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S 6 ÁBC NACIONAL -La formación naval del Príncipe de As turias- JUEVES 8- 1- 87 marinera Juan Carlosha- José llamón González fue el instructor del Rey en el buque- escuela Madrid Espero y deseo que Su Alteza Rea! e! Príncipe de Asturias reciba de las Fuerzas Armadas el mismo afán de servicio que recibió Su Majestad el Rey ha declarado a ABC el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada Española, José Ramón González López, al mando del buque- escuela Juan Sebastián Elcano en 1958, año en que Don Juan Carlos realizó a bordo del navio su viaje de instrucción militar corno guardia marina. El almirante José Ramón González, que fue preceptor de Don Juan Carlos, cuenta con una larga experiencia de toda una vida dedicada a la Armada. Hasta su ascenso a contraalmirante en 1968, en que se le nombra profesor principal de la Escuela de Altos Estudios Militares del CESEDEM, ha desempeñadp distintas funciones en buena parte de los destructores, fragatas y buques de la Marina. El almirante jefe det Estado Mayor de la Armada ha declarado a ABC que la presencia del entonces heredero de la Corona en el buque- escuela, que él comandaba, fue un gran honor y una gran responsabilidad; aunque estaba previsto mi desembarco por llevar dos años de mando, me fue prorrogado el cargo para hacer el viaje con el Príncipe Fue un viaje como todos los demás- añade- pero el hecho de llevar a bordo a Don Juan Carlos aumentaba la misión de embajada que siempre tiene este barco en sus viajes al extranjero José Ramón González reconoce que (a vida de los guardia marinas es dura y la jornada apretada, ya que tienen que intervenir en todo lo concerniente a bordo: guardias a bordo, observaciones astronómicas, de crepúsculo y meridiana, para tener el buque situado perfectamente; levantamiento de cartas meteorológicas, previsión del tiempo, maniobras con el aparejo y clases teóricas de diferentes asuntos marineros. A Don Juan Carlos te gustaba especialemnte- dice el almirante- todo lo que fuese práctica. Estudiar la navegación en libro, no tanto. Le gustaba ser marinero, realizar todo tipo de ejercicios, maniobras, hacer los partes meteorológicos y, muy particularmente, subir a las bergas, que le encantaba. Tanto es así, que a veces había que llamarle la atención para que no se subiera tanto. El Juan Sebastián Elcano zarpó de Cádiz el 10 de enero de 1958 con el heredero de la Corona a bordo. En aquel viaje el buque- escuela recaló en los puertos de Las Palmas de Gran Canaria, Santo Domingo (República Dominicana) Cristóbal y Balboa (Panamá) Callao y Lima (Perú) Cartagena de Indias, con visita a Barranquea (Colombia) y Norfolk (Estados Unidos) en cuyo puerto desembarcó Su Alteza Real, et 7 de mayo. Allí visitó la Escuela Naval de Annapolis y regresó a España para completar su formación naval en otro buque armado. En aquella ocasión no se realizó ningún acto especial para despedir ai barco, más que los habituales que tradicionalmente presiden la salida del buque. que se repetirán este año con el embarque de Don Felipe. En el viaje del entonces Príncipe de Asturias se notó más expectación en las llegadas a puerto. Los presidentes dé Brasil y Perú fueron invitados a comer a bordo. En algunas ciudades ia gente salió a la calle para aplaudir a Don Juan Carlos y la Prensa extranjera recogió fielmente la presencia de Su Majestad, resaltando todos los detalles de su vida a bordo y en tierra y de su gran afición al mar. El Juan Sebastián Elcano continuó el. viaje de instrucción programado, que finalizó en Cádiz en julio de 1958, después de haber recorrido más de dieciséis mil millas marinas. Don Juan Carlos no recibió ningún privilegio especial durante el crucero. Fue embarcado como guardia marina- afirma José Ramón González- y como guardia marina fue tratado, con la salvedad del tratamiento que su rango personal exigía. Respecto a las medidas de seguridad adoptadas en el barco o en los puertos, el almirante González López señala que en el buque no se tomó ninguna medida especial. En puerto se pidió a los guardia marinas, sobre todo a los que le acompañaban, que vigilaran su seguridad. Independientemente de esto, en ciertas ciudades las autoridades tomaron las medidas que creyeron convenientes, aunque algunas veces entorpecían más que ayudaban en esta labor El almirante del Estado Mayor resaltó en todo momento a lo largo de la entrevista la vocación marinera del Rey, heredada, sin duda, de su padre, Su Alteza Real el Conde de Barcelona. El Príncipe demostró siempre Espero y deseo que el Príncipe reciba de las Fuerzas Armadas e! mismo afán de servicio que recibió el Rey ha declarado a ABC José Ramón González, instructor del Rey en el Juan Sebastián Elcano su propio interés en perfeccionar cuantas enseñanzas marineras recibió en las largas travesías del buque, adquiriendo los conocimientos adecuados para completar su formación En cuanto a las transformaciones que pueden haber afectado al barco y ¡os cambios en la vida de a bordo desde que estuvo el Rey, hace casi treinta años, José Ramón González señala que todos los años el buque va mejorando al incorporar las nuevas tecnologías, dentro de las limitaciones de un buque de vela. Hoy en día, medios de situación, información meteorológica, habitabilidad han cambiado, pero el ciclón sigue siendo ciclón y el viento duro sigue rizando las velas. Espero y deseo- afirma- que el Príncipe de Asturias reciba de las Fuerzas Armadas el mismo afán de servicio que recibió Su Majestad el Rey. Afortunadamente, las Fuerzas Armadas siguen respirando los principios militares que siempre han constituido la columna vertebral de sus hombres; disciplina, subordinación y honor son sus principios inalterables, que recibirá quien se forme en la enseñanza militar. Igual que el Rey completó su formación marinera en un barco de guerra de la Armada, el Príncipe de Asturias hará lo mismo, porque el buque- escueía Juan Sebastián Elcano sirve para ser marino, pero no para ser marinero de guerra. El viaje de Su Majestad el Rey en el Juan Sebastián Elcano fue, como todos, un crucero lleno de anécdotas. El entonces comandante del buque- escuela, y actual almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, José Ramón González, recuerda algunos episodios curiosos de la vida de Don Juan Carlos como guardia marina. Durante los meses de su estancia a bordo, el Rey vivió toda una serie de experiencias. Don Juan Carlos disfrutaba especialmente con las prácticas de marinería. En cambio, con ia navegación en libro no tanto. Le gustaba ser marino, realizar todo tipo de ejercicios, maniobras, hacer los partes meteorológicos y, particularmente, subir a las vergas. Tanto es así, dice José Ramón González, que algunas veces había que llamarle la atención. También disfrutaba con las llegadas a Anécdotas de una travesía puerto, donde a veces trataba de evitar las recepciones oficiales para poder salir con sus compañeros. Yo le obligaba de modo que siempre atendiera al protocolo. Como ejemplo de disciplina, en su despedida det buque, en Estados Unidos, recuerda el comandante que Don Juan Carlos le dijo que se iba debiéndole alguna que otra cofa de alba y observaciones astronómicas (a tos guardias marinas se les hace subir a la cofa o a observar fuera de tas horas normales como correctivo de alguna falta leve) Como anécdota del viaje, cabe resaltar el fuerte temporal que sorprendió al Juan Sebastian Elcano a la salida de Canarias, en dirección a Santo Domingo. Tuvimos que bajar en latitud para coger los vientos alisios; sin embargo, cogimos el viento de proa y nos cosió mucho llegar hasta el Caribe.