Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC, pág. 14- CARTAS AL DIRECTOR En este número Opinión Figura del día... Nacional Internacional... Madrid Tiempo Agenda Religión Ciencia Cultura Derecho Sociedad 15 19 19 29 35 40 41 42 43 45 47 50 ABC reportaje 52 Economía. 55 ABC Portfolio... 59 Agricultura 61 Sucesos 64 Deportes 67 Toros 74 Espectáculos... 75 Esquelas. 84 Pasatiempos 96 ABC del empleo 97 Televisión 102 -DOMINGO 4- 1- 87 dido a lo largo de nuestra historia, que conduce a pensar que las posiciones españolas, en cualquier nivel y bajo cualquier Gobierno, traducen una inferioridad congénita del español frente a otros más hábiles o más integrados nacionalmente. En diversas ocasiones, en el Parlamento y fuera de él, he asumido en el tema de Gibraltar lo esencial de la acción de ministros anteriores en los años sesenta y setenta. Y ello porque se trata de un tema de Estado y porque, en general, la acción respectiva corresponde a los niveles y circunstancias en que se llevó a cabo en cada periodo. Pero, señor director, es necesario decir que la de los años sesenta no obligó al Reino Unido a negociar y, en cambio, alienó a la población. También es justo y positivo nacionalmente reconocer que de Lisboa a Bruselas y a Ginebra se ha avanzado. Avances posiblemente lentos, pero necesarios. Por último, su editorial parece indicar de pasada que dentro de la Alianza Atlántica y de la CEE se ha enervado o ha disminuido nuestra capacidad de presión. Sorprende esta afirmación. Ese diario, y la corriente de opinión que representa, han mantenido que la entrada en la OTAN era el camino inevitable para mejorar la base de nuestro empeño en torno al Peñón. Por mi parte, siempre he dicho que el tema de Gibraltar y el de la Alianza eran distintos. Pero de ahí a decir que dentro de la Alianza nuestra posición es inerme para perseguir nuestro interés nacional hay un salto conceptual gigantesco, que trasluce una curiosa concepción de nuestra situación internacional. En cuanto a la CEE, la diplomacia española puso exquisito cuidado en que nuestra reivindicación no se menoscabara con la entrada en una comunidad en que el Reino Unido ejerce la competencia para los asuntos exteriores de Gibraltar. Pero, dentro de la CEE, cabe mantener, reforzada, la posición española. La fortaleza de ésta depende directamente de la acción de su diplomacia y, por lo tanto, del Gobierno. Nos encontramos, por primera vez desde los años sesenta, con la admisión explícita y pública del Gobierno británico de tratar el tema de la soberanía, si bien la atención a la población sea para él un deber que incluso deriya del preámbulo de la Constitución. Los intereses de esa población quedan, en mi opinión, excelentemente preservados en lo que son propuestas españolas. Nos hallamos ante una mejona notable en el clima humano imperante en la Roca y en el Campo. Topamos también con eventuales tácticas dilatorias británicas, con los temores gibraltareños, que hay que superar, con el mismo juego político interno en el Peñón. No son pocos tos obstáculos, pues. Pero la esencia de la política exterior- -se lo oía decir ia otra noche en televisión al doctor Kissinger- es la acumulación y consolidación de avances. Lo que exige, ciertamente, la continuidad en el propósito y la aceptación y mejora de lo que se hereda. Hay una base real más prometedora que cualquiera de ¡as anteriores. Cejar en el esfuerzo porque los avances no pueden ser espectaculares, o desanimarse encontrando que no todo está previamente solucionado es actitud lábil y acomodaticia. Pero el impulso que todo Gobierno ha desarrollado necesita del apoyo ilustrado y crítico de la opinión nacional y de sus órganos de expresión, entre los cuales ABC representa lo que su trayectoria y posiciones han hecho de él. -Fernando Moran, embajador de España en la ONU. Nueva York. Gibraltar y las negociaciones Señor director: Me refiero a su editorial Sin negociación en Gibraltar (30 de diciembre de 1986) motivado quizás, en parte, por la comprensible frustración que a todo españoi bien nacido te causa ia persistencia de un anacronismo hiriente como es esa colonia británica. Pero no comparto, con todo respeto sea dicho, el fatalismo y desesperanza del tono con que está escrito, ni muchísimo menos la extremosa implicación de que los negociadores españoles se están burlando de sus compatriotas. Nada de eso. Pienso, por el contrario, que nuestra reivin dicación ha sido llevada en los últimos veinticinco años con tesón por ¡os responsables de nuestra política exterior, aprovechando codiciosamente en cada momento las