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ABC pág. 34 ABIERTA SÁBADO $87 SOMARSE al mundo sefardí es escudriñar amorosamente nuestro pasado, porque ahí están canciones y romances que nosotros hemos perdido, rasgos lingüísticos tercamente conservados o la fidelidad que denuncian sus cuentos y sus refranes. Todo ello es bien sabido y, si por sabido no resulta sorprendente, no por ello deja de emocionar cada nuevo reencuentro. Recuerdo un día agobiante de verano. Como cada tarde, iba al número 14 de la calle Caridad de Tétuán, junto a lá gran sinagoga. Allí me sentaba con mis veinticinco años estrenados, y venían a mi vera mujeres ajadas por la edad. Entre recitado y canturria iban desgranando sus saberes; yo transcribía y transcribía. Cientos de romances rellenaban mis cuadernos y yo nunca me saciaba. Pasaban los hombres que empezaban a ignorar las cos. as, y tas mozuelas venían una y otra vez a sonreír ante la escena: las abuelas estaban con sus cuentos de viejas a las que los crios ya no hacían caso mientras aquel mozo cristiano apuraba hasta el último sonido que escuchaba. Pero esa tarde las risas se quebraron. La abuela lloraba: Lo veo muerto, es mi hijo. Mal grado lo llevó el Dio. El joven profesor sabía algo: no podía preguntar más porque la muerte y su cortejo padecen interdicciones entre los viejos sefardíes, porque malogrado es. el hombre que muere antes de tiempo, como- por ejemplo- quien no se logró en el casamiento o quien deja niños de poca edad. El ealor agobiaba y la tristeza era un amargo enojo. Aquella mujer se repuso y siguió cantando: Malato está el fijo del rey, malato que no salvaba, siete dolores lo miran, los mejores de Granada. Siete suben, siete abajan ninguno le face nada, aínda manca de venir el de la, barba envellutada. El corazón del dialectólogo dio un vuelco: aquél era el romance que se cantó a la muerte del príncipe don Juan, el hijo de los Reyes Católicos que dejó en Salamanca uno de los caminos de nuestra historia, que ya no pudieron ser, y que Fancelli inmortalizó con livideces de alabastro en Santo Tomé de Avila. Aquella viejecita que lloraba estaba evocando a su hijo con aquel mal grado príncipe con quien se nos fue un destino improbable, y era el hijo de los Reyes que a ella la tenían en Tetuán y no en Zaragoza o en Toledo o en Sevilla. La mujer que lloraba, el dialectólogo que transcribía, los hombres que cruzaban por el cuarto, las nietas que ensordinaban sus voces, era un cuadro, digámoslo sin re- A FIDELIDAD JUDEO ESPAÑOLA Conforme a lo dispuesto en el artículo 86 de la ley de Sociedades Anónimas, se comunica el traslado del domicilio social, calle Comandante Fortea, número 35, a la calle Arganda, número 18, de Madrid, según acuerdo de la Junta general universal de accionistas de fecha 20 de diciembre de 1986. FRIGORÍFICOS Y COCINAS INDUSTRIALES, S. A. mos n o s o t r o s con nuestras erudiciones! Quería traer aj filo de estas páginas una traPor Manuel ALVAR dición poco conocida porque me es necesaria para otras muchas cosas. Porque la tradibozo, un espléndido cuadro de literatura española: era ni más ni menos que nuestra tra- ción sefardí convierte en materia poética propia hasta lo que son los bienes más inalienadición, la nuestra, la que cristianos y judíos labramos juntos y aprendimos de la misma blemente personales. Un día, Lope de Vega manera, la que ha dado- sentido diferente a tiene sus dimes y diretes con Elena Osorio. Poco es que sólo fueran dimes y diretes, una parte, hermosísima, de la poesía que se pero dejemos así las cosas. La expresa en español. Allí, un día comediantá se siente halagada, caluroso de julio de 1949, se esla madre piensa en el poco betaba repitiendo nuevo y: yirginal neficio de tales amoríos y vapuel sentido que la tradición tiene lea a la moza, el galán presume en nuestra literatura. Y