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ABC, pág. 50- TRIBUNA ABIERTA -MARTES 13- 1- 87 El hace muchos años, en el diario Combat de París, unas notas de Maurice Nadeau sobre el caso particular de Ignacio Silone. El gran escritor italiano llegó a ser uno de los dos principales responsables del comunismo en su país y el único -e n la clandestinidad- bajo el régimen de Mussolini. Silone- escribía Nadeau- no fue al comunismo como intelectual, sino como revolucionario, rebelde contra la injusticia desde su infancia, y a partir de los diecisiete años, líder de una juventud socialista de Italia, habituada a batirse por sus ideales. Al ingresar en el comunismo- -seguía diciendo el periodista de Combat no hubo para él conversión, sino continuación de una lucha a la cual el comunismo le daba una forma eficaz; y, por esa razón, él lo acepta y se adhiere al partido. Su impulso era la búsqueda de la justicia y de la candad El caso de! valeroso escritor merecía ser estudiado como una de las experiencias de mayor honestidad política y fuerza humana, en el capítulo dramático de los hombres que han atravesado- e n alas de un mandato interior y de una combinación de circunstancias ambientales- el aro de fuego del comunismo. Pero que lo han atravesado sin quemarse en la aventura esas mismas alas, que siguen ayudándoles a buscar, entre las espesuras de la compleja realidad del mundo, los caminos del bien. Silone cuenta en uno de sus relatos las grandes carcajadas que sacudieron a todo el alto mando del Kremlin, incluyendo a Stalin, cuando un militante de Londres, sorprendido por el papel que se le quería hacer desempeñar en los sindicatos ingleses, exclamó con absoluta y perfecta ingenuidad: Pero ¡eso sería un engaño! En otra ocasión, el Comité Ejecutivo de la Internacional aprueba, sin que Stalin lo haya dado a conocer a sus miembros, un texto condenando a Trotski. Silone, presente en aquella reunión, comenzó a caer en desgracia en el momento preciso en que se atrevió a formular esta pregunta: ¿Cómo quieren usíedes que yo suscriba un texto que no he leído? Luego se asombró de que esa pregunta asombrara a los otros. En el libro colectivo titulado Ei Dios que fracasó Ignacio Süone incluye este impresionante testimonio: Entre 1921 y 1927 tuve más de una oportunidad de ir a Moscú y de tomar parte, como integrante de delegaciones comunistas italianas, en muchos congresos y asambleas del Ejecutivo internacional. Lo que más me sorprendió de los comunistas, hasta en personalidades tan verdaderamente excepcionales como Lenin o Trotski, fue su absoluta incapacidad para discutir con equidad ias opiniones que estaban en desacuerdo con las suyas. El que era su adversario por el simple hecho de que se atreviera a contradecirles se convertía inmediatamente en un traidor, un oportunista o un agente de! enemigo. Un adversario de buena fe es inconcebible para ios comunistas rusos. Süone refiere esta anécdota: Cuando me iba a marchar de Moscú en 1922, Alejandra Koüontay me dijo: Si lee en los periódicos que Lenin me ha hecho arrestar por haber robado las cucharas del Kremlin, eso significa simplemente que no estoy de acuerdo con él L EL ASOMBRO DE SILONE ctaazar el sistema en el que se ahoga al mismo tiempo el ansia de verdad y el ansia de liberPor Francisco- Félix MONTIEL tad. Ese hombre descusobre algún problema de política agrícola o bre- cuando se encuentra dentro- -que todo industrial aquello que el comunismo denuncia con cíni La Kollontay- sigue diciendo Silone- ha- ca demagogia en los países de Occidente, el bía adquirido su sentido de la ironía en Occi- comunismo lo aprueba, lo respalda y, más todente y sólo la usaba con occidentales. Pero davía, lo magnifica y lo exalta- hasta un graya entonces, en aquellos años febriles de do de fanatización inaudita- en Rusia misma construcción de! nuevo régimen, y en los países colonizados por cuando la flamante ortodoxia no Rusia. se había posesionado todavía de Según que se mire hacia el la vida cultural... ¡qué difícil reEste o el Oeste- dijo en una sultaba entenderse sobre los ocasión Ignacio Silone- uno ve problemas más simples, y para bajo las mismas