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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 13 DE ENERO DE 1987 ABC Senilidad és ya un libro de belleza sombría y atormentada. La primera de estas novelas es la historia de un inadaptado que no consigue superar su aversión a la vida que se ve obligado a llevar como funcionario mediocre. Tal incorformidad consigo mismo y sus repercusiones en el carácter constituyen el centro de la novela, cuyas mejores paginas son un análisis del complejo de infenoridad (incluso sexual) que acabará destruyéndole. Emilio Brentani, protagonista de Senilidad, es construcción mas ambiciosa y en mi opinión más lograda, muttidimensionat en sus contradicciones. Atraído por una muchacha hermosa, no la ve ni la juzga según es, sino conforme la imagina. Le domina la tendencia a inventar lo que ya existe de otra manera y con diferente sustancia. La originalidad de La conciencia de Zeno depende en gran parte de ciertos recursos: narración en primera persona redactada por el paciente de un psicoanalista a petición de éste; narratano extradiegético, al doctor corresponderá resolver los enigmas del documento (de hecho en esta función le reemplaza el lector) En el comienzo encontramos la descripción del combate (con el tabaco) del niño, el adolescente y el joven Zeno. ¿Por que fuma si le desagrada, si le hace daño, si le pone enfermo? Pues por eso mismo y por contradecir la recomendación paterna. Los propósitos de que el próximo sea el último cigarrillo marcados por divertidos juegos con las incontables fechas en que tal decisión se hizo constar por escrito, son prueba de un espíritu capaz de burlarse de sí mismo. Basta un motivo tan trivial para servir de indicador del personaje y para esbozar, todavía de manera muy tenue, los rasgos que se perfilarán de manera más firme a partir de los capítulos siguientes, La muerte de mi padre y La historia de mi matrimonio Desde el presente del discurso las reflexiones del narrador maduro le aproximan al modo de ser y de sentir de su padre y cree, como éste creía, que una inmoralidad predicada es más culpable que una acción inmoral Y es el padre quien pronuncia la palabra alarmante: loco. Más adelante, sorprenden las relaciones con el padre de su mujer; en ellas y en su modo de tratar con otros revela una voluntad negativa, una voluntad de abdicación, cabe decir. Los consejos y sugerencias ajenos son los determinantes de su vida y de su matrimonio, contraído para acercarse al suegro, segundo padre de elección. En situaciones importantes no puede decir cuáles son o fueron las razones de su comportamiento: Ignoro también muchas otras cosas de mi vida confiesa, revelando una psicología vacilante. Conforme la introspección alcanza los niveles profundos de la persona, el desdoblamiento de la conciencia en agente y espacio a p a r e c e c o n más c l a r i d a d la conciencia- agente se explora a sí misma y el resultado es un despliegue de complicaciones mentales, causa de la renovación observada por su mujer: Cada día eres un hombre nuevo. Psicoanálisis se titula la parte final de la narración; allí se exponen fas relaciones del enfermo con el psiquiatra, que más tarde publicará la memoria de Zeno. El proceso de la cura le hace sentirse más desequilibrado y enfermo que nunca y si rea- REDACCIÓN ADMINISTRACIÓN TALLERES- SERRANO, 61 28006- MADRID FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA L año 1907, un hombre de negocios llamado Ettore gerente de una fábrica de pintura anticorrosiva situada en las afueras de Trieste, decidió recibir lecciones de inglés y escogió como maestro a James Joyce, recientemente instalado en la ciudad. La mujer de Livia, no tardaría en participar en las clases y en sentir (después de oírle leer El muerto uno de los cuentos más tarde incluidos en Dublineses) la grandeza del escritor. Richard Ellmann cuenta el episodio y cómo el hombre de negocios informó a su joven maestro- y se las prestó para que las leyera- de que él había escrito dos novelas, Una vida (1892) y Senilidad (1898) recibidas con la unanimidad del silencio sobre todo la segunda. Joyce leyó las novelas, le gustaron y así se lo dijo al autor. Como resultado del estímulo producido por esta opinión, volvió a la literatura, de la que nunca se había alejado por completo. Más alia de lo anecdótico, la historia suiere que la intervención de Joyce contri uyó indirectamente al retorno del buen hombre a la literatura ya que, andando el tiempo, escribiera La conciencia de Zeno (1923) una de las novelas más representativas del período, bajo el seudónimo de ítalo Svevo con que ya venía siendo conocido. (Ulises, en la edición de París, salió a finales de 1921) Había nacido en 1861; Svevo nació, si así puede decirse, casi cuarenta años más tarde. Todavía en 1927, pronunció en Milán una conferencia titulada James Joyce