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48 A B C OPERA MARTES 13- 1- 87 Caballé reinó en la Se A sólo cinco días del espectacular homenaje que su público de Barcelona le tributó en el Liceo, Montserrat Caballé era homenajeada por el público de la Scala de Milán con una no menos espectacular salva de aplausos y una lluvia de flores, acaso peligrosa. Pues un ramillete fue a darle directamente en la cabeza, en plena emoción de los aplausos, en pleno desconcierto por el pateo que a su vez levantó la puesta en escena de Robert Wilson. En Barcelona se celebraban veinticinco años de permanencia. En la Scala se la recompensaba por su regreso después de una ausencia demasiado prolongada. En cualquier caso, los dos homenajes estaban presididos por la perfección que Caballé supo imprimir a una de las Salomé es un obra poco repre- do brindis de la cantante, quien resentada en la Scala. Desde 1906 sumía sus experiencias de las dos sólo se han hecho diez produccio- primeras semanas del presente año nes y las últimas contando con dos calificándolas de maravillosas. En auténticas reinas: Birgit Nilson y efecto, resumir en tan breve espaGwineth Jones. El público del do- cio de tiempo experiencias como la mingo recordaba la aparición de la de la Scala, el Liceo barcelonés y la primera como una referencia casi inauguración del Nuevo Teatro de mítica, mientras otros invocaban el Pontevedra (evento que ilusionó recuerdo, no menos legendario, de profundamente a la Caballé) indiHerbert von Karajan, quien dirigió la can un c o m i e n z o de año producción de 1956. En cuanto al que no está a la altura de cualquier estreno oficial en Italia, dirigido por mortal. Tampoco lo está el éxito ante el Toscanini cincuenta años antes, implica una referencia obligada a la pi- público de la Scala, tan exigente caresca de la ópera, pues el gran ahora como en los tiempos más esmaestro tuvo que recurrir a una se- plenderosos de su ponderado birie de estratagemas muy pintores- centenario. Para cualquier cantancas para arrebatar el honor de la te, la Scala continúa siendo la cate prémiére a la Opera de Turín y dral del arte lírico. Un éxito aquí ofrecerla al público milanés en prio- implica un prestigio perdurable me decía Caballé, mientras descansaba ridad absoluta. en su habitación, cuatro horas antes del esteno. Explicaba en pocas poUn desafío al destino cas palabras el móvil de su apresuEn el futuro anecdotario de Sa- rada decisión, el que la había llevalomé habrá que recordar la velocn do a recoger un desafío de emerdad pasmosa con que Caballé gencia. Aquí, en Milán, dejó ella aceptó el reto de 1987. Lo hizo de para la historia una Norma de exmartes a domingo, abandonando cepción y, antes, una Lucrecia Barcelona a las pocas horas de su Borgia que dejó bien claro que su homenaje para pesonarse en Milán revelación en Nueva York no había desafiando todos los inconvenientes sido la casualidad de un día. Lade un viaje que parecía maldito de mentablemente, una Ana Bolena antemano a causa de las condicio- más reciente tropezó con la incomnes atmosféricas que, durante estos prensión de una parte del público y días, han dificultado extraordinaria- la abierta hostilidad del grupo conomente las comunicaciones en terri- cido como los viudos de la Catorio italiano. Si se tiene en cuenta llas Es decir, los admiradores de que Caballé tiene que encontrarse la gran María, especializados en hoy, miércoles, en Berlín para can- boicotear a las artistas que se atretar Tosca se comprenderá toda- ven a abordar los grandes papeles vía más que la Salomé de la que hiciera la gloria de su ídolo. (Si Scala era algo así como un desafío esto ocurrió cuando Caballé se presentaba con Ana Bolena más al destino. En el mismo desafío que tuvo peligroso sería cuando cuando cualque aceptar quien esto escribe, así quier otra cantante se atreviese con como algunos amigos personales y el personaje de Violeta Valéry, de devotos del arte de la diva. Cons- manera que, según me cuentan, la cientes de la importancia del even- dirección de la Scala se muestra reto, fuimos llegando a Milán como ticente a la hora de programar La buenamente pudimos. El azar quiso Traviata recompensarnos con la devoción asegurada de esta gran amiga que es Caballé. Al terminar la función, Montse hizo un breve acto de presencia en la cena de homenaje que! e había preparado la Scala, pero acudió a los pocos minutos al restaurante Bella Fontana del hotel Príncipe di Savoia donde nos hospedamos. Una improvisda cena entre amigos dio lugar a un conmoviEn cualquier caso, la amenaza de los viudos de la Callas no era de temer en esta ocasión. Por la sencilla razón de que la gran María nunca llegó a cantar Salomé A pesar de sus nervios, Caballé cuenta ya con muchas Salomés en su carrera y, como demostró al coronar con ella su