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lOenero- 1987 ÁBC IX el telón y en la cabeza i Por Julio BRAVO ligeramente desordenados, una jarra de té que, taza a taza, va apurando a lo largo de la conversación. Una paradoja musical (la edición en compact- disc de una grabación de La traviata dirigida por Tóscahini) completa el atrezzo de esta mesa. Un aparato de televisión, otro de vídeo (con varías cintas junto a él) y unos sillones arropando un velador terminan de llenar el decorado. En el momento de levantarse el telón, el director juguetea con una larga y elástica espiral azul, que pasa de una mano a la otra constantemente. rectores, algunos geniales, pero no son maestros, no señalan los caminos de forma tan clara. Probablemente Strehler y Brook sean los últimos maestros de una manera de hacer teatro; (El director se queda un momento ensimismado, como si él mismo se hubiera dado el pie para una acotación, para una reflexión al margen. En el teatro actual está cambiando todo. Seguramente las artes ganan en difusión gracias a la tecnología, pero al tiempo pierden en profundidad. Y ellos siguen marcando un- sentido crítico y una implicación profunda del hombre de teatro frente a la sociedad y, sobre todo, frente al individuo. (Suave) A mí me gustaría ser menos superficial. (Sin abandonar su posición, el director se vuelve y aprieta un botón en su equipo de música. Una metedía inunda la escena: O mió babbino caro... El director toma unos papeles y garrapatea unas notas en ellos. Abandona la pluma y se vuelve de nuevo hacia los espectadores. La ópera. Entrar profundamente en la ópera es cuestión de tiempo, que es lo más caro que existe. (Sonríe irónico. Aunque parece que años, antes de que el teatro estuviera en mí. Lo que más me atrae es tener música, tener en las manos el espectáculo más completo que ha creado Occidente; algo tan abstracto que se sienten muchas ganas de manipular con ello. (Esboza una abierta sonrisa. Y además, que le canten a uno en un ensayo es algo emocionante. el dinero es aún más caro que el El aria de Puccini cobra intensitiempo, y el tiempo en la ópera és dad. El director se levanta e inicia el muy sagrado. Y para entrar en pro- mutis. La escena queda vacía y cae fundidad en una ópera se necest el telón. tan, al menos, seis o siete semanas de ensayos. Pero dirigir ópera es Segundo cuadro otro oficio. Allí es el compositor (La escena con el mismo decoraquien decide el clima, y si tú quieres hacerlo; como hay que hacerlo, do del: principio. El director, sentadesde el punto de vista de la músi- do. -Señor. ca, tienes que servir lo que el com- ¿Qué? positor ya ha decidido. Hay, ade- Ahí está El público. más, una serie de títulos de reperto- Que pase. rio que tal vez se sigan montando (La escena se inunda entonces sólo por la belleza de la partitura: que ya es bastante. No es poca de actores con disfraces de cabacosa encontrar una partitura bella. llos, hombres, muchachos vestidos Pero hay repertorio operístico como de raso, arlequines, bailarinas, JuMozart, como Wagner, incluso lieta, estudiantes, prestidigitadores, como Verdi, en el que uno puede pastores bobos... Comienza a sonar implicarse e implicar al espectador. un eco de aplausos con acento ita (Al tiempo que los cita, se proyec- liano, confundido con el bullicio de tan sobre el fondo, difuminados, los una ciudad industrial, que bien purostros de los tres compositores. El diera ser, por ejemplo, Milán. El didirector queda absorto mientras re- rector se levanta y se dirige a los espectadores. memora. Milán sirvió para lo que supo- Mi amor por la música y por la ópera es el que me ha llevado a di- níamos. Como experimento. La sala rigir obras de este género. Un amor- e l teatro Fossati- tiene una dotaque nació cuando yo tenía once c i o n técnica tan buena y una estructura tal que te hace sentir muy libre. Estrenar en Milán constituía- además de un compromiso con el Piccolo Teatro di Milano, que coprpduce el espectáculo- una aventura: la de presentar el texto ante un público extranjero, que no lo comprende a la perfección. La reacción, no obstante, ha sido magnífica. Hemos tenido lo que se llama un éxito- depúblico- y- crítica ¿La razón? Yo creo que el hecho de que el texto no llegue al público en todo su significado tiene una contrapartida ventajosa. La sensibilidad; del espectador hacia el actor, hacia la ¡nterpretación, crece. Y cuando la poesía del texto está servida a través del espectáculo, cuando esa poesía existe, llega al espectador franqueando la barrera del idioma. (El rumor urbano y los aplausos han ido descendiendo poco a poco, hasta desaparecer por completo, mientras el director ha hablado. Cuando termina empieza a oírse, muy débil, el sonido de un organillo. Esta es la primera vez que se presenta en escena el texto castellano completo de El público. Antes ya se representaron fragmentos en teatros universitarios; y creo que en Polonia y en Wuppertál se presentó la obra con varias escenas suprimi- Alfredo Alcón: Hay que compartir la pasión Tiene aún en las pupilas los rostros de los milaneses, pero su imaginación traspasa ya ese horizonte y se clava en esos madrileños con quien está ansioso de encontrarse. Para mí- dice Alfredo Alcón, protagonista masculino de El público- éste es él verdadero estreno; lo demás fueron ensayos generales con público. Cuando sé le pregunta acerca de su personaje, de su visión- esa introspección que tanto gusta contar a muchos actores- despliega un catálogo de gestos y una cascada de palabras brota: Si yo supiera hablar de los personajes... no sería actor. Mi manera de contar los personajes es representándolos. No obstante, éh su corazóh tiene claro lo que significa El público para él. Lo que más me interesó era el reto de hacer una obra como ésta, con tantos colores, con tantas sensacioríes diferentes. No hay argumento entre estos colores. Es como un cuadro de Miró. Se pasa del rojo al amarillo sin transición. Y esto es lo más atractivo. El público juega mucho, para Alfredo Alcón, en El público. Es una obra cuyo éxito diario depende mucho del estado de gracia de los actores... y del espectador. Tiene que formar parte del drama, compartir la pasión. Su silencio, ese tono musical que emiten y que es como una llave para la reacción del actor es, en esta obra, algo fundamental. No sé- termina- si los actores estamos bien o mal. Sólo sé que estamos alegres, conrhocjonados, conmovidos...