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ABC, pág. 58 TRIBUNA ABIERTA SÁBADO 10- 1- 87 H ACE ya muchos años escribí un largo ensayo sobre El erotismo en Unamuno Recibí por él el preciado galardón de la carta de una mujer para mí entonces desconocida, de María Zambrano. Unamuno hunde su pensamiento en tres graves raíces ibéricas: nuestro singular erotismo, nuestro no menos singular sentido de lo trágico y nuestra empecinada envidia. En Andanzas y visiones españolas aparecen los Cristos alucinantes de España, enteros, con esa curiosa obsesión que ahora ha vuelto a relucir, por los órganos reproductores del varón. Nuestra creatividad va siempre cortejada por la muerte, por lo trágico. Daniel Sueiro escribió un voluminoso tomo sobre Los verdugos españoles. La muerte en la pintura española tiene más énfasis e insistencia que ninguna otra. Y, sin embargo, España huye en la literatura de esa manifestación suprema del arte que es la tragedia. Acabo de leer en su traducción francesa Las Antígonas, de George Steiner, el crítico literario de más calibre intelectual de nuestro tiempo. Las Antígonas, en plural. Pues son docenas y docenas las Antígonas que han sucedido en el mundo a la de Sófocles. Dramas, tragedias, óperas. Entre todos los países: Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, en el mundo eslavo, en Japón... En todas partes menos en España. Hay, eso sí, la traducción por Pemán de la Antígona de Séneca. Pero Séneca es hispano- rornano. Y también recientemente una Antígona de Salvador Espriú, en catalán. Tentado he estado a titular este artículo España sin Antígona. La tragedia de Sófocles, vibrante y eterna, más actual que nunca, con sus coros majestuosos, los más bellos que jamás se han escrito sobre la naturaleza humana, tan escalofriantes como algunos textos del Viejo Testamento, pasa por ser la cumbre de la literatura universal. Reaparece con fuerza siempre que en la historia se abre un abismo de confusión y de maldad. Los campos de concentración, la Europa despedazada, tanto antes como después de la última gran guerra, ponen a las Antígonas en marcha Dóblin, Brecht, Heinrich Boíl rehacen el camino que antes recorrieron Hegel y Holderlin. Heidegger y Gide. Después de las versiones musicales de Mendelsohn y de Saint- Saéns, Cari Orff escribe una Antígona más. El cortejo de las Antígonas en la historia del mundo continúa su marcha inexorable. Seguirá marchando eternamente, aun después de que haya desaparecido la cultura actual. Pero siempre se detiene ante los Pirineos. Me pregunto: ¿Por qué? El mito de Antígona ha desplazado al de Edipo, vulgarizado por et psicoanálisis. Pero preguntémonos una vez más. ¿Qué es un mito? Tantas definiciones se han dado que no me sirve ninguna. Toda la historia de Occidente está secretamente empapada por el mito. George Steiner tanza en su libro una hipótesis audaz. Antes de que surgiera la lengua, la gramática, las declinaciones, los adverbios, los nombres, la sintaxis, la estructura perenne del lenguaje, el hombre se comunicaba con el mundo en torno en forma primigenia, enlazado aún con la Naturaleza. Mitos na es uno de los más hermosos de todo el teatro universal. El coro en el que se nos Por Juan ROF CARBALLO dice qué cosa a la vez de la Real Academia Española grandiosa y miserable, y gramática surgen a un tiempo. En los giros frágil y menesterosa es el hombre, ha sido de la lengua, en la gramática universal que- calificado por los críticos más exigentes como dan prendidos los sueños primeros de la hu- el canto supremo que ha brotado del genio manidad. Tras la larga historia de la forma- humano. ción separada de la primera persona del sinSe cumple el deseo de Creón. El cadáver gular está el mito de Narciso; escondido en el de Polinice es abandonado a los buitres y mito de Eco la esterilidad del sinónimo; dis- Antígona, rebelde, apasionada, sucumbe tamfrazada del mito de la Elena de Egipto, la que bién y es enterrada viva. Después, la maldijamás estuvo en Troya, nos encontramos la ción de los dioses, anunciada por Tiresias, sutil gramática de la negación. cae sobre Creón. El cadáver insepulto provoca la peste y una serie de calamidades que Cada vez que en Occidente la historia se causan el hundimiento del reino de Tebas. enreda en conflictos de justicia y de derecho, Paso por alto, naturalmente, la infinidad de siempre que los jóvenes chocan con el realis- matices y variantes de esta tragedia soberbia mo de los ancianos, reaparece Antígona con que a lo largo de la Historia muchos ilustres sus tropos, sus metáforas, sus