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10 enero- 1987 ABC Uúv vlo Calle de Felipe IV ABC III Real Academia L Diccionario académico se propone no sólo inventariar lo que se dice y se escribe con valor general para toda la comunidad hispanohablante, o para partes importantes de ella, sino ayudar a que puedan ser leídos textos antiguos y clásicos. Se debe a eso, por ejemplo, la reciente rectificación de amidos, voz medieval que significaba de mala gana y que se prefiere a la menos frecuente ambidos. (De ese modo pagaban entonces sus tributos los pecheros, y asf hacemos hoy la declaración de la renta. Por el mismo motivo, entrará en la próxima edición el clásico hideputa, con su significado obvio de hijo de puta Por cierto, que será preciso modificar la definición de esto último, que ya está, pero limitada a decir que es una expresión injuriosa y de desprecio Todos sabemos, sin embargo, que mentecato también injuria y desprecia, pero no es fo mismo. Se trata de algo más; y, a veces, bastante menos de lo que dice su literalidad. En particular, hideputa poseía un mero valor interjectivo, ya desaparecido ¡Hideputa, y qué corazón de mármol I exclamaba Sancho Panza) que será preciso registrar. Hoy vive, y con qué fuerza, la expresión plena, bien vaciada de significación, y resulta casi un ditirambo, según el tono, la ocasión y el ambiente. O, por el contrario, henchida de plenitud, aunque sea santa la madre del injuriado; y es entonces el guante punzante que se le lanza, el bofetón que remueve sus hormonas y le ciega la razón. Como ocurrió, por ejemplo, a mi tío Tomás, héroe secreto de mi infancia, que, una noche de taberna y aguardiente, dejó seco de un navajazo a uno que osó motejarlo así. Con veinte años en el penal de San Miguel de los Reyes pagó el ramalazo. Cuando yo lo traté (noble porte, aventajada estatura, cabellera blanquísima, refinado razonador de su ateísmo) y le reproché con prudencia el antuvión, me contestó muy digno: No sólo vale la pena matar, sino morir ante esa injuria. No creía en Dios, pero sí en el significado literal de los vocablos: mártir sublime de la Semántica. Ya en este despeñadero de las malas palabras- -que no asustan a la Academia, como, por desgracia, hoy a nadie- -se ha dado salvoconducto a putada, equivalente a cabronada, acción malintencionada que perjudica a alguien Y a las acepciones ya consignadas de putear frecuentar el trato con prostitutas y hacer vida airada una mujer se ha añadido el sentido americano de injuriar, dirigir palabras soeces a alguien No ha entrado aún el uso actual, sinónimo casi de chulear a alguien queriéndose decir que se le gobierna, se le explota y se abusa de él (o de ella) Pero salgamos de la alcantarilla. Como contraste, ¿habrá algo más alado y gaseoso que un tutu, el faldellín flotante de las bailarinas? Pues ya está nacionalizada esa voz francesa. Cuyo origen, por cierto, es notable; resultó de alterar eufemísticamente cucu, esto es cul- cul Voy a darte una zurrita en el tutu, dice a su niño una mamá de Musset) E Aplicado el vocablo a! faldellín, constituye un buen ejemplo de metonimia, tropo basado, como es sabido, en la contigüidad. Me propongo ser parco en mis informes sobre tecnicismos, pero ya advertí que proporcionan muchos quebraderos de cabeza, y algún mérito hay que hacer de ellos. Limitémonos hoy a tres que tienen que ver con la plata: argéntico (aplícase a los óxidos y sales de tal metal) argentita (sulfuro de plata natu- ral, de color gris de plomo, que constituye una mena importante de la plata) y argentometría (método de análisis volumétrico en el que se utiliza como indicador la precipitación de sales de plata insolubles) La aritmética se nos había quedado enigmática, pues se decía de ella que estudia la composición y la descomposición de la cantidad representada