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XII ABC ABC- Poesía- 10 enero- 1987- Biografía- Cocktails- Pizza Ramón Pedros Col. Julio Nombela Asociación de Escritores v Artistas Madrid, ¡986 Todos los poetas auténticos- y no sólo García Lorca en Poeta en Nueva York tienen un raro paréntesis de sombra algo que en realidad supone una radicalización definitiva en las bases existenciales y textuales de su obra. Ramón P e d r o s uno de los poetas decisivos de la generación del setenta- flanqueado por los culturalistas y por los neocernudianos, aunque escapándose de sus c e p o s- mandó durante unos años en la lírica joven. Dos libros primerizos, pero personales, Dos haRamón Pedros chas contra la muerte y Música en la madera y un poemario ya en línea de calidad contrastada, como era El río herido -con una percusión neorromántica, arropando un calculado prosaísmo- eran el dato más a mano. Pero el poeta voló hacia climas propios de una ostpolitik -profesional y estética con Los cuatro nocturnos y una lenta iluminación cerca de Cherbourg premio Leopoldo Panero de Poesía, bajo el brazo cuando su presencia resultaba imprescindible. El silencio de las sirenas se ha roto al fin. Y tras su vuelta a España, después de un vuelo de rasante por Moscú, Nueva York y Bruselas, la llamada es doble: de una parte, este libro complejo y arriesgado en su ambición- e l arranque que necesita nuestra joven poesía para salir del marasmo neosensiblero de hoy- que ha titulado Cocktails- Pizza con un simbolismo de entrecruzadas galerías espirituales y ahormadas estructuras estilísticas; y de otra parte, el reconocimiento que ha supuesto el premio concedido al libro por parte de la Editorial Olcades, con motivo del ingreso de España en la CEE, por su calado europeísta de obra abierta Que el alejamiento fue absolutamente rentable lo prueba Cocktails- Pizza Nuestra úl: tima lírica necesita estos demarrages para oxigenarla de los ambientes mefíticos de la mescalina y de una posmodernidad de recuelo. Cosa más evidente si pensamos que el libro es un adiós, un cierre definitivo a una obra de juventud. Esta pasada por la sensibilidad anglosajona, en la que se resuelven la crisis de un aprendizaje demasiado homologado con: la tradicionalidad lírica europea, que se mira el ombligo con mucha frecuencia, y el inevitable derecho de tanteo de una mayor complejidad estética. No es Cocktails- Pizza el libro de carril que desprende polvillo de mariposa. La confesión de un poeta del siglo XX se acoge a una intertextualización de estéticas y géneros que Ramón Pedros ofrece con exasperante literalidad. Hablábamos a! p- ¡nr! pio do opta en Nueva York de García Lorca, sin duda Textos Cardinales Hume. Antología Edición de Vicente Sanfélix Ediciones Península. 287 páginas Se han presentado en Madrid en un acto para subrayar el paralelo con este libro. Pedros no es lírico obsesivo, pero sí respira la generosamente sencillo, de cierta intimidad liangustia, la alienación, la crisis del humanis- teraria, los dos primeros títulos de la nueva mo residual de estas décadas. La atmósfera colección Textos Cardinales de Ediciones de similar poder caótico que el autor de- Península; colección que ya lleva dentro de sí Cocktails desmenuza sin mayor énfasis, el sello de la elevada intransigencia profundahaciendo biografía y hapenning en el lírico mente intelectual: recordación de las glorias granadino, es misteriosa brutalidad y angustia metafísicas del pasado sin olvidar la granderepresada. En Pedros hay un corazón agita- za contemporánea que también es huella de do, como un coctel amargo, y, desde luego, la sabiduría. La presentación de estas dos una visión que visualiza aún más que contex- primeras narraciones de Textos Cardinales tualiza, la desgana infinita de una época, tra- fue serena y gentil con una iluminación de ducida en un furor de vivir más próximo a ia cultura como telón de fondo. La colección es fiebre del sábado noche que a la indolen- dirigida por José Francisco Yvars. Es necesario conceder un tono de positiva realidad a cia de los pasotas. esta reciente aventura de los libros, tripulada Ramón Pedros es un poeta que encauza a en esta ocasión por el director literario