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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 17 DE ENERO DE 1987 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ADA predisponía a Hernando de Soto a convertirse en el estudioso y defensor de la economía informal que es ahora. Nacido hace cuarenta y cinco años, en Arequipa, en una familia de clase media, los vaivenes políticos hicieron que pasara buena parte de su vida en el extranjero. Su padre, que había colaborado con el presidente Bustamante y Rivero (1945- 1948) renunció a la carrera diplomática cuando éste fue derrocado por un golpe militar y consiguió un puesto en la OIT (Organización Internacional del Trabajo) de la que fue funcionario en Suiza, Canadá y Estados Unidos. Hernando tuvo una infancia cosmopolita a la que debe hablar y escribir en francés e inglés como en español. Pero todas sus vacaciones las pasaba en el Perú y, en 1959, al terminar el colegio, se sintió avergonzado de conocer sólo una cara del Perú: la de los privilegiados. Para saber algo de la otra, se fue a trabajar como obrero, por un verano, en un aserradero de Quincemil, una localidad de los Andes orientales. Y, luego, por unas semanas, fue cuartelero de un hotelito del Cusco, en el que hacía las camas y limpiaba baños y pisos. Fue una experiencia corta pero, dice, de la que aprendió algo que luego ha confirmado muchas veces: No es cierto que los pobres de este país no sepan o quieran trabajar. Estudió en la Universidad Católica de Lima y en la de San Agustín, en Arequipa, donde se graduó de Bachiller con una tesis sobre La naturaleza humana y las ideologías políticas Fue uno de los líderes universitarios del Partido Demócrata- Cristiano. Sus adversarios en la Facultad, los comunistas, coparon la Universidad el día de su graduación. El, ayudado por otros compañeros, logró romper el cerco y comparecer a la hora exacta ante el Jurado, pero fue inútil: los catedráticos, intimidados, habían desaparecido. Poco después partió a Europa, donde estudió Economía y, Derecho, en la Universidad de Ginebra y en el Instituí Universitaire de Hautes Etudes Intemationales. Se graduó en 1967 con las notas más altas de su promoción. Poco después entró, por concurso, a trabajar en el GATT (Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles) El GATT es uno de los dos organismos internacionales que sí funcionan- -afirma- El otro es el Fondo Monetario Internacional. El GATT es un organismo riguroso, pequeño, sin burocracia. Allí aprendí a trabajar con disciplina y método y a investigar. Pero mi meta era, siempre, regresar al Perú. Se le presentó la oportunidad en 1971, cuando Minero- Perú (organismo que explota y comercia los minerales peruanos) lo nombró gerente de Comercialización. Pero, en verdad, apenas estuvo en Lima, pues, a los pocos meses de nombrado, MineroPerú lo envió como su representante a Europa. Estuve dos años en el CIPEC (Consejo Internacional de los Países Exportadores de Cobre) Fue la primera institución mala en que trabajé: ahogada por la buró- ABC REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID N LA REVOLUCIÓN SILENCIOSA (II) cracia, ineficiente, paralizada por las indecisiones de los gobiernos. Fue una gran frustración en lo que se refiere a trabajo ejecutivo. Pero pude dedicarme a estudiar el mercado financiero internacional. Y, sobre todo, un problema básico para el Tercer Mundo: cómo desatar los créditos atados. Eran- comienzos de los setenta- los años en que había crédito barato y abundante para países en desarrollo por la brusca subida de la liquidez en los Bancos occidentales. Pero por lo general aquellos créditos venían atados en el sentido de vincular el financiamiento que se otorgaba con los equipos y servicios que se suministraban. Hernando de Soto escribió un estudio de tres volúmenes, elaborando fórmulas que, asegura, permitían a los Gobiernos acreedores desatar aquellas ataduras crediticias. Ni