banderas, renosotros más obvios! ¡Qué difícil beldes y perseguidores, héroes y era, no digo estar de acuerdo, sicarios, explotados y explotadosino por lo menos comprenderres se, cuando se hablaba de lo que Aquí, comunistas que defiensignifica libertad para un occiden la libertad de Prensa; allá, dental! comunistas que niegan esa liber Cierto día me pasé horas entad. Aquí, comunistas qué deteras tratando de explicarle a sencadenan huelgas; allá, comuuna de las directoras de una edinistas que rehusan ese derecho torial del Estado por qué debía y llenan los campos de trabajo estar, por lo menos avergonzaforzado con los obreros que se F. F. Montiel da, de la atmósfera de desalienresisten a obedecer. Aquí, comuEnsayista to é intimidación en que vivían nistas que reclaman todas las los escritores soviéticos. No garantías judiciales; allá, tribunapudo comprender lo que yo trataba de decir- les comunistas que condenan sin pruebas y le... La libertad- tuve que dar ejemplos- es someten a los perseguidos a los tratamientos la posibilidad de dudar, la posibilidad de comás inhúmanos. meter un error, la posibilidad de experimenPeriodistas de la oposición y enemigos de tar, la posibilidad de decirle no a cualquier la Prensa libre; huelguistas y verdugos; reos autoridad... literaria, artística, filosófica, reli- e inquisidores; unidos por encima de cierta giosa o política. cortina de hierro bajo una misma voz y una Pero eso es la contrarrevolución -mur- misma bandera. muró aquella eminente funcionaría de la culEs el sistema estaliniano del doble pensatura soviética. Luego agregó para contraatamiento car un poco- Nos alegramos de no tener la Silone le hizo una broma en la Plaza Roja, libertad de ustedes, pero, en cambio, tene- cerca de la tumba de Lenin, a su amigo, el límos los sanatorios. der de la juventud comunista rusa, Lazar Cuando le manifesté que la expresión en Schatzky. Le señaló la tumba, hecha aún de cambio no tenía sentido, ya que la libertad madera en esa época y ante la cual se veía no es una mercadería que pueda canjeardiariamente un interminable y lento desfile de se y que yo había visto sanatorios en otros pobres campesinos harapientos países, se me rió en la cara... Hoy- me Supongo que usted ama a Lenin- l e dijo dijo- usted está con ánimo de bromear conSilone a Schatzky- También yo le conocí y migo. Y su ingenuidad me tomó de sorpretengo un recuerdo muy vivido de él. Usted sa, a tal punto que no me atreví a contradeconvendrá conmigo que este supersticioso cirla. culto a su momia es un agravio a su memoria E! espectáculo de! entusiasmo de la ju- y una deshonra para una ciudad revolucionaventud rusa en esos primeros años de la ria como Moscú. creación de un nuevo mundo, que todos con Le insinué- -sigue diciendo Silone- -que fiábamos sería más humano que el antiguo, debíamos conseguir un par de latas de nafta era absolutamente convincente. ¡Y qué amarga desilusión resultó cuando transcurrieron y hacer una pequeña revolución por nuestra los años y vimos que la largamente prometi- cuenta quemando la choza- tótem. Yo no esda democratización final no aparecía y, en peraba, debo decirlo con franqueza, que Schatzky aceptara mi proposición en el acto, cambio, la dictadura acentuaba su carácter pero al menos esperaba hacerle reír. En vez represivo! El caso de Silone es un símbolo. El hom- de esto, mi pobre amigo palideció y comenzó bre que ha buscado en el comunismo la tradi- a temblar violentamente. Luego me rogó que ción de siglos de lucha de los pueblos por ei no le dijera cosas horribles de esa índole a él avance de la justicia y por el triunfo de las y menos aún a los demás. (Diez años desmejores formas de vida humana tiene que re- pués lo interrogaban por considerarlo cómplice de Zinoviev; se suicidó arrojándose desde el quinto piso de la casa donde vivía. Reeepcionamos y tr iissmitimos todo tipo de docuntssifcÍS vía facsímil INTERFAX- 4 59 0400 Y termina Silone: He presenciado enormes desfiles del pueblo y de (os Ejércitos en la Plaza Roja, pero en mL espíritu el recuerdo de la emoción de aquel joven amigo y de su asustada y afectuosa voz perduran con más fuerza que cualquier otra imagen.