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XII ABC ABC 17 eríero- 1987 Pensamiento y Ciencias Sociales I AY asuntos que Lo que en el s i se dirían cientíglo XVIII tuvo un transfica y aparentefondo político de primemente asépticos y que, ra magnitud, en el XVI sin embargo, se han J. N. Wilford, The Riddle of the Dinosaur. Faber (Londres, 1986) 14,95 libras. R. T. Bakker, The Din- era cuestión vital. Mucargado de contenido nosaur Heresies. William Morrow (Nueva York, 1986) 481 págs. 19,95 b dólares! A. W. Crosby, Eco- chos conquistadores y logical Imperialism. The Biológica! Expansión of Europe. 900- 1900. Cambridge University Press político. En 1871 Dar- (Neva York, 1986) 368 págs. 22,95 dólares. L. Pereña, La Escuela de Salamanca: Proceso a la algunos colonizadores 1 win creyó ver en un conquista de América, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca (Salamanca, 1986) tenían intereses invertimono extinto el origen 257 págs. 2.500 pesetas. En el Quinto Centenario de Bartolomé de las Casas, Ediciones Cultura en el poligenismo, dos Hispánica (Madrid, 1986) 234 págs. 1.060 pesetas del hombre y cinco puesto que si los indios años después un ministro de Fomento espa- problema de la naturaleza humana) como, soeran de otra naturaleza, inferior naturlmenñol se sintió tan amenazado que expulsó de cial y hasta internacional (la organización y te, la conquista se explicaba (como explicó la Universidad a los profesores que explica- protección de la población indígena y la legitiAristóteles las conquistas de Alejandro en ban tan disolventes teorías. Atemperado por midad de la conquista) Los indios amerifunción de la inferioridad de los persas) y la los tiempos, el debate sobre la naturaleza y canos o no, con sus obvias semejanzas y di. -ólonización esclavista se justificaba (lo misfatal destino de los dinosaurios despierta pa- ferencias en relación a la población europea, mo que para los griegos se justificaban la essiones parecidas, en el fondo porque se cenclavitud de los vencidos en virtud de que extra en torno a dos de los mitos- y concepciotranjero significaba también menos homnes- que han servido para explicar la naturabre leza humana: el pecado original y el del Pero frente a conquistadores y colonizado buen salvaje res, filósofos (evangelizadores) y políticos En efecto, el paralelismo en la concepción (administradores) tenían otros intereses y de la naturaleza- y a que no en la biologíaotras teorías que equiparaban la naturaleza de los saurios gigantes y del hombre no deja de conquistados y consquistadores como sude ser sorprendente. Como nos cuenta John jetos a un mismo origen y a una misma ley. Wilford, el enigma de la desaparición de los Una ley desde luego divina, pero también cidinosaurios creyó, en un primer momento, revil: la voluntad del rey. Es indudable que la solverse en virtud de su natural inadaptabiCorona española tuvo interés en propiciar un lidad (cfr. su pecado original Hoy, en debate sobre la naturaleza de los indígenas y cambio, son ya legión quienes elevan la natula legitimidad de la conquista que frenaba raleza de aquel animal a la de un buen sal- -primero ideológica y luego jurídicamente vaje y encuentran, como Montesquieu hiciehablando- la feudalización de América (revora al intentar dar razón de las diferencias encación del régimen de Encomiendas) y salvatre los hombres, la causa de su extinción en guardaba su fabulosa herencia europea frenfenómenos astronómicos (variaciones climátite al expansionismo francés (piénsese en las cas o una suerte de iunvierno nuclear causadoctrinas de Vitoria, el relato de cuya difusión do por el impacto de un enorme asteroide) se la debemos aquí al profesor Pereña) Otros, como Robert Bakker, han resultado, Que existieran motivaciones divergentes no por el contrario, más rousonianos, culpando a resta emoción al episodio. Al fin, la discusión reverdecieron una vieja discusión: la de la naotros animales emigrantes- depredadores de ordenada de intereses encontrados es buena haber ocasionado, por destrucción y enferme- turaleza del hombre. Un debate de enormes deficinión de una política libre y civilizada. Y dades, el desastre ecológico que terminó con consecuencias y carga política; Un debate resulta conmovedor toparse con ello en la Esque todavía a principios del siglo XIX apasioaquellas criaturas antediluvianas. naba a Goethe y que en 1830 