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L- Apocalipsis del apdslol S a n J u a n e s sin dudd. el libro má. TÍITO y más apiMíinanlc de la Biblia y el íiNucvo T e s t a m e n t o -Apocalipsis- es igual a- Tcvelación y en este caso rcvi- lad o n de IB segunda venida de Ciisto a 1 tierra. Es d último de lo? libríH bíblicos y su contC nido es todo él un juego de simpólos y profecías encubiertas. Parece ser que San Jujn lo escribió para las siete Iglesias de Asia... -Yo, Juan- s e lee al comienzo del mismo- hermano vuestro y copartícipe en la tribulación v el reino y la paciencia en Jesús, estaba en la isla llamada Palmos, a causa dé la palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Me halle en espíritu en el día del Señor, y oi detrás de mí ur a voz fuerte como de trompeta que decia: Lo que vas a ver escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Efeso, a Smima, a Pérgamo, a Tiatira. a Sardes, a Filadeiíia y a Laodicea. Me volví para ver la v o que hablaba conmigo, y vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio d e los c a n d e l a b r o s alguierj como Hijo de hombre, vestido de ropaje talar y ceñido el pecho con un ceñidor de oro. Su cabeía y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; sus ojos eomo llama de fuego; sus pies semejantes a bror ce bruñido al rojo vivo eomo en una fragua; y su voz como voz de muchas aguas. Tenía en su mano derecha siete estrellan; y de ÍU boca salía una espada acuda de dos filos; y su aspecto era como el 1 cuando bnlla en toda su fucRa... E LOS CIM 1 A MS W: I SnS? jl LOS CABALLOS DEL APOCALIPSIS Después el- íApocaÜpsis entra en la descripción de las siete cartas, los siete sellos, las siete trompetas, la lucha con el Diablo y el Antlcristo y las siete últimas plagas y lai sjctc copas... (Sobre fEl último sello- realizó una eran película Ingmar Pero el apartado que más interesa a esta serie es aquel que lleva por titulo- Los cuatro cabal los- y que dice así; lluaUactón: IWaniwl Pradoa de U Plaza Ven Y salió otro caballo color (k fucüo. y al que lo montaba le fue dado quitar de la tie- Y vi c u a n d o el C o r d e r o rra la paz. y hacer que se mataabrió el primero de los siete se- sen unos a otros; y se le dio llos, y oí que uno de los cuatro una gran e s p a d a Y c u a n d o vivientes decía, como con voz abrió el tercer sello, oí al tercedu trueno; Ven Y miré, y he ro de los vivTent qu d r d a aquí un eaballu bUnco, y el que- Ven Y miré, v he aquí un lo montaba tenía un arco, y se caballo negra, y el que lo monte dio una corona; y salió ven- taba tenia en su mano una baciendo y para vencer, Y cuando lanza, Y oi como una voz en abrió el segundo sello, oÍ al se- medio de los cuatro vivientes gundo ser viviente que decía: que decía; A un peso el kilo fiO de trigo; a un peso, tres kilos de cebada; en cuanto al aceite y al vino no los toques. Y cuando abrió el cuarto sello oí la voz del cuailo viviente que deda: -Ver Y mirí. y he aquí un eaballo pálido, y el que lo montaba tcrjín por nombre Ua Muerte y el Hades seguía en pos de ú y se les dÍo potestad sobre la cuarta parte de la íierra para matar a espada y con hambre y con peste y por medio de las bestias de la tierra. Sobre estos cuatro caballos y actualizando la visión apocalíptica de San Juan escribió en I9I4- I915 nuestro universal Vicente Blasco Ibáñez su famosa novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis -i- Marchandu por las avenidas afluentes al Arco del Triunfo- -escribiría años d e s p u é s el a u i o r- q u e en aquellos dfas parecían de una ciudad muerta y contrastaban, por su fúnebre soledad, con los esplendores y riquezas de los tiempos pacíficos, tuve la visión de los cuatro jinetes, azotes de la Historia, que iban a trastornar por muchos años el riimo de nuestra existencia. Casi al final de la primera parle de la novela. Blasco Ibáñez se refiere al ensueño de Juan, y escribe: Cuatro aniñales enormes cubiertos de ojos y con seis alas paredan guardar el trono mayor. Sonaban las trompetas, saludando la rotura del primer sello. jMiraT gritaba al poeta visionario con voz estentórea uno de los animales. Y aparecía el primer jinete sobre un caballo blanco. En la mano llevaba un arco y en la cabeza una cororia: era la Conquista, según unos; la Peste, según otros. ¡Surgeí y del sello roto saltaba un caballo rojizo: era la Gucna. Su jinete movía sobre la cabeza una enorme espada. ¡Aparece! y Juan veía un cabidlo negro. El que lo montaba t e n i a u n a b a l a n z a en la mano para pesar el sustento de los hombres: era el Hambre. ¡Salta! y aparecía un caballo pálido. El que lo montaba se llama la Muerte, Los cuatro jinetes y sus cuatro caballos emprendían una carrera loca aplastante, sobre las cabezas de la Humanidad aterrada. Son los cuatro jinetes y los cuatro caballos del Apocalipsis, los cuatro símbolos más terribles de la mitología cris liana Aunque en el mismo Apocalipws de San Juan hay otro famoso pasaje en el que aparece el caballo, otro caballo: -Y vi el délo abierto, y de aquí un caballo blanco, y el que montaba es el que se llama Fiel y Veraz, que UZga V pelea con justicia. Tpdo lo cúaf demuestra que en la mente de San Juan casi convivían los tres prniaj onisias de la vida y de la Historia: D 0 s el hombre y el caballo. Julio MERINO Próximo capítulo: El caballo di- San Pablo