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14 ABC OPINIÓN LÜNES 5- Í- 87 Panorama Contraventana CARTA A LOS MAGOS L llegar a casa encontré a mi sobrinilla- tan corta de años como larga de ingenio- escribiendo tan afanosamente que no se dio cuenta dé mi entrada en la habitación. Me aproximé silenciosamente y pude leer el encabezamiento de su escrito: Decía así: Queridos Reyes Magos. ¡Caramba! -exclamé con regocijo- Te he cogido en un buen momento. ¿Puedes decirme lo que le pides a Sus Majestades los Reyes de Oriente? Mi sobrina me miró con gesto despectivo y se limitó atenderme su carta, mientras me decía: -T e equivocas, tío ¿Gomo que me equivoco? -l e repliqué- Basta leer el encabezamiento. -Digo que te equivocas si piensas que escribo a los Magos pidiéndoles regalos como suelen hacer todos los crios ¿Quieres decirme, acaso, que tú no les pides nada? Entonces, ¿para qué les escribes? -Pues, sencillamente, para mandarles a paseo... Pero mejor será que leas mi carta si quieres enterarte bien de lo que les digo. Seguía tendiéndome su carta con tal insistencia que no tuve más remedio que tomarla. Y no sin sorpresa pude leer: Queridos Reyes Magos: Os escribo esta carta sencillamente para deciros que mi único deseo es que os vayáis a paseo. Y conste que siento hablaros así porque la verdad es que a mí me caéis muy bien. Os quiero mucho, ¡palabra! Pero no me queda más remedio que hacerlo, aunque, desde luego, no es por vosotros, sino por mi familia. ¡Sí, sí, de verdad! Es mi familia la que tiene la culpa de todo. Podéis imaginarlo fácilmente, supongo, si os digo que desde que comenzó el mes de diciembre no hago más que escucharlos a todos metiéndose conmigo- y con vosotros indirectamente- cada vez que se me ocurre hacer algo que no les gusta: -Niña, si vuelves a hacer eso se lo diremos a los Reyes Magos para que este año no te traigan ningún juguete. Pero lo malo no es ahora, porque, al fin y al cabo, hasta que vengáis Vuestras Majestades, tanto mis hermanos como yo procuramos portamos lo mejor que podemos y las cosas no suelen pasar a mayores. Lo peor empieza luego. Es decir, después de que vengáis vosotros y nos dejéis vuestros regalos y os volváis a vuestros castillos o donde viváis el resto del año. Porque entonces, que ya tenemos vuestros juguetes y nos hemos encariñado con ellos, nuestra familia sigue con el mismo sermón a cualquier cosa que hagamos que no sea de su agrado: -Niña: ¿a que llamamos a los Reyes para que se lleven los juguetes que te trajeron y no los vuelves a ver... Y alguna vez me lo han hecho. De modo que vuelvo a pediros perdón si creéis que soy una impertinente, pero insisto: Creo que lo mejor es que os vayáis de paseo y que este año no me traigáis nada de juguetes ni de regalos... -Hasta ahí he llegado. ¿No crees que tengo razón, tío? La verdad es que no supe qué contestarle... Herminio PÉREZ FERNANDEZ POR CULPA DE LA VOLUNTAD POLÍTICA A C UANDO los encargados de velar por la ciudad no saben cómo explicar sus intenciones acuden a la voluntad política Antes han desplegado verdaderos esfuerzos en la organización de sus aficiones por la vía directa, por la trastienda, por la recomendación militante o por cualquier otro método de más o menos disimulo. Si la oposición tuviera asiento en la mesa de las decisiones no se darían las sorpresas que se dan. Pero aquello también se debió a la voluntad política y siempre que una chapuza aflora y puede desembocar en escándalo se echa mano del mismo argumento. Nunca terminan de ser descubiertos del todo. Pasan por encima de la legalidad, siempre con cargo a la economía de todos. Echan tierra a los asuntos que no interesa explicar. Aun no sabemos cuánto dinero nos costó la voluntad política de poner a Alonso Puerta en mitad de la calle... Hubo depagarse con carácter retroactivo, y a otra cosa. La voluntad política tuvo la culpa de las cuentas poco claras, dei cambio de destino de algunos presupuestos y de la absurda utilización del foro municipal. Con la voluntad política por montera nos hemos tragado la incompetencia y cientos de no justificaciones. La semana pasada volvió al salón de sesiones de la Casa de