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GENTE Garla, en Acapulco N un tris estuvo de convertirse en la reina de la posmodernidad. Entonces, cuando estilaba tachuelas, correajes, cueros y poses agresivas en un intento fallido de desgajarse de su hermana Norma. Tanteó con esa voz que, según dicen, encierra resortes líricos, la música tecno funky o sencillamente pop Pero el tam- tam de la sangre ha vuelto a reclamarla y hete aquí, desde hace un año, instituida sacerdotisa del desmadre tropical. Hace un año ya que Carla se cimbrea al otro lado del mar, de nuevo las perlas de pega y las plumas imposibles. La Habana sirvió de catapulta para el espectáculo Tropicana con el que Carla Duval ha aterrizado, como su estrella central, en la sala de fiestas Paiao, en Acapulco. Otra vez la historia se repite. Los de fuera, como ocurriera con su hermana Norma en el Folies Bergére, nos descubren, secuestran, pulen y consagran a nuestras vedettes La historia se repite, pues, aunque con ligeras variantes. La primogenitura se destapó en París, en el sancta santorum de las plumas y el champaña. Carla, para seguir tal vez la estela heroica de aquellos segundones que ampliaron España, se ha decidido a atravesar el charco. Allí, en las riberas del Pacífico, en el centro de una bahía tan hermosa que parece soñada, protagoniza un sueño de ron y de guayaba. Cuando la realidad- e l Tropicana auténtico, faro y sagrario un día de las noches ardientes de La Habana- se ha convertido en realismo (en realismo socialista, claro) la magia de la belleza y el temblor, de la sensualidad y de la carne, festeja su epifanía en otra parte. El sueño, como la vida, continúa, mientras la pesadilla se bate en retirada. Es la victoria (borgiana, o casi) de una nueva versión, aparatosamente épica, del mito de Carlamagna. E S. G. LUNES 5- 1- 87 A B C 83