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SÁBADO 10- 1- 87 ABIA leído una buena parte de los capítulos de Literatura del siglo XX y c r i s t i a n i s m o cuando conocí al autor, Charles Moeller, en Roma. Ello sucedió en la ocasión en que un instituto cultural extranjero organizó un acto de homenaje a Unamuno, en 1976. Quien puso en ejecución esa idea fye Manuel Sito Alba, director del Instituto Español de Roma, que por entonces realizaba una extraordinaria labor de difusión del pensamiento español e hispanoamericano. Yo admiraba a Moeller y había utilizado sus textos con mis alumnos, escribí algunos comentarios sobre su estilo claro y profundo aplicado al estudio de los grandes autores de nuestro tiempo; a medida que iban apareciendo los volúmenes de su extenso trabajo crítico, me entregaba a su lectura con deleite, viendo en ellos la mejor guía para contemplar el proceso de la literatura entre las dos guerras mundiales y la fase posterior, del existencialismo y otras corrientes vivas de la evolución histórica. Por eso, al ser designado representante de mi país ante la Santa Sede, no tardé en caer en cuenta que allí se me brindaría la oportunidad de trabar relación con ese humanista excepcional que prodigaba su ciencia a la luz de su formación teológica y filosófica. En efecto, Charles Moeller, catedrático de Lovaina, fue invitado a ocupar un alto cargo en el Secretariado para la Unión de los Cristianos, en el Vaticano. Una grave enfermedad le obligó a renunciar a esas funciones. Regresó a Bélgica, su tierra natal, habiendo fallecido el pasado año, después de cumplir los setenta y cuatro, de una vida fervientemente entregada a la tarea de promover el diálogo entre la cultura actual y el cristianismo. Charles Moeller, sacerdote, indagador de las realidades más hondas del destino humano, ha conocido ya la experiencia de la muerte, de la que tantas cosas luminosas le tocó decir al hablar de figuras cimeras de las letras europeas. A poco de llegar a Roma, decía, tuve la suerte de conocer a ese intelectual dotado de innato señorío, que tanto impresionaba desde el primer momento por su modestia, por la espiritualidad que irradiaba de su personalidad a la vez vigorosa y amable, persuasiva y deferente, en la que se advertía, como rasgo definidor de su carácter, la voluntad de escuchar, la atención cordial al interlocutor. Como sucede con la gente de mucho saber procedente de las ciudades flamencas, la curiosidad de Moeller era universal, lo que le llevó a conocer países, a participar en congresos, a formar parte de empresas de cultura, tales como revistas, actividades académicas, trabajos ecuménicos. Sus raíces estaban en él mundo clásico, en el que se cimentaba su sólida erudición, impregnada también de sabiduría bíblica: He abandonado las riberas de los autores antiguos para arriesgarme al diálogo con los hijos de mi tiempo. No hablaba castellano, pero sí lo leía con facilidad. El traductor insuperable de la mayor parte de su obra a nuestro idioma, Valentín García Yebra, ha dejado en claro el profundo amor de Moeller hacia España, que para él se centró en un autor, Unamuno, y en una ciudad, Salamanca. La disertación que pronunció sobre don Miguel en el Instituto Español de la vía del Cor- ABIERTA ABC, pág. 67 H LA PALABRA Y EL GESTO DE CHARLES MOELLER en lo más íntimo el mensaje cordial de Charles Moeller? ¿Pudo servir alguna Por Jorge SILES SALINAS vez su comentario de de la Academia Boliviana de la Lengua sugestión enriqueceso, fue dicha en italiano, y en ella dio a cono- dora tanto en el orden de la elaboración artíscer escritos inéditos del vasco españolísimo tica como en el de la búsqueda intelectual? que fue el autor de El sentimiento trágico de Lo más probabte es que las opiniones del inla vida obtenidos a través de la relación con vestigador literario hayan originado valiosos personas de u familia, en sus varios viajes a intercambios de cartas entre eí intérprete y la ciudad del íormes. Nunca olvidaré el acto los autores comentados. La publicación de en recuerdo de Unamuno, en el que partici- esas correspondencias contribuiría sin duda a pamos Sito Alba, Moeller y yo mismo. El un mejor conocimiento del panorama espiritema qué escogí para esa ocasión fue el de tual europeo de los últimos decenios. Unamuno y e concepto cristiano de la muerEs revelador el hecho de que Moeller estute. Moeller penetró en el mundo novelesco, viera siempre atento a introducir ampliaciones en los ensayos, en la poesía del gran bilbaí- en sus textos o, incluso, a reelaborarlos de no, acertando a mostrar su esencial inspira- ün modo total. Así, por ejemplo, su traductor ción cristiana así como la corriente de fe que anota, respecto de la parte dedicada a Sartre: lo envolvía trágicamente en su desespera- El