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VIERNES 16- 1- 87- CULTURA -ABC, póg, 43 La odisea del Doctor Zhivago treinta años después: un editor contra la maquinaria del KGB Feltrinelli y Pasternak, protagonistas de una historia de Le Carré Roma. Miguel Castelfví La primera edición mundial de El doctor Zhivago salió en Italia en noviembre de 1957 a pesar de diversos intentos para impedirlo de las autoridades soviéticas. Ahora que se habla de que por fin se publicará en la URSS, el crítico literario Valerio Riva ha revelado cómo descubrió y consiguió editar esta famosa novela. Riva cuenta que en 1954, en la editorial Feltrinelli, que acababa de fundarse, se encargaba de las novelas y su gran deseo era empezar la colección con un libro de los escritores de la primavera rusa iniciada con la llegada de Kruschev. El 26 de abril de 1956, en un viejo número de la revista soviética Znamja Zvezda de abril de 1954, Valerio Riva encontró algunas poesías de Boris Pasternak bajo el título Poesías extraídas de la novela en prosa El doctor Zhivago Estaban acompañadas de una brevísima nota de ocho líneas del poeta, que comenzaba: La novela estará terminada probablemente en verano Riva comunicó la noticia al traductor ruso de Feltrinelli, Pietro Zveteremich, y ambos se pusieron a la caza A finales de mayo, Sergio Dangelo, colaborador de Feltrinelli, fue a Peredelkino, donde Pasternak tenía una dacha. Pasternak le entregó sin vacilar el manuscrito. Pocos días después, sin embargo, mandó a su amante, Olga Ivinskaja (la mujer que inspiró el personaje de Lara) a casa de Dangelo para pedir que lo restituyese. Pero Dangelo había tomado ya el avión para Berlín con el manuscrito en la maleta. Como el único que sabía alemán era Feltrinelli, fue personalmente a Berlín, de donde regresó con el manuscrito. Al llegar envió un telegrama a Zveteremich para que viajase a Milán para una cosa urgentísima En Milán, en siete horas, encerrado bajo llave en una habitación totalmente blanca, Zveteremich leyó, o mejor dicho echó un vistazo a los mil folios mecanografiados del texto ruso. Su juicio fue entusiasta. Mientras, en Moscú las negociaciones para publicar el libro iban de mal en peor y comenzaron las presiones para impedir que saliera en Italia. Polikarpov, un miembro del Comité Central del Partido Comunista con el que Olga Ivinskaja había hablado del libro, le obligó a pedir a Feltrinelli que restituyese el manuscrito. Este lo hizo, pero la traducción siguió adelante a partir de unas fotocopias. Feltrinelli trató también de ver al famoso escritor Ehrenburg durante un viaje de éste a Italia, pero se escabulló diciendo sólo que era mejor esperar. Togliatti, secretario del Partido Comunista italiano, habló con Feltrinelli- que era miemtro del PCI- para que no imprimiese el libro, pero el editor- decidió seguir adelante. En octubre de 1956 se produjo la invasión de Hungría. Unos meses después, Pasternak encuentra en Moscú a su amigo Aleksandr Gladkov y le explica por qué en 1947, el año de la peor represión estaliniana, decidió continuar El doctor Zhivago del que sólo había escrito cuatro capítulos: La novela era para mí una salida interior necesaria. No se podía, no se puede estar mano sobre mano. Siempre en 1947, cuando el KGB supo que Pasternak estaba escribiendo esta obra, arrestó a Olga Ivainskaja para sacarle información y atemorizar al poeta. El 25 de junio de 1957, Pasternak envió una carta a Zveteremich en la que pedía que el libro saliese cuanto antes, sean las que sean las consecuencias que esto tenga para mí. He escrito la novela para que sea publicada y leída, y éste es mi único y principal deseo Dos meses después, las autoridades obligaron a Pasternak a enviar un telegrama a Feltrinelli diciendo que no podía autorizar la publicación porque hacía falta revisarlo. Pero el escritor había dicho a Feltrinelli que sólo considerase auténticos los mensajes que le enviase escritos en francés, por lo que éste siguió adelante. En septiembre, Zveteremich viajó a Moscú y habló con Pasternak, que le confirmó su deseo de que El doctor Zhivago saliese cuanto antes y le pidió que Feltrinelli