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SÁBADO 10 Ú 87 TRIBfflA ABIERTA cada cual tiene sus limitaciones. Y la mía es ésa. Para ser sincero, creo que ésa, Por Miguel DELIBES aunque algunos lo ignoren, es ta limitación por ante nuestra actitud agresiva. El ojito rojo de todos los humanos. Quiero decir que el tade la perdiz, aun apagado, nunca me ha mo- maño, en una u otra medida, es el freno de vido, en cambio, a estas reflexiones, como todos los hombres en el momento de admitampoco lo ha hecho el ojo turbio, desorbita- nistrar la muerte. Ahora recuerdo que en una do e inexpresivo de un conejo. Una perdiz entrevista celebrada en Sedaño con un avismuerta colgada de una percha- l o he dicho pado reportero, éste, en el momento en que muchas veces- es un bodegón; la conversación giraba, como de un corzo o un ciervo es un cadácostumbre, en mi respeto por los ver, con todas las connotaciones animales de cierto tamaño y él de rigidez y despojo que acomse burlaba, propinó con los folios pañan a la muerte. Entonces lo un palmetazo a una mosca que que a usted le detiene en el insle importunaba: ¿No usa usted tante supremo de apretar el gatiinsecticida? -m e preguntó con llo ¿es el tamaño de la pieza? sorna, como si se dirigiera a un Exactamente, el tamaño de la hombre prehistórico. La mosca pieza y la expresión de sus ojos. bordoneaba moribunda, describiendo círculos en el suelo. Hace pocos años, con ocasión Toda mortandad, aunque sea de un viaje mío a Suecia, los de insectos, me deprime dije. promotores del mismo me comunicaron eufóricos que habían El muchacho quedó un poco conseguido organizar una caceconfuso mirando a su víctima en ría de alces: Va usted a pasar las postrimerías. Y es que para un gran día- me decían- son aquel muchacho sensible que inMiguel Dellbes unos animales de la envergadura tercedía momentos antes por de la Real Academia de un caballo. Horrorizado ante una perdiz roja, un; díptero no Española esta perspectiva, les rogué que merecía compasión. Los sufriprescindieran de ese punto del programa, mientos de un mosquito no despiertan la pieque no entraba en mis cálculos que por mi dad de nadie. Dos amigos biólogos, el matricausa se provocase en Suecia una carnice- monio Llandrés, me aseguraban hace unos ría. Pero, ¿no es usted cazador? Bueno, años, sin embargo, que el sistema nervioso sí; soy cazador, pero de animalitos más ele- de un insecto es tan complejo y sofisticado mentales, menos construidos, mejor dotados que su agonía tiene que ser muydura. Esta para su defensa. ¿Qué quiere usted de- advertencia y mi sentido ecológico me alejacir? Pues, mire usted, que mi rapacidad ci- ron del insecticida, del exterminio en masa. negética no va más allá del conejo y la perdiz En mi despacho de verano procuro no dejar roja. También quedaron estupefactos. No entrar a las moscas y para la que fuerza el comprendían que un hombre habituado a tirar bloqueo uso palmeta, pero procuro asegurardel gatillo de un arma se detuviera ante nada. me de su muerte antes de reanudar el trabaY este asombro ajeno ante mi incapacidad dé jo. Total, que, de una u otra manera, el tamadar muerte a un animal cautivador que esta- ño de la pieza nos afecta a todos. El francisblece comunicación con la mirada me llena, a canismo de algunos impresionábfes termina la vez, a mí de estupor. En este instinto agre- en el mosquito. El mío, en la perdiz roja. Una sivo que, sin duda, subyace en el hombre, simple cuestión de bulto. S ¿asi inevitable. La entrevista con un colega periodista, masculino o p femenino, interesado en mi obra cinegética concluye casi siempre refiriéndose al aparente contrasentido de mi doble condición de ecologista y cazador. ¿Cómo siendo usted un conocido, conservacionista se va los domingos al campo a disparar tiros contra las perdices? ¿Cómo puede conciliarse su actividad de cazador con su sentimiento ecologista? Con mis amigos, ni cazadores ni protectores, simplemente gente sensible, las discusiones sobre el tema, en el que yo suelo argumentar que mediante la caza de la perdiz, un ave díscola, rápida y escasa- a l menos en Castilla la Vieja- yo pretendo imponer mi inteligencia, mi aguante físico y mi astucia a su bravura y difidencia, esto es, se trata de un juego limpio entre caballeros concluyen, por su parte, con una media sonrisa de escepticismo y una frase mordaz no exenta de exactitud: Sí, pero la perdiz no tiene escopeta. En rigor, esto es cierto, pero no lo es menos que si yo pretendo cazar perdices en otoño, sería necio que no me esforzara por conservarlas e! resto de las estaciones, argumento un poco cruel, pero que suelo complementar con mi buena disposición a colgar la escopeta el día que la patirroja esté realmente amenazada de extinción. E CUESTIÓN DE BULTO Estas controversias, nunca demasiado acaloradas, suelen derivar hacia un punto de coincidencia: mi afición cinegética, refrenada por un piadoso franciscanismo, nunca me ha permitido ejercitarla contra animales evolucionados, animales de cierto bulto y ojos humanizados. Por ejemplo, nunca he practicado, practico ni practicaré. la caza llamada mayor, adjetivo que en este caso refiere escuetamente no a la caza más o menos difícil, sino a la caza de animales grandes: piezas de safari, ciervos, gamos, corzos, alces... La razón que aduzco nunca conmueve, sino que, por el contrario, mueve a burla a mis interlocutores: soy incapaz de apagar unos ojos evolucionados, unos ojos que, aun después de cobrada la pieza, muestran su asombro y estu- PEDDAKKA. EN SU MUNDO 60 PTS. SON LA VIDA. leddakka está cambiando su mundo gracias a 60 pesetas diarias, la aportación de (la familia que la ha apadrinado a través de Ayuda en Acción. Ayuda Caracas, 2 r. 28010 Madrid. Tel. 410 0759 leddakka hoy, como 81 niños más de su poblado de la India, puede acudir a la escuela y aprender un oficio que le proporcione la oportunidad de un futuro mejor, para ella y para su familia. A s í es el sistema de Ayuda en Acción. Mediante el apadrinamiento de un niño por una familia, que puede t n tu mundo 60 pesetas son seguir su evolución por carta o incluso apenas nada, en el de miles de niños personalmente, se costea su aprendizaje, como Peddakka, son la vida. para que sea ese niño, por sus propios Con tu ayuda su mundo cambiará. medios, quien pueda ir cambiando su mundo. Desearía recibir información sobre Ayuda en Acción. Nombre Dirección Localidad Declarada ra utilidad pública. Teléf C. P Provincia Ayuda en Acción agradece la inserción gratuita de este am