de Pesu época desde el propio centro de la tierra. nínsula, José María Castellet. Preso del vértigo, comunica a todo lo que se Los dos primeros títulos que ya tenemos mueve en torno a la acezante melancolía y el desahucio informal que su propia locura coti- en nuestras manos: Hume y Spinoza diana pone en evidencia. Y, sin embargo, Ambos, primorosamente editados. todo ello sobrenada y logra sus objetivos esDejemos la penetrante inquietud de Spinotéticos, porque en el lírico de Cocktails- za para más adelante, para hoy dedicarnos a Pizza se solazan juntos el frenetismo de los Hume. David Hume nació en Edimburgo en ochenta y el neorromanticismo sin época, ya 1711, donde murió en 1776. La vida de perceptible en libros anteriores. Y yo ni he Hume fue un constante pensamiento que en podido llorar- con tanto estrépito visceral- ni este libro recopila con mucha inteligencia Vihe sabido presentarme al nuevo mundo cente Sanfélix. Se trata, pues, de una antología muy lograda y escrupulosamente escogiCon Ramón Pedros, y precisamente a tra- da, con todas las divergencias y pesadumvés del cristal de su mirada, la Europa y la bres del alma del filósofo que, no pocas, América de hoy chirría por sus goznes socia- tendrán que escocer a las determinaciones les, se sobresalta al hilo del teléfono, lo mis- espirituales de la inmortalidad. La filosofía de mo por la voz temblorosa de su hijo Mica que Hume es esencialmente escéptica en sus por su sobresalto de poeta entre los dos fundamentos, en sus raíces, en sus audaces mundos, luchando por su inocencia- e n defi- atrevimientos de alocado intelectual. No Connitiva, por su identidad- en el quicio de la venció a sus críticos y Hume se llevó a la soledad del hombre. El adelgazamiento lírico tumba su filosofía ácrata, su ateísmo, los pelise produce con asombrosa plasticidad y bre- grosos conceptos sobre la ciencia de vivir y vedad. El poeta está al límite de su sensibili- de morir. Hume reduce su filosofía nada más dad, a bout de soufle en su fruición vital y que a una dimensión humana. La inquieta sodesnudo frente a los convencionalismos. berbia del filósofo- a veces en las tinieblas Cada traje viejo es un muerto que sólo sabe de la depresión del pensamiento- relampahablar a gritos, y el yo poemático, la con- guea crudamente en el fondo de estos tratatrafigura de Ramón Pedros, habla siete idio- dos de incredulidad metafísica, religiosa e, inmas (vive siete vidas, conoce siete mil sensa- cluso, sensible. Frases muy penetrantes las ciones y emociones) pero no se le entiende de Hume: ¡Con qué poco interés, debido a en ninguno. El sarcasmo es- una vez más- la estructura original e interna de la mente y la manera en que e! autor de Cocktails- de las pasiones, consideramos el más allá! Pizza tiene de manifestar su verdad. Una He aquí la filosofía de la noche oscura. No verdad de poeta que confiesa que la piel se me atrevo a introducir a San Juan en estos le pudre a cada letra, porque la vida es un avatares, en estas sombras del escepticismo vómito, una carcajada, una botella rota, una de Hume nada más que como rebelión del tabla del amor náufrago que la poesía de alma sosegada. El filósofo no se aparta del este libro salva del océano solidario. Poema- espectáculo de la vida: Ciertamente en algurio, en suma, que cruza como un relámpago nas mentes el fututro produce inexplicables casi visionario la lírica de este momento, en- terrores. Más tardé, dice que se desvanetre el enardecido rock n roll y la Lady in- cen. ¿Cuándo? Nos hallamos ante una filosocauta de una noche irreversible. Con esa fe- fía comprometida, feroz a veces, inquieta nomenología y una soberana estructura for- siempre, constantemente discutible, casi mal, tan cercana al collage culturalista de siempre rechazable salvando frases, imágeEzra Pound como alejada de enumeraciones nes, horizontes y sueños. Destruye Hume la más o menos caóticas, Pedros deja en nues- quietud de otras filosofías: es decir, intenta tras manos un libro desasosegante, de di- colocar bajo tierra todo aquello que para la mensiones metafísicas, donde la belleza mayoría de la Humanidad es esperanza. pone su fulgor apagado. Florencio MARTÍNEZ RUIZ José Luis MARTIN ABRIL ífÜife