mantuviese en secreto el hecho de que iba a recibir una cantidad por la edición para evitar nuevas persecuciones. El doctor Zhivago salió en italiano el 22 de noviembre de 1957 y Pasternak recibió el premio Nobel un año más tarde. Feltrinelli abandonó el Partido Comunista y aquel mismo otoño Pasternak le envió una carta en francés en la que le agradecía la publicación de la novela. Metáfora de Rusia Era su destino natural. Yuri Zhivago, el dios del silencio, llorará sobre Moscú. También Lara será algo más que un rostro y una famosa melodía, para ocupar su puesto entre las heroínas de la mitología literaria eslava. Y la inmensa Rusia, la que yace torturada entre dos guerras europeas y huye, en ocasiones, como alma que lleva el diablo, profundo espejo que Boris Pasternak le ha azogado en su obra. Vienen diciendo desde hace tiempo que El doctor Zhivago va a publicarse en Moscú. Lo dicen y será cierto, y lo exige en todo caso una ley fatal: la ley del eterno retorno. Pasternak se proyecta en ella y en ella se expresa con plenitud. Y es preciso que su figura de testigo rectifique ciertos extremos que David Lean aligeró para despertar, una vez más, el romanticismo en el mundo. Porque ahora reclama su sitio medio siglo de existencia personal y colectiva de un país tan convulsionado por represiones feroces y revoluciones sangrientas. Los devotos de Boris tienen miedo de que lo instrumentalicen, como hicieron con llia Erhenburg o con Solzhenitsyn, siendo así que Pasternak es otra cosa, una pura y simple raíz de belleza, la emanación misma de la libertad del hombre. Cada día está más claro que la resistencia del poeta y del novelista- exiliado interior en su tierra para testimoniar y luchar por sus ideales- nunca traduce una oposición directa al Estado soviético. Ni siquiera sus perseguidores han podido escalafonarlo con propiedad entre los disidentes, como un Siniavski o un Daniel. O entre los contemporizadores o posibilistas, como Evtuchenko. Pasternak es un artista que escucha el mundo, a través de su silencio; un silencio que crece y crece hasta inundar la tierra rusa con el tamaño de su soledad atroz. Si sus lectores ó sus espectadores sólo ven un exacerbado romanticismo, tampoco es malo. Pues el romanticismo es una forma de generosidad, en el que el autor de los poemas más inolvidables de la poesía rusa del siglo XX, y de la novela que ilumina el propio corazón del hombre en su más trágica soledad, establece la metáfora de su desconsuelo y del desaliento de la propia Rusia. Los personajes de Doctor Zhivago -algo así dice al menos el crítico Slonim- son antes víciimas que verdugos. Florencio MARTÍNEZ RUIZ AP SE PASA AL GRUPO iVUXTO 1. De las cuatrocientas enormidades y pico de fondo y de forma que singularizan a la joven democracia española en el concierto de las naciones, solamente la condición del Poder Judicial relativamente a las del Ejecutivo y el Legislativo (o: noble puja entre ellos, a pares, en la fagocitosis del otro) le puede en magnitud al fenómeno, genio y figura del Grupo Mixto. 2. Sabido es que la parcela del quehacer humano en la cual más hispanismos hemos aportado al resto (sic) del mundo es la política. Aportemos hoy- estamos aportándolo y a- mixedgroupism 3. Junto a las construcciones teóricas- aquello de Montesquieu, y permítaseme citar una aliteración mía reciente, referida a nuestro país queridísimo: Montesquieu se echa al monte está lo que surge espontáneamente, por nadie programado de antemano: soviet anteayer, lobby ayer. Grupo Mixto hoy. Por todo ello, y a sabiendas de que no va a ser aceptada- por considerarla boutade y no sé qué más- formulo ahora la siguiente proposición: hágase realidad en los próximos días la especie que da su título a este suelto. Se desatarían todas sus contradicciones internas espléndidamente. Reconstituiríase el bipartidismo (porque el CDS seguiría a la fuerza los pasos de AP, y entonces: PSOE, 184 escaños; Grupo Mixto, 139; el resto, minorías numéricas ínfimas, como en cualquier otro Parlamento) Y, sobre todo- sobre todo- se pondría espectacularmente de manifiesto todo lo que está hoy por debajo de todo lo demás. Julio CERÓN