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VIERNES 16- 1- 87- ESPECTACULOS -ABC, pág. 67 El arte distinto de Ivo Pogorelich: cuando el sensacionalismo y la calidad son compatibles El concierto llenó, después de dos suspensiones, el Teatro Real Hay figuras en torno a las que se ha creado, por ios más diversos motivos, una aureola, un clima de leyenda foco de popularidades y sensacionalismos que rebasan el área de su especialidad y hacen de ellos tema de interés general, con lógico eco periodístico. No siempre calidad artística y ortodoxia responden después a esa Que comiencen las noticias sobre ivo Pogorelich a raíz de apasionadas reacciones sobre un premio que no se le otorga en concurso de relieve; que, en plena juventud, discuta con el superdivo Karajan pudo ser base de curiosidad previa, pero también arma de dos filos si después no se hubiese comprobado la personalidad excepcional. Por fortuna, Ivo Pogorelich ratifica en la actuación el signo de intérprete distinto, de artista fuera de serie y explica la total lógica del ambiente en su recital, a prueba de una primera suspensión por enfermedad, seguida de otra por razones meteorológicas. Las versiones de Pogorelich pueden sorprender, incluso cabe encontrarlas lejos de lo que objetivamente consideraríamos como natural, pero lo que no determinan es ¡a triste indiferencia que subraya lo rutinario. Y eso ha. vuelto a demostrarse en su pro- grama para las Juventudes Musicales Madrileñas en fría, desapacible noche que él encendió con su arte. Pogorelich parte de una sensibilidad personalísima. En momentos la extrema delicadeza puede hacer pensar en blanduras que no se producen porque no hay afectaciones ni dengues, sino conceptos, todo lo discutibles que se quieran, pero fruto de una reflexión, y que se defienden por la misma fuerza del intérprete. En otras palabras, que lo indefendible en otros sin su fuerza de contagio se acepta en él como en algún director la velocidad o lentitud, en principio excesivas, pueden ser válidas si se realizan con perfección infalible en un caso y se leñan, en otro, de intensidad expresiva. Pogorelich eligió un programa de signo variado. Tres sonatas de Scarlatti mostraron un aspecto de su talla de intérprete. Puede ser que la primera, salvo la preciosa forma de resolver la coda, resultase más en línea de piano que con recuerdo al instrurvw rr %i- Su Majestad la Reina Doña Sofía presidió el esperado recital expectación en la que confluyen los habituales de cada campo y los amigos del acontecimiento, fuere cual fuere su índole: el torero, el futbolista, el cantante, director, instrumentista, actor, la gran estrella. No siempre la etiqueta de famoso garantiza que los puros resultados artísticos confirmen luego el clima despertado. En la segunda parte, Federico. Chopin, nombre muy ligado al del intérprete desde el arranque de su predicamento mundial. El Preludio de la Opus 45 sirvió pórtico a la Tercera Sonata Nunca más personal Pogorelich que en este autor, no más si se quiere, discutible. Su Largo es larguísimo, libre en la forma de expresión, curioso... pero seductor. Su Scherzo pura filigrana. Las manos recorren el teclado como con alas. El mecanismo asciende a la condición de técnica de primer orden. Y los completamente unidos al estilo, como los que no lo están por completo, se rinden a la reaiidad del pianista diferente y primerísimo. Diferente, primerísimo, distinto hasta en la forma de conceder los bises de saludar sin énfasis, respetuoso- las reverencias a Su Majestad la Reina Doña Sofía, que no podía faltar en el acontecimiento, fueron constantes- pero con aire un tanto lejano, frío, como de hombre maduro al cabo de la calle, que no de artistas en su más envidiable juventud. Hablaba de la forma de conceder los bises Otros se hacen rogar, con actitudes teatrales. El nos los regaló a cada salida, a veces sin abandonar la escena: tres fragmentos claveci nísticos, el beethoveniano Para Elisa la Marcha turca mozartiana. Después supimos todos, de pronto, que ya no habría más regalos. Y así fue. Al calor reinante en la sala sucedió el apresurado abandono de los alrededores del Real, una vez más, fondo para un estupendo programa. Con la particular virtud de alejarnos de lo cotidiano por gracia de una personalidad artística de signo especialísimo. Lo repito: con Pogorelich cuanto se habla previamente en clima sensacional ¡sta puede confirmarse después con puras razones de arte. Sea éste el mayor elogio. Antonio FERNANDEZ- CID En la imagen, Su Majestad la Reina ¡unto al pianista Pogorelich, durante un descanso en el concierto que anoche ofreció en el Teatro Real mentó original, el clavecín, pero ataques, timbres, mostraron ya una sorprendente riqueza. Las otras, deliciosas. Beethoven, después. De la Sonata en si bemol mayor número 11 de la colección, una de las menos explotadas, me quedo con la naturalidad en el fraseo de la que se benefició el Adagio y la elegancia del Minuetto Dos poemas de Scriabin, el por muchos calificado como Chopin oriental, sirvieron para presentar dos facetas de su romanticismo: de sutil exquisitez, sin desmelenamientos ni alardes, el primero; de gran pasión y plenitud, el otro.