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XVI ABC ABC ÍTTcrarío 10 enero- 1987 Con aire, cal y cielo Rafael Alberti ha escrito el prólogo al libro de José Caballero Cuadernos de Huelva marco de un centenar de dibujos que narran línea a linea la historia de la ciudad del pintor. Con expresa autorización del poeta, lo publicamos a continuación. Si ya los muros no te ven, de Huelva, peinar el viento, fatigar la selva. E STOS dos rutilantes versos de Góngora, fulgen, vibran también en los dibujos de estos Cuadernos de Huelva de José Caballero, con esa cegadora claridad, esa transparencia que tienen todos los andaluces, sean o, no poetas, pintores, músicos, arquitectos, cantaores, bailaoras... Peinar el viento, maravilla absoluta, laberinto barroco, absorbedor a veces, dé ondeadas líneas, músicas, pentagramas volando, signos, grafías como miles de pisadas de pájaros, finas agujas de sol entre la lluvia. Nada como explayar la memoria sobre lo blanco del pa- pe! tan vibrador como la cal, a quien ayuda el viento de la infancia recordada de José Caballero a dibujar sobre él toda la complicada y sencilla maraña de su imaginación, los hilos desflecados de su niñez y adolescencia, toda la nostalgia de su mar y las jarcias al aire de los puertos. Peinar el viento, fatigar la selva, el bosque inextricable de su memoria en movimiento, cuando ya los muros de Huelva, la ciudad de su recuerdo, de su infancia, no lo pueden ver ya, cuando todo era pueblo, divina claridad hecha por albañiles, maestros de obras, creadores de arquitecturas para soñar, muros al bos imposibles, azoteas floreadas, tejadillos y campanarios recortados en el añil del cielo, ese mismo que luego transparenta las sombras. Todo es perfil, locura, gracia, arrebato, fina alegría, infantil memoria de plata, que José Caballero ofrende a María Fernanda, su amor y buena amiga, a quien le da la mano para recorrer mirando, absorbiendo, plazas y calles, paseos, procesiones, muelles, casas, patios y terrados, entre el clarín distante de la plaza de toros, el sopor de la siesta, el olor a marisma y ese blanco de la cal andaluza que permanece, que se alza, en las prodigiosas lejanías de su imaginación, como un alto velero siempre deseado. Rafael ALBERTI