sagaz examen de la obra de su amigo, con referencias introductorias a la persona. Compleja personalidad la de italiano de Trieste, subdito del imperio austrohúngaro durante la mayor parte de su vida, judío de nacimiento y, por añadidura, practicante del dialecto tnestino. Entró en literatura en los días de Papini, D Annunzio y Pirandello; si el autor de La hija de lorio mira hacia atrás, el ensayista y el dramaturgo, como Svevo, apuestan a la renovación. Y en el caso presente a la renovación lingüística (no sé si renovación forzada por el uso del dialecto) en primer término; renovación elogiada por Joyce y no apreciada por los críticos italianos coetáneos ni por algunos franceses, Benjamín Cremieux entre ellos, que al elogio une su reserva frente a una lengua sin pureza y a un estilo con frecuencia abandonado Quizá la singularidad de Svevo y de su lengua se derivan de las fatalidades inherentes a la persona y de ser su ciudad cruce de caminos y cruce de culturas. Hombre de negocios, semigermano empeñado en ser escritor, no podía moverse con desembarazo en el contexto de la literatura italiana tan naturalmente como lo hada Pirandello. Las dificultades mencionadas no fueron obstáculo para que La conciencia de Zeno sea, en calidad y novedad, algo así como el paralelo asimétrico de El difunto Matías Pascal. Svevo mismo declaró cuáles fueron los tres escritores más importantes para su formación: Shakespeare, Juan Pablo Richter y Turguenief. No se encuentran huellas de la obra de estos escritores en la primera de Svevo, una novela corta. El asesino de la calle Belpaggio ni en las diversas comedias que la siguieron. Hasta Una vida no surge el gran novelista que hoy nos atrae tan vigorosamente; E 1 LAS CONFESIONES DE ZENO hace para limpiarse del mal que le ha causado su relación con el doctor, y los trucos de éste, buenos para conmover a alguna vieja histérica Lejos de ofenderse al oír el diangóstico: complejo de Edipo, lo escuchó encantado por cuanto le hacía partícipe de la más alta nobleza Y hay algo que no puede olvidarse: su confesión fue dictada por el lenguaje y tomó la forma en que la leemos por motivos nada esotéricos. Quien habla dialecto y escribe en italiano se ve forzado a deformar su pensamiento para acomodarlo a un régimen lingüístico distinto del utilizado en la comunicación diaria: ha contado- declara- las cosas para las que disponía de una frase y evitado las otras: Ya se comprende que nuestra vida tendría otro aspecto si la contáramos en nuestro dialecto. La distinción entre mentira e invención es legítima y en este caso viene autorizada por las explicaciones de quien creó sus imágenes confesionales sin alejarse del recuerdo en donde preexistían: imágenes como las de la fiebre- i n d i c a- y las figuras, de plasticidad convincente, son a la vez creación y rememoración; deambulan por el cerebro, y crearlas consiste en proyectarlas hacia afuera. El discurso adquiere en estas páginas finales una intensidad y un relieve que se impone a la percepción, como si los estados de ánimo evocados fuesen una toma de conciencia de la conciencia por la conciencia misma. Asistimos a una sucesión de momentos incorporados al fluir de la memoria productora del texto; lo escrito se vuelve sobre sí mismo, narración y reflexión unidas en el discurso; la fuerza de la imagen es tan viva que el narrador apenas puede soportar su aparición, escapando a la realidad para evitar el deslumbramiento. Desde esa realidad- presente de la narración- escribe Zeno, adulto, viejo sin estar seguro de sus recuerdos, tan nítidos en la prosa: si las imágenes huyen es porque el tiempo corre veloz y se las lleva consigo, dejando, no más, ese rastro nostálgico que Juan Ramón Jiménez llamaba olvidos Quisiera yo reducir el paso de este comentario, detenerme en la exposición y análisis de los actuantes, examinar uno por uno los significados, pero el espacio no lo permite. Conste por lo menos lo siguiente: las iluminaciones de la mente dejan al descubierto zonas del ser que de otra forma permanecerían cerradas. Zeno sitúa ante el lector ese descubrimiento, asignándole función espectatorial frente al experimento. Sí; tenía razón el doctor al decir con sabiduría inmemorial: para comprender, conocerse; desprenderse, llegado el caso, de la dolencia llamada vida y entrar ligeros de equipaje en la curación total. Inmemorial también el narrador y consciente de la transfiguración de la temporalidad en espacialidad. ¿Quién es capaz de detener aquellas imágenes cuando huyen a través de aquel tiempo que nunca se pareció tanto al espacio? Tiempo- estancia del soñador y lo soñado; tiempo de otro soñador (el niño sumergido bajo el adulto) y de su sueno extraño, apropiado para servir las fantasías del psicoanalista, satisfecho al fin de encontrar en lo soñado la figura edípica que confirma sus teorías. Ricardo GULLON