordenado uñar en este lugar? -P o r q u e estamos en BCIÚD, donde nació Jesús, el hijo de María. -Luego reanudaron su recorrido por los aires y oyeron tres voces sin que Bnraq se detuviese y luderido al viento sus cunes y su galope angetieah Mahoma, considerando que no era él quien dcbia marcar su camino, siníi Dios, el todopoderoso y glorioso se dejó llevar por la espléndida yegua hasta los confines de Jcrusalén, Entonces preguntó a quién correspondían aquéllas tres voces y Gabuel dijo: -La primera, oh Mahoma, era la voz de un judió; si k hubieras escuchado, todo tu pueblo se habria pasado al judaismo- La segunda eia la voz de un cristiano: si la hubieras escuchado, tu pueblo se habría inclinado al cnsiianisnio. La voz de la dama era el mundo, con todas sus riquezas, vanidades y atractivos; si la hubieras escuchado, tu nadón habría elegido los pbceres de esta Mda en vez de la felicidad eterna, y t o d o s habrían quedado condenados a 1 perdición. Y llegaron a la puerta sagrada del templo de Jerusalcn. donde Mahoma bajó de Al Bnraq y la ató a los aros donde los protestas la habían atado en tiempos anteriores. Luego subió r una escalera de luz hasta s siete cielos... mientras Al Buraq trotaba Las viejas arenas traídas del desierto. Naturalmenie. después de este pasaje legeridario y de Al Burvq, la yegua blanca con cabeza de mujer y alas de águila. Mahoma siguió su camino y tuvo otrrtf rahnllos y otras yeguas. Aquellos caballos y aquellas yeguas que con la espada csparderon las simientes del Islimí por lodo el mundo conoddo, Pero, de todo ello hablaremos otro dia. Julio MERINO K