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ABC íífcrarío ABC IX e la fama y el cielo Me gustaría poder hacer cosas tan accesibles para todo el mundo como conducir, leer libros o ir al cine. Pero si tiro de un lado se cae el otro la impresión que me produce. Si es olvidable pasa pronto, Pero si la impresión perdura, si es difícil de olvidar, es seguro que se ha conseguido algo muy precioso dentro de cada forma del arte. Ahí entra la labor del artista. La vida del intérprete debe ser una lucha constante para conseguir que todo lo que hace sea inolvidable. Por ofrecer algo tan precioso, tan difícil de descubrir y pulir que después de nacer sea muy difícil desprenderse de elllo. Y esta música vuelve a la memoria y al espíritu del que la oye. difícil, que no sólo necesitas gastar horas, días, meses, en pensar, pulir y perfeccionar lo que haces, sino que también dependes de tu naturaleza, que a veces se harta, y hay que esperar a que se despierte. El arte de la interpretación no es intelectual. Es un proceso humano que necesitamos refrescar con el trabajo. Un trabajo que para Ivo Pogorelich es ya su vida. Las horas que le pueda dedicar al piano no cuentan. Le dedico toda mi vida. La frase, realmente, no se aleja de la verdad- a pesar de lo mucho que tiene de soniquete- Ivo Pogorelich está casado con la que fue su profesora, Aliza Kerezade, catorce años mayor que él. En mi vida privada soy también muy afortunado. Tengo el inmenso apoyo de un músico genial, y en eso soy mucho más privilegiado, ya que poder discutir las cuestiones más profesionales de la vida con la persona cuyo criterio sé respeta es una suerte... Un revelador silencio en el que parece que el rostro del pianista va a adquirir un tono menos glacial que el que está paseando a lo largo de la conversación... Pero es una impresión tan sólo, ya que Pogorelich apenas mueve un músculo de su cara cuando se refiere a su mujer. El hecho de estar casado con una pianista explica también por que he entregado mi vida a la música. Ivo Pogorelich abandona el piano que se ha inventado sobre la mesa e ¡mita a Ingrid Bergman en Recuerda pasando el tenedor sobre el mantel y pintando líneas incoloras. A pesar de esa apariencia de hombre frío al que no le preocupa nada, y de esa jactancia en su desinterés por la opinión ajena, reconoce que ha habido un tiempo en que la presión sometida sobre él era motivo de preocupación. La presión de la Prensa en un momento dado me asustó. Me temía que pequeños detalles sin importancia de mi vida tuvieran un protagonismo por encima de los aspectos realmente importantes. No ha sido una lucha fácil, sino todo lo contrario Estoy muy orgulloso de lo que he ganado. Pero fue después de un auténtico suplicio. En términos abstractos; comerciar con una fama mundial es como que le tiren a uno al circo a luchar contra tigres, leones... Porque en el mundo hay mucha gente ocupada en tratar de encontrar todos los aspectos negativos de cualquier cosa. No hay ninguna fe en la confianza de tus amigos, tus compañeros... a veces, incluso, se pierde la confianza en uno mismo. Para mí fue terrible. Ha sido un poco sorprendente está repentina confesión de sentimientos en un Ivo Pogorelich que quiere aparecer frío. Pero en seguida remonta el momento: Soy una persona capaz de imponer mi propia confianza y sobreponerme a todas aquellas historias, artículos, realmente salvajes, que hablaban de un enfant terrible, el pianista que toca con pantalones de cuero la estrella del rock que toca a Beethoven Afortunadamente, tengo buen humor y conseguí sobrellevar toda esta publicidad. E incluso la he usado para bien de mi arte y de mi carrera. Decían de Pogorelich que desayunaba ostras con champaña todos los días. Sí. Naturalmente. Pero sólo las que tienen perlas de dos centímetros al menos dé diámetro en su interior. Y luego voy los lunes a Sotheby s y los martes a Christie s para vender las perlas y hacerme rico. La broma deja paso a una agridulce conclusión: Casi todo lo que cuentan sobre mí tiene la misma credibilidad que esto. Y Pogorelich abre una sonrisa entre franca y forzada, mientras reconoce que le produce una gran tristeza no poder hacer cosas que son accesibles para todo el mundo, como conducir; cuando pude no tuve tiempo, y creo que debiera; leer libros, ir al cine. Pero cuándo tiro de un lado, se cae el otro Y concluye resignado: Es explicable. Es la vida del artista. Julio BRAVO Atrapar la música Aquí empieza uno de los movimientos más trepidantes de la charla. Un crescendo, aunque moderado, se apodera de las palabras de Ivo Pogorelich. En el momento en que intérprete y público sienten en una interpretación concreta la forma en que se va desenvolviendo la música, que toma un carácter inevitablemente, en ese momento se ha conseguido la comunicación. Si se tiene el sentimiento en una frase, el convencimiento de que esa frase no se puede tocar de otra forma que no sea ésa- e n el marco del estilo concreto, sin tener en cuenta si es Bach, Mozart, Haydn, Chopin, Prokofieff... ha sido posible la conquista de ese secreto. En mi caso- Pogorelich confiesa uno de sus secretos musicales- la satisfacción sólo llega cuando he conseguido que la obra que toco sea enteramente mía, cuando llego a ser su propietario... o su testigo Lo que cuenta Pogorelich que ocurre a continuación precisaría quizá de efectos especiales, de ese compás tintineante con que se ilustrari en las películas los momentos mágicos, ensoñadores. Cuando atrapo el secreto de una pieza sucede un fenómeno extraño. La obra tarda mucho en nacer, tiene vida bajo los dedos, sobre (as teclas, y muere. Pero con una diferencia. Siempre se puede reencarnar. Y de nuevo la teoría del tiempo, del arte: El arte de interpretar es tan pero para una interpretación necesito un año. Ninguna interpretación se puede crear sin tiempo. Si un artista afirma que puede preparar en dos o tres semanas algo que valga realmente, no puedo creerle. Sólo cuando lo que se prepara ha sido sometido al tamiz del tiempo, puede llegar a convertirse en algo de valor, en un trabajo importante. Una pieza musical necesita que se piense mucho, que se experimente sobre ella, y también sobre la personalidad del autor. Sólo entonces su descubrimiento puede ser creíble. Pogorelich se siente a gusto hablando de estas cuestiones. Lo que eran teorías abstractas descienden ahora hasta el ejemplo: En el arte yo juzgo una película, una escultura o un libro, y lo hago basándome en