autor, que avizora sin cesar los movición esperanzada para usar las palabras mientos espirituales en el campo literario, ha con que tituló el espléndido capítulo dedicado incorporado a la octava edición francesa amal rector de Salamanca en el volumen IV de plias y hondas reflexiones sobre la trayectoria su libró capital. espiritual de Sartre durante los cinco años úlCierto es que én todos esos volúmenes timos. ¿A qué se debió la irradiación impresionan- los aparecidos y los proyectados- el único personaje español incluido es Unamuno. La te que alcanzó la obra de Moeller? A mi ver, gran mayoría son franceses, hay algunos in- hubo una razón en su método de análisis y gleses, unos pocos alemanes, sólo dos italia- otra, no menos importante, en su intención. nos, algún ruso, algún escandinavo... No Lo primero está señalado por su manera oricabe negar que la gran literatura europea vol- ginal de desentrañar los motivos y los valores cada a los temas fundamentales de la exis- o antivalores de los autores elegidos. Fiel a tencia; en su relación con la trascendencia, mis costumbres, he citado los textos- leecon la conciencia moral, con el misterio del mos en la introducción- Espero, con ello, ser, con las insondables inquietudes del cora- prestar servicio a los lectores: encontrarán en zón humano, debe ser situada, en este siglo, esta antología de testimonios espirituales, en el arco que va desde Alemania a Inglate- textos para citar a sus alumnos, en la Univerrra, pasando por el núcleo vital de Francia. sidad, e incluso en la enseñanza media. És; Una vida sola no da para abarcarlo todo. Sin pues, un método didáctico, pero. también tesembargo, el ánimo generoso de Moeller le timonial. La sabiduría del exégeta está en el hacía mirar con dolor la necesaria limitación enfoque certero de los pasajes decisivos, así de su escenario. Faltaba el mundo hispanoa- como también en la percepción del nítido itimericano y esta ausencia le apenaba en ex- nerario de cada autor, todo ello con maravillotremo, como. me lo hizo ver en mis visitas a sa capacidad comprensiva, en el sentido de su despacho, en Roma. Pese a todo, creo no aplicar esquemas y preconceptos, sino, que están en lo justo los numerosos analistas por el contrario, en el de entender en su géque consideran su Literatura del siglo XX y nesis y en su libre manifestación el proceso cristianismo como un vasto cuadro que se creativo del espíritu. aproxima a lo que fueron las summas en la En lo tocante a las intenciones que guían Edad Media. al autor en su lectura e interpretación de los La forma en que van encabezados los ca- grandes testigos literarios de nuestra época, pítulos es como un emblema o un anuncio de está claro que él ha querido dar su propio juilo que resalta significativamente en cada au- cio, como hombre de fe, respecto de la necetor. Así, Julián Greene es el testigo de lo in- sidad de establecer una relación viva entre la visible Sartre entraña la negación de lo so- creencia cristiana y la evolución actual de la brenatural Ana Frank representa la espe- cultura. ranza antes de la esperanza ¿A quién Al cumplir esta tarea, Moeller habla con el asigna Moeller el atributo esencial de la acento de una fe auténtica. Su palabra es, a honradez desesperada Es a Albert Camus, la vez, ta del hombre de ciencia y la del autor a quien dedica el primer estudio de su sacerdote. La cultura de lengua francesa polarga serie. see, en el campo de las letras, una valiosa En no pocos casos los ensayos críticos tradición a este respecto; la Historia literaria aparecieron en vida de las personalidades del sentimiento religioso en Francia de Hen- estudiadas. Ocurrió así en lo que atañe al ri de Bremond, es un ejemplo notable en esa mismo Camus, a Sartre, a Gabriel Marcel, a línea. Pero la diferencia está en que Moeller Malraux, a G. Green. Sin duda tales escrito- estudia a los cristianos y a los no cristianos. res conocieron, con mayor o menor atención, Su inquietud fundamental se orienta precisala interpretación que sobre ellos expuso el mente a meditar sobre el fenómeno del ateíssacerdote y crítico belga. A veces el autor no mo contemporáneo. El ateísmo, por un lado; puede contener lo que le brota del alma y en- por e) otro, la desintegradora confusión de las tonces el juicio crítico se convierte én palabra ideas: Nuestro siglo, tiempo de apocalipsis, fraterna, en gesto de honda comprensión o se ahoga bajo la plétora de falsos profetas. también en enfrentamiento sincero de ideas, Tal vez en esa frase esté resumido un sentisin mengua del respeto inconmovible a la miento general de Charles Moeller sobre los persona respecto de la cual el crítico disiente. peligros que amenazan tanto al ámbito de la ¿Alguno délos personajes analizados recogió fe como al de la cultura.