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3 enero- 1987 ABC ABC XV Pensamiento y Ciencias Sociales a: unidad y diversidad Fernand Braudel, L identié de la France. Espace et Histoire. Arthaud- Flarrímarion (París, 1986) 98 francos franceses. 369 páginas OS coleccionistas de peculiaridades y diferencias y los creyentes en el alma cainita de España deberían hojear este texto postumo de Fernand Braudel- magníficamente escrito, por otra parte- lleno de sugerencias, prodigiosamente cultivado. Ahora resulta que no es España e) único país de los particularismos. Si hemos de atender a una de las tesis centrales del historiador francés, la formación de la Identidad de Francia es una historia de tensiones entre la diversidad y la unidad. Y hay más: a excepción de la guerra del 14, los demás conflictos tuvieron en Francia caracteres de contienda civil. Braudel sigue una vieja tradición francesa, que él mismo ha cultivado con maestría, y acierta combinar de manera atractiva, casi con hechizo, elementos de amplio desarrollo en un todo coherente- y a que no siempre convincente- Geografía y comunicaciones el exágono que es Francia, ¿ha hecho la geografía a Francia? se pregunta nuestro autor) economía y mercado, cultura y lengua (la lengua administrativa, la lengua del poder aparecen sabia y elegantemente manejados buscando describir los orígenes y la formación de Francia. El resultado tiene mucho de fascinante, de buena literatura. Pero como el mismo Braudel reconoce, una nación no es un personaje simple la poesía es sugerente, pero alusiva e indemostrable. Braudel hace gala, una vez más, de su vasta cultura, su enorme sabiduría. La precisión y al exactitud, empero, no estaban- n i están en este libro- entre sus mayores virtudes. La izquierda y la inflación Pensamiento Iberoamericano, número 9, enero- junio 1986 L L A década de 1980 ha visto surgir en numerosos países iberoamericanos una significativa preocupación estabilizaclora. La inflación, tradicionalmente considerada una inquietud de conservadores, pasó a ocupar el centro de la atención de gobiernos cuya adscripción ideológica es muy diferente. De esta novedosa situación da cuenta el último número de la revista Pensamiento Iberoamericano. No son ahora las oprobiosas dictaduras militares, ni la derecha ni el FMI quienes luchan En cuanto a las herramientas de la política, y aunque no identifique con exclusividad a las administraciones no conservadoras, ha de notarse que la actitud hacia el déficit público es de contenerlo, más que de disminuirlo, y las medidas no persiguen tanto la reducción de los gastos como el aumento de los impuestos. El estructuralismo, cuya contribución al conocimiento de las economías iberoamericanas ha sido de indisputable relevancia, sufre un lastre ideológico que le dificulta el ampliar sus miras teóricas. En el número de marras ello se revela en la superficialidad con que son tratadas las cuestiones monetarias y estatales. Resultan llamativos los mensajes contradictorios que son lanzados acerca del Estado. Por una parte hay que contener el déficit, privatizar empresas públicas, desburocratizar, etcétera, pero, por otra parte, no emerge la necesidad de un replanteamiento del Welfare State- que es la propuesta socialdemócrata de organización socioeconómic a- y muchos iberoamericanos sostienen que no habrá crecimiento económico sin inversión pública, precisamente lo que los planes de estabilización buscan controlar. Los trabajos coincidieron en su recelo hacia las posibilidades de la inversión privada; es una curiosa desconfianza, como si los empresarios fuesen meros entes maximizadores abstractos y no estuviesen sujetos a un marco institucional que depende en buena parte del Estado. El principal enfrentamiento ideológico en estos trabajos es el que se entabla entre la socialdemocracia y su izquierda. Así, el discurso de la primera estará jalonado por consignas en pro de la modernización y la flexibilización y los más radicales reavivarán el antiguo mensaje del cambio de estructuras y condenarán las privatizaciones y el excesivo celo estabilizador. Aquellos que aún niegan todo desacuerdo entre la familia socialista española harán bien en leer las páginas de J. V. Sevilla Segura y A. García de Blas. Mientras aquél critica el contexto fuertemente conservador de la política antiinflacionaria del PSOE y la tendencia a insistir en las reducciones salariales (con los sindicatos aportando casi todo y los empresarios muy poco) el segundo alaba las virtudes de la moderación salarial, que permitirá el eventual surgimiento de las inversiones, estimuladas por los menores costes. Que los países iberoamericanos han conseguido algún éxito con sus programas de estabilización está fuera de toda duda. Algunos contribuyentes a este número de Pensamiento Iberoamericano apuntaron también el problema de qué hacer después; pero no aparecen ideas nuevas, lo que es grave, porque hasta el monetarista más obcecado admitirá que a medio plazo el desarrollo iberoamericano sí requiere cambios estructurales. Con todo, es claro que la izquierda está replanteándose cuestiones sobre la inflación hasta hace muy poco tenidas como intocables. Y está bien. Ya era hora. Carlos RODRÍGUEZ BRAUN La búsqueda de los orígenes de la identidad nacional no es un tema nuevo, pero sí un tema de moda. Tocqueville y Taine rastreaban la gestación de Francia en el siglo XVIII y su parto en la Revolución Francesa. Eugene Weber lo conecta con fenómenos de urbanización y socialización política bten adentrados en el siglo XIX. Otros han querido ver en la educación masiva y en los liceos la escuela y la cuna de la Francia moderna. Sorprendentemente, entre el abanico de las majestuosas fuerzas que se barajan en este texto con pretensión más o menos explicativa, Braudel concluye con una teoría, no tan nueva si se piensa en Ropp y Michael Howard, pero sí inesperada: la de que fue la formación de un Ejército grande y fuerte (con sus necesidades de recaudación y concentración de recursos, su aparato administrativo y técnico, sus leves masivas y sus marchas a lo largo y ancho del país) una de las fuerzas unificadoras más potentes y decisivas. Cuando al final del primer tercio del siglo XVII el cardenal Richelieu meditaba su asalto al inmenso pero deslabazado imperio español calculando que la centralización y la unidad de recursos le daría la victoria, quizá sólo pensara en que los Borbones se impusieran a los Austrias, pero en realidad estaba construyendo Francia. José VÁRELA ORTEGA contra a inflación, sino gobiernos democráticos, muchos de los cuales próximos a la izquierda. En varios casos- e l argentino parece claro- la estrategia antiinflacionaria ha sido de shock, precisamente lo que el estructuralismo ha detestado siempre. ¿Qué hacer? Por lo pronto, rebautizar la política, y darle un pasaporte aceptable, y así es como los recientes choques estabilizadores son denominados heterodoxos La heterodoxia más notable, en realidad, estriba en el cambio de actitud de la propia izquierda, que ha dejado de repetir irreflexivamente viejas consignas y ha pasado a observar a la inflación como un problema en sí misma, independientemente de sus causas profundas. De hecho, ante una hiperinflación, la idea misma de estructura económica deviene irrisoria; se trata de detener a ese monstruo cuanto antes, y nada de vanas disputas sobre los costes sociales del ajuste, porque no hay coste social mayor que la misma inflación desbocada. Los trabajos reunidos en este número estudian una docena de experiencias concretas. Aunque existe, naturalmente, cierta diversidad en las políticas estabilizadores, la gran mayoría ha puesto el énfasis en el habitual bajón de la demanda, cuya recuperación deberá pasar fundamentalmente por el sector externo, ante la necesidad de generar excedentes para pagar la deuda; algunos países también han intentado mejorar la asignación de recursos introduciendo mayores cotas de flexibilidad. La heterodoxia, ausente.