la Villa la sombra del borrón y cuenta nueva, de lo hacemos porque nos da la gana, de aquí mandamos nosotros y del vamos a insistir porque no tenemos que dar explicaciones a nadie... Cuando el Ayuntamiento se olvida de sus obligaciones y se mete donde no lo llaman debiera so- nar un timbre de alarma. El juego sucio en los estadios de fútbol se castiga con tarjeta amarilla. Dos tarjetas amarillas suponen una tarjeta roja, lo que determina sin mayores discusiones el desfile del infractor a los vestuarios. Ya se sabe que algunos arbitros hacen como que no ven ciertas acciones merecedoras de tarjetas amarillas, o las perdonan aunque las haya visto todo el mundo... Esas son excepciones y tolerancias, que nunca llegan a ser permanentes. Los excesos y los abusos terminan por encontrarse con su merecido. En la última reunión plenaria del año, ios concejales que representan al pueblo de Madrid han gastado tiempo y paciencia en la discusión de la práctica de abortos en todas las clínicas municipales. Es asombroso comprobar cómo se aplican estos delirantes partidarios de la voluntad política al negocio que no es de su incumbencia, en tanto desatienden obligaciones mayores y aun primarias de las que tienen que responder ante el electorado, no el suyo, sino todo el electorado de Madrid... AVer sí aprenden alguna vez. Hace frío. En las calles de la ciudad he visto demasiados niños tristes. Están siendo utilizados por la mendicidad profesional. Andan como dormidos en media manta rota. Cuando se despierten, tal vez no se van a encontrar con ese juguete que todo niño- sólo porque lo merece su mirada- -se tiene ganado en el primer escalón de enero y ante cualquier disparate que se le ocurra a la voluntad política Luis PRADOS DE LA PLAZA Mirador TRISTE UTILIDAD DE LA GUERRA S E acaban de cumplir ¡seis años! del comienzo de la interminable guerra entre Irak e Irán. Trece millones de iraquíes- d u ros soldados donde los haya- se las tienen tiesas a cuarenta millones de iraníes. ¿Causas aparentes del conflicto? Todas. Más de tres mil trescientos kilómetros de conflictiva y artificial frontera. Unos- iraquíes- árabes y mayoritariamente pertenecientes a la secta islámica sumnita. Los otros- iraníes- persas, también en su mayoría islámicos, pero fervorosos seguidores de la secta chiíta. Gobernado Irán por el fanatismo ultraconservador de un clero medievalista, mientras sus adversarios se agrupan alrededor del socialismo. Razones bastantes, como salta a la vista, para la rivalidad, pero... ¿suficientes para justificar la permanencia de una guerra que ha costado ya un millón de víctimas? Desde luego que no. La razón auténtica y última pasa por el hecho- afortunado a la vez que desgraciado- -de que ambos contendientes sean dos de los mayores productores de petróleo de Oriente Medio y, consecuentemente, por las también inacabables y estériles reuniones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Ginebra. Tratándose de dos países no industrializados y silmultá- neamente receptores de buenas y cuantiosas divisas, los dos constituyen objetivo comercial magnífico para fabricantes, vendedores y traficantes de armas. Y la fijación y mantenimiento de unos precios rentables para las naciones productoras- exportadoras pobres (subs i d i a r i a m e n t e onerosos para todo el Occidente industrializado, deficitario en alto grado del preciado e insustituible oro negro pasa de forma inevitable por el acuerdo unánime de los países integrantes de la OPEP para reducir la producción global dé petróleo, reconvirtiendo lo que fue en los peores años de la crisis energética mundial un mercado dictatorial de vendedores en el actual e impositivo mercado de compradores Pero tanto Teherán como Bagdad se niegan al cartel de reducción ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque necesitan el dinero de sus ventas de crudo para sostener su absurda guerra. Y todos tan contentos, para qué vamos a engañarnos. ¿Un millón de víctimas? ¡Bueno, y que más da si ya nos han bajado dos veces el precio de la gasolina en poco tiempo! Y es que, desgraciadamente, no es verdad aquello de cañones o mantequilla Manuel MONZÓN