el Gobierno para el que trabajaba- e l peruano- ni otros de países afectados se interesaron por su propuesta. Pero, en cambio, las transnacionales, sí. Recibió una magnífica oferta de la más grande empresa de ingenieros proyectistas de Suiza, la Universal Engineering Corporation, que desarrollaba proyectos en muchos países del Tercer Mundo. Durante seis años, Hernando de Soto trabajó para esta empresa- llegó a ser su director gerente- -viajando continuamente por África, Medio Oriente y América Latina, donde Universal Engineering construía plantas nucleares, puertos, complejos eléctricos e hidroeléctricos, sistemas de almacenamiento y centros agropecuarios. Una pregunta, que lo rondaba desde que era estudiante, se volvió en esos años una obsesión: ¿Por qué unos países han desarrollado y otros no? Sus ingenieros son tan buenos como los de mi compañía. La misma Universal Engineering Corporation está llena de técnicos e ingenieros que, como yo, son del Tercer Mundo. Y, en muchos de los Bancos internacionales que financian los proyectos que hacemos para Argentina, Pakistán o Nigeria, los funcionarios con quienes negociamos son también CARRANZA, 25 í MADRID I de países subdesarrol l a d o s ¿Por q u é pues, estamos vendiéndoles los proyectos? ¿Por qué no pueden concebirlos y realizarlos ellos mismos? ¿Por qué, para construir esta central, necesita el Perú recurrir a una compañía suiza? Siempre supe que el subdesarrollo no era un problema de personas, sino de sistema- dice De Soto- ¿Qué fallaba en el sistema de los países pobres para que éstos lo fueran? Empecé a abrir los ojos cuando descubrí el fenómeno de la informalidad. En esos seis años, en cada viaje de trabajo al Perú- -iba hasta ciño veces al año- advertía, entre el aeropuerto y su hotel, el nacimiento y evolución de las barriadas o urbanizaciones informales. Las pampas y dunas de la periferia limeña se cubrían, de pronto, de esteras. En su próximo viaje, las esteras comenzaban a ser reemplazadas por ladrillos. Más tarde surgía un bosque de antenas de televisión y, luego, casas tarrajeadas y pintadas. Y calles, que se llenaban de autos y camiones. Era obvio, pues, que en esas barriadas había una actividad de tipo industrial, una acción productiva. Ese mundo ilegal delataba una tremenda energía. Alguna vez me dije: si logro saber lo que hacen y representan estos informales, tal vez entenderé por fin qué es el subdesarrollo. Ahora ya lo sabe y este conocimiento está concentrado en El otro sendero, libro que, pese a estar escrito en un lenguaje técnico y atiborrado de cifras, ha tenido en Lima un éxito inusitado: dos ediciones- once mil ejemplares- agotadas en pocas semanas. El estudio demuestra que, en los cuatro campos investigados por el Instituto Libertad y Democracia- e l comercio, la industria, la vivienda y el transporte- los informales son abrumadoramente más productivos que el Estado. Sólo en Lima, el comercio informal (no las industrias) da trabajo a unas 445.000 personas. De los 331 mercados que hay en la ciudad, 274 han sido construidos por los informales (el 82 por 100) En cuanto al transporte, no es exagerado afirmar que los habitantes de Lima pueden movilizarse gracias a ellos, pues el 95 por 100 del transporte público de la ciudad está en sus manos. Los informales tienen invertido en vehículos y en la infraestructura correspondiente más de mil millones de dólares. Y, en lo que se refiere a la vivienda, la mitad de la población de Lima habita en casas construidas por los informales. Entre 1960 y 1984 el Estado edificó viviendas populares por valor de 173,6 millones de dólares. En el mismo período, los informales se las arreglaron para construir viviendas por la fabulosa suma de 8.319,4 millones de dólares (98 veces más que el Estado) Ni yo ni nadie hubiéramos podido imaginar, en el Instituto, cuando empezamos la investigación- dice Hernando de Soto- la magnitud del fenómeno. Mario VARGAS LLOSA