argumentos, ingenios van a reinventar, modular, copiar, sus sinécdoques. Es extraño que Occidente modificar e interpretar. Para Steiner hay en el apenas haya sabido añadir a los mitos grie- mito de Antígona cinco grandes estratos que gos cinco o seis más. Pues los mitos surame- conciernen a lo más perenne y enigmático de ricanos o del Canadá que estudian los antro- la existencia humana. Antígona, al chocar pólogos son otra cosa muy diferente que los con Creón, despliega su rebeldía en cinco mitos que fundan nuestra civilización. De es- horizontes. He dicho alguna vez que ei mito tos mitos nuevos dos, Fausto y Hamlet, de Edipo es como un poliedro al que podeson mitos derivados. El primero, del mito de mos hacer girar en nuestra mano. Cada vez Prometeo; el segundo, del mito de Edipo. Sé no nos muestra más que una cara y oculta muy bien que esta opinión mía es discutible y las demás. espero defenderla algún día. Nuevos, nuevos, El poliedro de Antígona tiene cinco ejes auténticamente nuevos no hay más que los maestros: el enfrentamiento del individuo conmitos inventados en España: Don Quijote, tra la autoridad establecida, contra la ley soDon Juan, Segismundo. Maeztu añadía, se- cial. Antígona, el individuo, tiene sus dioses. gún creo recordar, a la Celestina. Es extraño Creón, la sociedad, tiene los suyos. Son inque el país que ignora a Antígona, como va- conciliables. Hay además el diálogo eterno mos a ver el más importante de los mitos, el del hombre con la mujer, de lo masculino con país que no gusta de la tragedia, que hace lo femenino. Diálogo que es la clave secreta fracasar a Cervantes cuando las escribe, es y profunda de todo lenguaje, de toda comuniel. único en Occidente que, después de los cación. griegos, es capaz de forjar mitos originales. Hay también el encuentro de la vida con la muerte; el enfrentamjento de la vejez con la Repasemos telegráficamente el mito de An- juventud, y, por último, el que los envuelve a tígona. Edipo, sin saberlo, ha asesinado a su todos, la polémica misteriosa de los mortales padre y contraído esponsales con su madre con los dioses. Yocasta. Cuando descubre que el destino le Antígona es hoy de inmensa actualidad. Lo ha hecho cometer una doble fechoría, aban- comprenderá el discreto lector sin que yo dona el trono de Tebas como un mendigo mi- ahora lo explique. En la tragedia de Sófocles serable. Quedan, gobernando a la ciudad, se escuchan voces como constitucionalisus dos hijos, Eteocles y Polinice. Eteocles dad conflicto entre los sexos, entre jóvenes expulsa a su hermano del país y éste reúne y viejos. No es, pues, trivial que vuelva a soliun ejército con siete caudillos para reconquis- citar nuestro interés en un momento en que tar el poder. Ese mito de los dos hermanos todos estos enfrentamtentos reviven, en el que se odian y que grandiosamente Unamu- que asoman, poderosas, las fuerzas de autono va a reproducir, como tragedia de la envi- destrucción. dia hispánica, en esa obra kafkiana que es En su estudio minucioso, lleno de relámpa El otro termina con la muerte de los dos. gos intuitivos, George Steiner se olvida de un De Polinice y de Eteocles. Hereda el trono su importante personaje. El Vigilante, encargado tío, Creón, hermano de Yocasta. Edipo ha por Creón de evitar que el cuerpo de Polonidejado dos hijas, Antígona e Ismene. De los ce sea enterrado. El Vigilante da un paso esponsales de Creón con Eurt dice han naci- atrás y sonríe de la tragedia, porque sabe do dos hijos, uno muerto en la guerra, Mega- que todo es ineluctable. El Vigilante es el prireus; el otro, Haimón, aspira a casarse con mer humorista de la cultura occidental. Sin Antígona. humor falta una dimensión de la tragedia. Pregunto por qué en España no hay AntíCreón se niega tercamente a la pretensión gonas. Me dicen que la tragedia en España de Antígona de enterrar el cadáver de su her- está en la calle, no en el teatro. Pero la Hismano en sagrado. Para Creón, Polinice es toria es algo más de lo que nos cuentan, de simplemente un traidor. Aquí se detiene la lo que ocurre. Hay escondidas en la Historia que podemos llamar la interpretación superfilas ocultaciones subterráneas que al historiacial y vulgar de Antígona. Creón- según esta dor se le escapan. La tragedia es fuertementesis- defiende la ley de la ciudad, de la te reprimida en el subconsciente hispánico. polis O, si se quiere, la ley de la Razón, Hasta que nos demos cuenta de esta inmende lo que hoy llamaríamos la razón de Esta- sa represión no entenderemos bien nuestro do El primer diálogo entre Creón y Antígo- destino. ANTIGQNA r.