circunstancias favorables que pudiera ofrecer la inexorable realidad. Creo, igualmente, que el tema está planteado de la mejor forma posible, y el éxito sólo requiere continuidad y firmeza. Opino, asimismo, que a nuestra sociedad entera- -no sólo al Gobierno- le corresponde dotarse de los elementos personales, económicos y culturales que se requieren con urgencia para respaldar, de forma real, la acción diplomática. mente poco considerados, obligó a la diplomacia española desde noviembre de 1982 a colocar las cosas en su sitio, empezando por buscar, en base a Lisboa, el saneamiento de la situación. Continuando en la persecución de un objetivo que, repito, ha sido y debe ser común a todos por encima de legítimas posiciones partidistas, en Bruselas (1984) el establecimiento del libre tránsito se une directamente al establecimiento de un proceso negociador sobre todas las diferencias, con mención expresa a la soberanía, fijándose el método para llevarlo a cabo, a saber: grupos de trabajo: superSu editorial saca otra vez a colación el im- visados periódicamente por los ministros de perecedero tópico de mi supuesta ingenui- Asuntos Exteriores. dad El vocablo me resulta familiar tras haSu editorial silencia la continuación y conberlo leído con monótoma regularidad durante mi gestión ministerial, lo que no me impidió creción del acuerdo de Bruselas: la reunión coronar, entre otras, las negociaciones de in- de Ginebra (5 de febrero de 1985) donde se greso en la Comunidad Europea y ser cof ir- entró una vez más, pero ya en un clima de conversaciones formales, en un diálogo sobre mame del acuerdo en junio de 1985. todos los temas y, en especial, la soberanía. Un punto de su editorial quisiera impugnar En aquella ocasión, como es sabido, la parte claramente: la afirmación de que el acuerdo española presentó unas propuestas para obde Bruselas (noviembre de 1984) es infinita- tener la retrocesión a España de la soberanía mente peor que el de Lisboa (abril, 1 980) plena de Gibraltar en un plazo determinado. porque en éste se hablaba de los intereses Dichas propuestas fueron recibidas y estudiade los gibraltareños, y en aquél, de los de- das y, en lo que alcanza mi conocimiento, seos No hay tal cosa. En el comunicado de continúan sobre la mesa. Bruselas era el Gobierno británico quien, por Es cierto que la solución del tema es ardua su parte, formulaba tal reserva, según práctica habitual en técnica diplomática. Como lo y cabe, sin permitirnos el caer en procesos hice yo mismo, en junio de 1985, por lo que de intenciones, suponer que la otra parte, el respecta a nuestra reivindicación de Gibraltar, Reino Unido, puede usar y es probable que antes de firmar el ya citado documento de ac- recurra a tácticas dilatorias. Para romperlas cesión a la CEE. ¿Puede alguien en su sano es necesaria una acción alerta y vigorosa de juicio pensar que el ministro de Asuntos Exte- parte española. No me cabe duda de que así riores iba a condicionar nuestra inalienable está ocurriendo. También es positiva la alerta reivindicación a los deseos de los gibralta- crítica de la opinión y, en este sentido, aunreños, por mucho respeto que estos ciudada- que no puedo por menos de disentir de los conceptos y torio de su editorial, a ABC, nos me merezcan? como a otros medios, le corresponde un imLa declaración de Lisboa, que significó un portante pape! avance importante respecto a la política antePero tengo para mí que es poco constructirior, incurría en ciertas imprecisiones en las vo caer en un pesimismo histórico por razoque se asentaron, una vez más, las tácticas nes partidistas, o por el tropismo muy extendilatorias de la otra parte. En efecto, en ella ambos Gobiernos acordaron el restableció miento de comunicaciones en. la región (punto 3) y también en el mismo apartado, pero en párrafo aparte, que la futura cooperación estuviese basada en ia reciprocidad e igualdad de derechos. Redacción que fue interpretada por la. parte británica como una obligaBoutique ción inmediata para España y como una promesa de futuro en lo que a su abligación correspondía. Ofrece interesantes Tanto es así que ef avance de Lisboa (abril, 1980) no pudo ser ni consolidado ni descuentos por fin ampliado en el espacio que va desde su firma hasta el comienzo del conflicto de las de temporada Malvinas (abril, 1982) el cual, ciertamente, hizo más difícil todo progreso. La interpretaPlaza del Rey, 58 ción británica del texto de Lisboa, y la lectura Teléfono 4 Í 6 8150 que como aquiescentes otorgó el Gobierno de Londres a ciertos actos españoles, cierta- Ádek Ámaiz iliilft MUirn