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A. Bellver, Monteagudo y Carbonell Torres Begué, Infantas y Cano Hasta el 12, el 16 y 17 de enero G. González, 31; Infantas, 19; P. Prado, 26 De 11 a 14 y de 17 a 21 J OAQUÍN Aguirre Bellver, al margen y paralelamente a su actitud de escritor y periodista, nos sorprende de tanto en tanto con una exposición de pintura (ésta es la cuarta) que, casi exclusivamente, se centra en el paisaje y los temas religiosos, aunque no falten en ellas algún retrato (en esta ocasión, un autorretrato) para advertirnos que su quehacer como pintor no desdeña ninguno de los género tradicionales. Los paisajes elegidos por Aguirre Bellver son los de cabo Roig, los de la sierra, los de Castilla, con sus trigales: costas, montañas, campos de España, pintados con luces diferentes. Y en cuanto a los temas evangélicos, esta vez las figuras sagradas se ordenan en el cuadro con una cierta elevación mística, excepto el polémico lienzo de El indulto de Barrabás que Aguirre Bellver ha querido exponer Figura técnica mixta, de Antonio Villa- Toro Oleo de Aguirre Bellver de nuevo, como una denuncia que no ha sido cursada, como una acusación sin respuesta. Treinta artistas españoles Asociación de Arte Essligen Esslingen Kunstverein (RFA) Hasta el 11 de enero L A mayor parte de los treinta y ocho cuadros que Philippe Moneagudo (París, 1936) está exponiendo en la galería Infantas, en su cuarta individual madrileña, son paisajes, tanto terrestres como marítimos y tanto de la ciudad como del barrio. Pero, además de esta especialidad, Monteagudo se ocupa del ser humano, de preferencia en grupo, con una visión desgarrada y patética, muy acorde con su habitual y violento expresionismo, que sólo se salva del tremendismo gracias al color: color vivo, lleno de vida, de maties, de plasticidad, de riqueza. Da la sensación esta pintura de una rápida realización, de una furiosa sucesión de pinceladas que van cubriendo el lienzo si Monteagudo luchara contra el tiempo para que se escapara la luz buscada, el efecto perseguido. Y eso ocurre incluso con los exteriores e interiores O Paisaje de Monteagudo solanescos de Rambla, barrio chino o meublé donde las peripatéticas se divierten envueltas en mantillas o mantones floreados. Contraste en los temas y en las gamas de color, que van desde esas incendiadas pesadillas a la bella beatitud de los almendros en flor o los paisajes nevados de Castilla. INTOR al aire libre, de caballete instalado en un puerto, una calle, un rincón tranquilo, Miguel Carbonell es pintor de pincelada cremosa, constructora, suelta, que no esconde la materialidad untuosa del óleo, trabajando vson pincel, empastado en ocasiones, que no reniega del oficio tradicional ni del color de la pintura (que no es forzosamente el color de la realidad, sino un efecto óptico capaz de producir una sensación grata en el contemplador) Pintura grata, sin más complicaciones que las exigidas por unos cánones aún vigentes para el público comprador de un cuadro destinado al hogar tradicional y no a plantearse unos problemas que el arte moderno sí se plantea. Treinta y cuatro dedicadas al paisaje, a la estampa vistosa del mercado de frutas o de flores, al puertecillo de pescadores, al P RGANIZADA por la Asociación de Arte de Esslingen y la Dirección General de Relaciones Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Madrid, dentro del marco de divulgación artística de los países que componen la Comunidad Europea, se inauguró hace un mes en la República Federal Alemana una muestra de Arte Español Contemporáneo, compuesta por un centenar de obras realizadas por un poeta (Rafael Alberti) veintitrés pintores y seis escultores. Ignoramos los criterios selectivos de los organizadores, pero a la vista de los autores no podemos por menos de pensar que no ha sido excesivamente riguroso. No porque alguno de los participantes carezca de méritos (todos son excelentes profesionales) sino porque no están aquí nombres realmente representativos (fuera de España) del arte español, ni están recogidas todas las tendencias (especialmente las tendencias jóvenes) de la actualidad nacional. Dicho esto, pasemos a comentar la exposición, comenzando por los escultores, que utilizan bien el bronce tradicional (Miranda D Amico, Francisco Barón, Pablo Serrano) bien la piedra, la madera o el poliéster (Javier Aleixandre, Feliciano Hernández, Juan Antonio Palomo) Y recordemos, entre los pintores, el surrealismo decimonónico (y sugestivo) de Sigfrido Martín Begué; la neofiguración expresionista y vigorosa de Alfonso Bonifacio; la nueva etapa neocubista de Rafael Canogar; las experiencias coloristas de Agustín de Celis; el himno al acrílico de Luis Delacámara; el sobrio abstraccionismo de Francisco Farreras; el realismo poético de José Fernández Lamas; la abstracción geométrica y lírica de Pedro Adán y Eva óleo de la pintura gallega Bea Rey Griffol; las catástrofes apocalípticas y oníricas de Faustino Manchado; las crónicas de la angustia de Juan Martínez; las esculto- pinturas de Juan Diego de Miguel; las siempre inspiradas composiciones de Ceferino Moreno; la pintura reciente y sugeridora de Lucio Muñoz; los grabados en relieve de Luis Pérez Vicente; el futurismo tecnológico de José Quero; el abstracto puro y permanente de Abel Rasskin; el universo clasico- modernista de Bea Rey; el cinetismo expresionista (nueva etapa) de Manuel Rivera; el vital- expresionismo de Jerónimo Salinero; los ensueños barrocos y prerrafaelistas de Diño Valls; las grandes composiciones historicistas de Geraldo Vasconcellos; la modernidad obsesionante de Darío Villalba y el apasionado expresionismo de Antonio Villa- Toro. Un variado catálogo, como indicábamos al principio de esta crónica. JUEVES 8- 1- 87 Pintura de Carbonell olivar verdeplateado, a las costa pedregosa, Miguel Carbonell merece la definición de Luis de Castresana: retratista del paisaje Y aquello otro de Navilo, referido a él: Los paisajes no son copia subjetiva del natural, sino un gesto del mismo sorprendido por el artista. Eso es, en esencia, el arte de Carbonell. 92 ABC