recital de Barcelona, hoy puede dar al papel unas aportaciones absolutamente magispáginas más comprometidas de todo el repertorio operístico: el aria final de la Salomé de Richard Strauss. Por una casualidad, está aria cerró magistralmente su recital barcelonés. Tres días antes, la eminente soprano ignoraba que iba a repetirla en Milán. La indisposición de su colega Eva Marton, que se encontraba ensayando el papel, obligó a los organizadores de la Scala a buscar a toda prisa lo que los periódicos italianos han calificado de sustituta de excepción Nunca mejor dicho. Cuando se anunció que sería Caballé quien cantaría el papel, se agotaron las localidades con una celeridad inesperada. Incluso grandes personalidades del mundo milanés se quedaron haciendo cola bajo el frío y sin poder entrar en el teatro. trales, fruto de su asombrosa madu- después, que acababa de convertir rez. Recogió el reto de la Scala con un simple pañuelo en un puñado de la seguridad de los conquistadores diamantes. Nada más cierto. acostumbrados a serlo pero, al misLas relaciones entre Caballé y mo tiempo, con un alto sentido del Wilson fueron desde el primer modeber histórico. Sabía que en aquel mento, y en tan pocos días, excepescenario, donde hace años dejó cionales. El sobreintendente del teatan alto su pabellón gracias a Nor- tro de La Zarzuela, José Antonio ma acrecentaría considerablemen- Campos Borrego, comentaba extate su propia leyenda al dejar, ahora, siado que aquél había sido un enuna gran Salomé De no hacerlo cuentro entre: genios: Seguro que, en este momento tal vez no podría en el mundo del arte, los auténticahacerlo nunca. mente grandes se reconocen entre La oportunidad de trabajar en una sí con una sola mirada. Caballé lo puesta en escena de Robert Wilson hizo al someterse sin condiciones a redondeaba el atractivo de la las exigencias de un montaje insóliapuesta. Caballé siempre ha sido to. Wilson lo haría cuando, después consciente de que la evolución de del ensayo general, entró en el cala ópera no se ciñe a los aspectos merino de la artista llorando de puramente musicales; que es una emoción. Más aún cuando, pasado totalidad determinada por las evolu- el momento del estreno, le dijo que ciones estéticas de cada momento. aquel montaje no habría existido sin En esta ocasión, además, las inno- ella. vaciones propuestas por el joven genio de la escena se verían comEl público, hostil con plementadas por los diseños de Wilson Gianni Versace, uno de los homNo lo entendió así el público de la bres que en mayor grado han contribuido a revolucionar la moda ita- Scala, que se mostró con el montaliana. Se intuía, pues, un espec- je de Wilson tan hostil como entutáculo totalmente adscrito a la siasta hacia el arte de Caballé. El estética del momento y, por qué no, rechazo me parece completamente injusto y confirma la maldición de a su esnobismo. escándalo que pesa sobre Salomé. Desconociendo yo estos aspectos En otro tiempo, el público mostró su llegué, casual y humildemente, ves- repugnancia ante la pasión sacriletido con ropas de Versace, lo cual ga, y al final necrofílica, de la prinprovocó un encuentro divertido en cesa. Anoche se puso de uñas conel camerino de Montse. Pero, faltan- tra la pasión de un gran innovador. do menos de media hora para que Lo qué se dio en la Scala fue un se levantase el mítico telón, lo único espectáculo total, traspasado por un que preocupaba a Versace era que hálito poético que consigue visualila diva se sintiera cómoda con el zarse con el mismo poder de la múvestido que había diseñado para sica de Strauss, que ya es mucho. ella. Discutible, acaso; repudiable, nunca. Hace dos años tuvo el honor de Un puñado de diamantes traducir para Nuria Espert el texto Días antes, cuando cantó el aria de Osear Wilde, que sirve de base fina! de Salomé en Barcelona, a la obra de Strauss. Si este trabajo Caballé hizo milagros con un velo me concede algún derecho, puedo plateado que le permitía planear en afirmar que, en su montaje, Wilson un amplio juego de evoluciones. no ha puesto a Salomé nada que Aunque el vestido de Versace pare- ella no tuviese ya al convertirse en ció, en principio, enconsertarla, la mito literario. El espectáculo está edificado socantante sacó ventajas de la dificultad inventando un juego interpretati- bre dos espacios distintos: el del vo completamente distinto. Convirtió drama representado y el del drama un largo pañuelo de gasa en metá- vivido, el de la representación objefora de la cabeza cortada del Bau- tiva y el de la que se produce más tista y, acariciándolo dulcemente, allá de la conciencia. Es una reprebesándolo como si fuera un niño, sentación en clave de concierto que alcanzó un grado de patetismo es contiene a su vez representaciones tremecedor. Robert Wiison le diría, múltiples. Colocados en primer tér-