dividió a la paña del siglo XVI. En efecto, El proceso a la conquista incoado por la Escuela de SalaY así continúa el divertido paralelismo con- Academia francesa entre poligenistas y mor ceptual. Porque imperialismo ecológico es nogenistas; es decir, entre quienes atribuían manca y la polémica entre pro colonizadores (fray Ginés de Sepúfveda y evangelizadores precísamete el título- y la explicación- que las diferencias entre los hombres a un origen un biólogo, Alfred Crosby, da al proceso de y naturaleza distintas (y creían muy difícil el (el padre Las Casas) tiene una importancia filosófica y jurídica de primer rango y constiexpansión europea: una fase más- l a última, cambio del hombre y de la sociedad) y quietuye una aportación española al pensamiento a decir de esta teoría- en la larguísima se- nes, por el contrario, razonaban las difereneuropeo de envergadura considerable. Adecuencia de colonizaciones biológicas, des- cias en virtud del ambiente, ya fuera geográfimás, adquiere particular relevancia el hecho co o social (convencidos del idéntico origen y trucciones y sustituciones ambientales. En de que en un país con una posterior pero este marco, tanto daría un imperialismo con- naturaleza humanas y, por tanto, de la posibimuy larga tradición de unanimidad y uniformiquistador y asimilador a la romana (o a la es- lidad de cambio o progreso individual y sodad en las costumbres y el pensamiento, surcial) Ün debate que todavía hoy, mutatis mupañola) como una colonización mercantil a la griega (a la inglesa o incluso, a la americana) tandis, enfrenta con acritud a los partidarios giera una discrepancia tan heterodoxa, viva y estridente como para hacer a sus gobernanporque bastaría cualquier contaminación en (Eibel- Eibesfeldt) del hombre preprogramado por citar con el título de un libro, frente a tes considerar seriamente la duda indiana gran escala- ideológica incluso- para dar al traste con un determinado ecosistema biológi- los defensores de su naturaleza plástica, sólo la posibilidad de abandonar botín tan pingüe- sólo justificado, a la postre, en virtud de un co (enfermedades para tos animales o susti- condicionada por el ambiente natural y social tratamiento de los indígenas moral- igualitario (Montagu) tución de las praderas americanas, sudafrica (la evangelización) y jurídico- protector las nas y australianas por campos de cereal) o Lo que en nuestros días es una polémica leyes de Indias) En este sentido, tanto fueron social (los nativos, cazadores o agricultores, animada, pero circunscrita a círculos científiexterminados en el norte, sometidos y asimi- cos restringidos, llevaba en el siglo XVIII una terribles los desmanes de los conquistadores lados al sur de Río Grande) Dentro de un espoleta política explosiva: porque los filóso- como exagerados los alegatos indigenistas- incluso en su versión de propaganda bélica vértigo de tiempos geológicos y dimensiones fos pensaban que, si lograban imponer la (cfrs. la leyenda negra tipo Apología oranbiológicas de este porte, las conquistas de idea de que las diferencias entre los hombres cualquier laya, se le antojan a uno tan dispa- y las sociedades no eran por naturaleza sino giana- importan menos para este razonamiento que el hecho mismo de la discusión, ratadas, como ridicula y mezquina resulta la por ambiente, por costumbres sociales y beatería indigenista que hizo retirar precipita- políticas, cuestión de educación, en definitiva, lá discrepancia y su tolerancia. Al fin y al damente la proposición de Naciones Unidas el cambio de una sociedad estamental a otra cabo, como nos recordaba hace poco Albert Hirschman en un magnífico artículo, el humasolicitando la celebración del V Centenario. racional era posible. No es pues extraño el nismo, el l i b e r a l i s m o y los sistemas Precisamente lo curioso es que de esta mito del buen salvaje y el interés y la bue- democrático- parlamentarios no deben medirpreocupación por et medio natural y humano na prensa de los indígenas entre les philose tanto por el contenido como por la forma y participaron, a su. modo, los coetáneos de tan sophes- como nos cuentan Anget Losada y alta ocasión. Percibieron el impacto del des- Helminen en el Quinto centenario de Bartolo- e l m é t o d 0 Jaime de SALAS cubrimiento, tanto en un plano individual (el mé de Las Casas. José VÁRELA H Los dinosaurios y la conquista de América 5