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44 ABC CIENCIA En la muerte de un español universal DOMINGO 4- 1- 87 Ramón Castroviejo: Un modelo de modestia y un gran compañero de sus colegas Testimonio del doctor Fuster, uno de sus discípulos directos Madrid. Rafael Muñoz Lorente Fue uno de los cien oftalmólogos que gozaron de una de las becas que el doctor Ramón Castroviejo instituyó para que fuesen concedidas a médicos de esa especialidad. El doctor Napoleón Fuster, mallorquín de nacimiento, pero radicado en Madrid desde hace muchos años, puede ser considerado como uno de los discípulos y colaboradores predilectos del médico fallecido. Durante años trabajó utilizando las técnicas modernas que implantó Castroviejo. Yo le conocía mucho de oídas, pero no tuve oportunidad de tratar con él hasta 1953. Supe que había venido a España, pero yo entonces vivía en Baleares y no pude desplazarme. Le escribí una carta a Nueva York y, á vuelta de correo, me contestó comentándome que volvería pronto a nuestro país para ir a Ja Feria de Sevilla. Con ese motivó, el doctor Fuster vino a Madrid y en el hotel donde se alojaba siempre Oastroviejo tuvo su primer contacto personal con el célebre oftalmólogo. Aprovechó entonces para dar una serie de conferencias en el Instituto Oftálmico; yo fui como alumno y allí me indicó que podía solicitar una de las becas que había instituido. Esa beca le llegó al doctor Fuster a la tercera vez de solicitarla. No hay que olvidar que muchos de los médicos ya ejercientes las solicitaban para ampliar sus conocimientos. A mí me fue concedida a través del British Spanish Institute. Y hasta Nueva York se fue Napoleón Fuster, en 1957, como becario de Castroviejo. Allí estuve tres meses junto a él. Le veíamos operar y nosotros siempre aprendiendo hasta que ríos dejaba colaborar con él en alguna de sus intervenciones. El primer día que llegó a la clínica, en la ciudad neoyorquina, Castroviejo reunió a todos sus becarios de aquel tiempo y les mostró una vitrina que tenía en el antequirófano y les enseñó un instrumental quirúrgico. Nos dijo: Este instrumental ha sido diseñado por mí, pero ya está en desuso Posteriormente nos llevó a otra vitrina cercana y nos enseñó un nuevo material, también diseñado por él. Este es más moderno- afirmó- es el fruto de muchos años de trabajo Ramón Castroviejo era un excelente dibujante. El diseñaba sus elementos de trabajo, que posteriormente entregaba a una empresa especializada donde le hacían los prototipos. Cuando por primera vez fue lanzado un spuknik al espacio, él llegó a la consulta y nos dijo: Aquí traigo yo mi spuknik particular Se trataba de una de las primeras máquinas de afeitar eléctricas. Como se sabe, aquéllas tenían una cierta vibración, y añadiéndole una cuchilla, de afeitar logró hacer un queratotorrío con el cual facilitaba su trabajo en los trasplantes de córnea lamelares. Demostraba, una vez más, su gran ingenio y su estusiasmo por ir dotando de nuevo instrumental a la cirugía óptica. Gastroviejo era un hombre poco hablador durante su trabajo. Como buen cirujano, él mismo se iba sirviendo de los instrumentos Napoleón Fuster necesarios para sus operaciones. No quería pedírselo á nadie. Castroviejo, según algunos de sus colegas, estaba considerado como un excelente cirujano del polo anterior de nuestros ojos. No estoy de acuerdo con ese concepto que de él se tenía. Tanto el polo anterior como el posterior no tenían secretos para Castroviejo. Fuster opina que el gran médico riojano era un hombre eminentemente práctico, pero con una gran sabiduría Tenía una máxima que cumplía y hacía cumplir a rajatabla: cada cosa tiene un sitio y siempre hay un sitio para cada cosa. Así era de ordenado en su trabajo. Opinaba también Castroviejo que había que estudiar perfectamente el ojo antes de acometer una operación: Era tremendamente meticuloso. Todo lo que hacía lo tenía perfectamente planeado cuando llegaba al quirófano. El médico había creado en Estados Unidos la Semana de la Córnea, a la que asistían oftalmólogos de todo el mundo para aprender sus nuevas téc- En una tarde le vi realizar catorce trasplantes de córnea nicas. En una sola tarde yo lé vi hacer catorce trasplantes de córnea. Era un hombre incansable. Eran tantos los médicos que asistían a esta Semana que, al no poder estar presentes en el quirófano donde él realizaba las operaciones, se instalaron ios primeros circuitos cerrados de televisión para que todos pudiesen seguir los trasplantes que realizaba. Estamos hablando de! año 1957. Eran cursos prácticos, pero él era el único que realizaba estas operaciones con seres humanos. A los alumnos les daba opción para hacer las mismas intervenciones, pero con animales muertos. Preferentemente gatos. Á Castroviejo no le gustaba nunca hablar de sí mismo. Tenía una gran modestia y respeto por todos sus colegas. Tampoco aceptaba que le llamásemos maestro; entre nosotros siempre nos tratábamos como doctores. Era un hombre muy familiar y por su madre, fallecida no hace muchos años, tenía una gran admiración y un grandioso cariño filial. Era un hombre bueno en la mayor extensión de la palabra. Y tenía una gran estima por todos aquellos que habían sido sus discípulos. Todos los años íbamos a Chicago para perfeccionar nuestras técnicas y acudíamos al hospital de Saint Clare, donde Castroviejo operaba. Una de las operaciones en las cuales 1 el doctor Fuster actuó como ayudante del célebre oftalmólogo fue en la del pintor Joan Miró. Miró estaba en Mallorca y no podía desplazarse a Madrid para que Castroviejo lo viese. Por eso el doctor, mi anestesista y yo nos desplazamos hasta la isla y allí, tras varias observaciones, se llevó a cabo la operación. Castroviejo, en una sola sesión, le operó de las cataratas que Miró tenía en los dos ojos. Al día siguiente de la operación le hizo levantarse de la cama y antes de volvernos para Madrid Miró ya podía volver a pintar y así lo hacía sobre unas cuartillas. Como el doctor era un hombre modesto, no quiso que a esta operación se le diera ningún bombo ni platillo. Napoleón Fuster está triste como ese hijo desvalido por la muerte de un padre. Como alumno y colaborador suyo en múltiples ocasiones quiero expresar públicamente, a la vez que el mío, el dolor de tantos colegas que aprendimos de él y el de tantos pacientes que se beneficiaron de su prodigiosa técnica y humanidad. HOY DOMINGO ABIERTO Aproveche este día de fiesta para hacer sus compras. ¡CENTRO COMERCIAL HIPERMERCADO N 1 Madrid Burgos, Km. 9