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lOenero- 1987 OCAS veces en un escritor, en un poeta en este caso, pueden darse tan unidas obras y biografía, y también, como ahora, historia y circunstancia vital. Yorgos Seferis, poeta griego, premio Nobel 1963, traducido y, más bien entendido, por Pedro Bádenas de la Peña, se nos ofrece en su obra poética completa. Seferis, pseudónimo de Yorgos Stilianós Seferiadis, nacido en Esmima en febrero de 1900 y muerto en Atenas en septiembre de 1971, logró el codiciado premio sueco por primera vez para Grecia por ser elegido como el más eminente escritor de la generación de 1930 Escritor- de raza y de herencia, hijo de académico, dramaturgo y poeta, respirará pronto el aire de la afición literaria. Instalada la familia en Atenas, Seferis viajó a Francia para cursar sus estudios de Derecho en París. Pronto ios tremendos avatares vividos por su país condicionan sus actividades y marcan su azaroso destino. Dondequiera que viaje, Grecia será mi herida iba a convertirse en una frase banderiza para muchos de sus compatriotas, zarandeados por las guerras de dentro y de fuera. Ese dolor de su patria le iba a señalar en su vida y en su obra. Y su propia carrera diplomática iba a ser un constante compromiso y un doloroso y nostálgico exilio. Hacia tres vertientes se encamina su poesía. La técnica de una manera de poesía pura que ha tenido contacto con la mejor poesía francesa de su tiempo- Valen Laforgue, Rimbaud- el ascendiente palpable de una Grecia antigua, viva siempre en sus evocaciones míticas, y la referencia inmediata de sus alrededores vitales. La tragedia de su pueblo, en un temperamento sensible y activo como el suyo, le lleva a la dramática convulsión de su verso, que tiene sus orígenes en unas formas clásicas y musicales llenas de personales innovaciones. Las raíces desaparecidas son una constante en su trayectoria literaria. Lector diario de cien versos de la litada Seferis viaja con sus héroes, y el dolor y la muerte de ellos son inmediatamente referidos al discurrir diario de sus tiempos difíciles Esa unidad de temas, esa totalidad del canto en el tiempo, en todos los tiempos de su doliente Grecia están confundidos- esclarecidos también- en esa Cisterna, título de uno de sus poemas, de gran contenido filosófico, donde la noche no cree en la alborada, vive el amor tejiendo la muerte, a semejanza de un alma libre una cisterna de lecciones de silencio en medio de una ciudad que es pura llama Digamos en seguida que estamos ante una poesía de gran eficacia sugerente, pero de difícil interpretación, y que gracias a su traductor y exégeta, Pedro Bádenas de la Peña, podemos acércanos a su riquísimo mundo de símbolos que se suceden y se encadenan. Queda en el aire el riesgo de toda traducción cuando tenemos que aceptar esa sustitución del poema por otro que se atreve a cambiar la inicial vestidura. La esencialidad de Seferis está sin duda en una riquísima selección de su materia verbal. Cada transposición- s e ha dicho mucho- es una lucha a muerte con lo imposible. Pero el traductor de estos poemas ha logrado un castellano perfecto, donde no se adivinan forzados amaneramientos, ABC ABC XI para dejarnos después con la palabra nutriente del cantor y con todo el sentimiento y la veracidad que ha podido encontrar en su transcripción. Comprometido resulta elegir entre lo mejor de estos libros. Son los títulos de éstos: Estrofa La Cisterna Leyenda Gimnopedia Cuaderno de ejercicios, I Diario de a bordo. I Diario de a bordo, II El Zorzal Diario de a bordo, III Tres poemas secretos Cuaderno de ejercicios, II cuadernos éstos que constituyen una aportación inédita para el conocimiento del autor. Desde el poeta amoroso que es Seferis: Y era tu sonrisa como una espada desnuda Sabes... quiero a una mujer que se fue tal vez al otro mundo hasta el poeta, tan frecuente, de la patria abandonada ¿quién tomará en cuenta nuestro empeño de olvido? he dejado pasar un caudaloso río entre mis dedos y estoy triste leyendo al poeta de rilkiano sentido: Y, sin embargo, cada uno gana su muerte, su propia muerte, que no es de nadie más llegamos a aquel transmutador de la realidad, a aquel escenario del Greco, cambiando de lugar los elementos del paisaje para darle mayor expresión... Alguna vez nos daremos con la delicadeza del que canta, sabiendo que lo hace para las gentes, pero con miedo a esas mismas gentes: Pensé tocar una tonada, pero tuve vergüenza de la gente, la que mira más allá de la noche dentro de mi luz tejida de cuerpos vivos, de corazones desnudos... Más potente en el verso mayor, en e que se apoya en los mitos y los sucede, actualizándolos, que en los rotundos o aéreos haikus Mujer desnuda la granada que Se ha abierto estaba llena de estrellas -donde es posible que el aroma último se haya perdido en la traducción, tendremos siempre un poeta que, según comentario de su prologuista, entiende la poesía como algo más que un modo armonioso de expresión; la poesía se convierte así, también, en un medio de conocimiento que permite acceder a un conocimiento universal Este entendimiento es como una extensión vegetal que se potencia con el riego vital que recibe: El hombre es blando- nos dice en un hermoso poema titulado La última etapa -y siente sed como la yerba, sus nervios son raíces que se extienden. Puede pasar de la serenidad y grandeza héraclitianas- como ocurre en Un viejo a la orilla del río Si el sufrir es humano, no somos hombres sólo para sufrir -al tono irónico que le despierta la pequenez de cierta vida en torno- ¿Conoce usted al poeta, llamésmole así, que estuvo aquí el mes pasado? Al afecto lo llama libido subyacente... pero el temblor de su palabra nos invade s i e m p r e Desde sus v e r s o s comprenderemos mejor esa Grecia- también la contemporánea- que él ha concebido como universal, y esa atracción y fuerza comunicante que ha suscitado en otros poetas de nuestra hora. Kalvos, Cavafis, Sengópulos, Palamas o Makriannis se comprenden mejor desde esta poesía... Dichoso quien hizo el viaje de Odiseo. José GARCÍA NIETO de la Real Academia Española P POESÍA COMPLETA Yorgos Seferis Alianza Editorial. Madrid. ¡986 fórmulas enrarecidas o sumisiones bastardas. Y únase a esto el profundo conocimiento que Bádenas tiene de la materia que maneja donde ocupan partes tan importante la cifra de los símbolos y el conocimiento referencial. La cultura de Seferis, tan bien asimilada y extendida, de tan fina aplicación al hondo significa- do de su verso, requería un seguimiento cercanísimo para que nada se escapara, al menos, de lo que se quería expresar como argumento descifrable. El traductor y anotador de estos versos lo ha conseguido y hemos de agradecerle el temerario esfuerzo. Lo trágico no es tanto la situación en sí cuanto su capacidad de escapar a la comprensión humana. La búsqueda constante de unas leyes que rijan este juego de fuerzas es la grandeza y limitación de ese helenismo humanista, y la obra de Seferis, particularmente su poesía, nos parece en ese punto que llega a un resultado comparable al del drama de Esquilo o de Eurípides. El traductor de hoy sabía bien el terreno que pisaba y la responsabilidad que entrañaba su empresa. Si ha comprendido lúcidamente que Seferis, como sus antiguos paisanos, nos enseña con su verso que la explicación del hombre reside en el mismo hombre, y poco puede esperar de otras revelaciones se ha esforzado en aclararnos las fuentes donde el poeta ha bebido- que eran manantiales de su tierra propia-