por números Dirá ahora el Diccionario que estudia los números y las operaciones hechas con ellos Pierde, pues, mucho de su carácter inquietante. Un toque etimológico; según la edición vigésima, sud es reproducción de ese vocablo anglosajón. Se precisará más: procede del inglés medio (el que se habló entre los siglos XII y XV) suth o south; el cual, añado, prolonga el inglés antiguo suth, voz que éste recibió del habla holandesa de Frisia. El castellano amortiguó la consonante final, e hizo también sur; pero sud continúa bastante vivo en comTomará también nota el Diccionario del adpuestos como sudeste y sudoeste. En cualquier caso, los mares de! sur parecen más jetivo rómbico (con forma de rombo) selectiondulados e insinuantes que si fueran del vidad, supletorio, titular de periódico o revista; o ultratumba, voz a cuyo significado adverbial sud. Pero los vocablos que más gusta tratar en más allá de la tumba se añade el nomila Academia, por qué ocultarlo, son los co- nal: lo que se cree o se supone que existe rrientes y molientes, sobre los cuales toda la después de la muerte Palabra, esta última, junta tiene opinión. ¿Qué hacer con términos que impide proseguir. como arilo o argentita, sino expresar silencioFernando LÁZARO CARRETER so pasmo ante el saber de los que saben? En cambio, ¡qué animación cuando empiezan de la Real Academia Española a saltar sobre el tapete verde vocablos familiares, porque faltan o están mal definidos! De pronto, alguien ha pasado la noche rabiando de dolor con una ciática, ha tomado el Diccionario como analgésico, y ha descubierto, tremenda omisión, que no aparece rabiar de dolor. Y allá está la papeleta el jueves, taponando el hueco. O se habla del racionamiento del agua en ciertos pueblos sedientos, y el Diccionario sólo se refiere al que impuso la guerra. Pero, en casa, se puede racionar una pequeña tarta; y se añade: Someter algo, en caso de escasez, a una distribución adecuada (Por cierto, ¿no puede racionarse uno mismo algo aunque no escasee? por ejemplo, el tabaco. Inquirir y hallar esas ausencias en el gran registro de nuestra lengua puede convertirse en juego apasionante. Durante los veranos, suelo combatir el calor buscándole las cosquillas al libro sapientísimo. Supongo que mis compañeros disfrutan igual. Y, entre todos, se van recubriendo agujeros, compensando faltas o descubriendo vejeces que han permanecido escondidas y apolilladas entre las densas columnas. (Recuerdo, como muestra, mi estupor al leer la definición tercermundista de muleta: Palo con un travesano en uno de sus extremos, el cual sirve para afirmarse el que tiene dificultad de andar. Pero serán consideradas ahora las aéreas estructuras de aluminio, que convierten en coquetería la cojera. De tales palabras, nuevas en el Diccionario o enmendadas, entran muchas; casi tantas como tecnicismos. Se decía de trianero, únicamente, que era el vecino del barrio sevillano de Triana; se añadirá que es también todo lo perteneciente o relativo a ese lugar: sus calles, sus tiendas, sus patios, sus iglesias o su estilo de torear. ¡Prodigiosa Sevilla, que infunde sus vocablos por todo el tejido del idioma! Tuno ya no será sólo el tunante, sino el componente de una tuna. A pretendiente (el que pretende algo) se han sumado acepciones tan antiguas como aspirante a ocupar un cargo público o al noviazgo o al matrimonio con una mujer Aunque tal vez varias mujeres pueden pretender también al mismo hombre. Sorprenderá que repisa sólo contara como elemento arquitectónico; pero llevamos decenios colocando chismes en repisas varias por la casa. El sigilo era un sello para estampar, o el secreto impenetrable; pero es también sigiloso el silencio con que se hace algo. Y el taconeo resulta no sólo de andar dándoles fuerte a los tacones, sino de bailar metiéndoles prisa.