allí, escude los zarándeos y la pobre Elechando la muerte por amor dé na, entre adulterio, gananciosas aquel mozo malogrado, nos pretensiones y ardorosos poeadentrábamos en un mundo inmas no sabe qué hacerse. Y creíblemente nuestro, por más aquel infatuado de Lope convierque nosotros lo hubiéramos perte en poesía lo qué eran retazos dido. de su vida. Ahí quedan los roOtro día trabajaba en Larache. mances moriscos ó La Dorotea o Tan distinta la judería de la de La Gatomaquia. Pero lo que es Tetuán. Subía la empinada callesaber de doctos, gracias a los juja de cantos sin gastar. Mis ojos díos se convierte en emoción de veían el sardinel de las puertas y legos. el áspero filo de los escalones, Manuel Alvar porque en mis pies los guijarros ¿Puede comprenderse qué de la Real Academia contaban los pasos que tenía sentiría aquel mismo filólogo en Española que dar. Hasta la puerta donde agraz, que sentado en un patiniunas niñas pasaban un tabaque y fingían llo tetuaní transcribía? Y entre lo que transcriahechar, mientras sonaba el ritmo de su que- bía estaba esto: hacer: Que no pases por mi calle, ¡Ay, viva Erdueña! ni preguntes con quién duermo, lo fecha en su arenal ni quién viene a visitarme, y así lo fecha. ni qué fiestas me hacen gala, Pero yq buscaba a Ana Israel, una de las ni qué músicas me placen; dos mejores conocedoras de la adición de la trenza de mi cabello Larache, Entonces ella tenía setenta años, que tú llevas en el turbante... era analfabeta y guardaba una herencia prodigiosa. En su juventud fue plañidera y amorY la tradición no se interrumpe, como vivía tajadora de cadáveres. Salvó para mí la más rica y hermosa colección de endechas que en el siglo XV o en el siglo XVII, así vivía en nunca se había recogido. Su voz era un la- el XJX. En el Almanaque de la Ilustración pumento infinito; las letras que sabía tenían la blicó don Juan Menéndez Pidal su poema grandeza de los cantos elegiacos más desga- Lux aeterna: rradores que se hayan transcrito. Las niñas- -Aulla un perro, madre, en el carril seguían entonando canciones de junto a la puerta; boda, Ana Israel- e n lo alto de la casa, ceen cuanto aclare el día rrados los postigos del balcón me cantaba ¡ya estaré muerta! endechas: ¡Quién me diera las uñas En septiembre de 1901, la Revista de Artes de un gavilane! y Letras dio a conocer la melopeya con desde que se me ha muerto mi hijo, que se cantaba en Asturias. También los juyo viviendo en pesare. díos lo hicieron suyo, lo tradicionalizaron, ¡Y ay los idarales! como las gentes del Principado, de las monyo me era de las bien casadas, tañas del Bierzo, de Zaragoza, de Madrid, de no era de envidiarme. Granada, de Castellón. Tradición. Acababa de descubrir, en el verano de Lejos de nuestra cultura, otros judíos su 1951, una nueva tradición que completaba el frían su negro mázale y el violinista sobre sentido de nuestra literatura oral. Ana Israel murió poco después y lá judería de Larache, el tejado cantaba una letra monocorde, Tradidiez años más tarde se había desintegrado. ción. ¡Si hubieran sabido de esta rara flor de Pero pude llegar a tiempo: romancero nues- fidelidades que se abre en los labios de nuestros judíos! tro, cantos de boda nuestros, endechas nuestras. Era un pedazo de cultura española que ya no se perdería. Malogrado aquel mozo llorado en Larache y malogrado el príncipe casClínica dental URGE COMPRA Preferible zona céntrica y con vivienda tellano, vivos para siempre en nuestra voz y Teléfono 455 41 68 en nuestra música gracias a los lamentos de unas mujerucas de Marruecos. Si etlas pudieran oírme, si fuesen capaces de entender lo PUERTA. DE HIERRO que yo digo, ¿sabrían cuánto hicieron por Calle José Fentanes, 9- 11 régimen de nuestra literatura? ¡Cuánto mtfs ellas, que 3 chalets unifamiliares. 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